
La astrología y la medicina encuentran una curiosa relación de amor-odio en un personaje histórico que durante su vida decidió pronosticar los males de la humanidad y apuntar en rojo aquellos días claves en el desarrollo de la misma. El origen de todas sus profecías está en el sur de Francia, en la universidad más antigua del mundo y en las paredes donde se formaron muchos de los mejores matemáticos de la historia. Nostradamus, ese curioso médico provenzal judío que sigue creando pánico varios siglos después de su muerte, escribió de manera críptica y casi apocalíptica aquello que interpretaba de sus aprendizajes. Probablemente, si en vez de desastres y negatividad, sus lecturas hubieran pronosticado éxitos y días de gloria, este sería uno de ellos para la ciudad que le concedió ese dudoso ‘don’: Montpellier, orgullosa de su nuevo y flamente campeón de Ligue 1.
Un club que vivió toda una serie de interminables fusiones con equipos de la zona, de la región y hasta de la propia ciudad, pues ser el más fuerte era el único método de subsistencia allá por inicios del siglo pasado. Tanto, que incluso llegó a unirse a un club de rugby para acumular aficionados a su causa. Tras ganarse críticas de la opinión pública con un nuevo traslado obligado de estadio y hasta tres fusiones más en los años 50-60, el club se estabilizó tal y como hoy lo conocemos gracias a la mano de Louis Nicollin (un personaje sin igual) en 1974. Con un mando serio y sobrio al frente de la presidencia, los ascensos se acumularon y en tiempo record el Montpellier reunió a jugadores emblema como Laurent Blanc, Jean-Claude Lemoult, Roger Milla o Eric Cantona, con el que ganaron la Copa en 1990. Desde entonces, asentados en el Stade de la Mosson, el proyecto logró consolidarse con varias participaciones europeas y pese a que cayó nuevamente a un pasito de la Tercera División, hace cuatro años regresó para hacer progresar un proyecto que ahora es la envidia y el impacto del año en Europa. Seguir leyendo…

























