
Crece en expectación, ha logrado repescar a muchas de sus mejores figuras y hasta compite económicamente con muchos de los clubes poderosos de Europa. El fútbol brasileño (que define estos días los campeonatos estaduales antes de que se inicie el Brasileirao 2013) vive momentos trascendentales por la situación financiera del país, el atractivo de recibir en los próximos años las competiciones deportivas de mayor atracción mundial (Mundial de Fútbol 2014 y Juegos Olímpicos 2016) y la creciente necesidad de regenerar la identidad de su fútbol, que en los últimos años ha visto debilitado su estatus de favorito en todos los torneos a nivel de selecciones. Y pese a su increíble capacidad para haberse recompuesto tantas y tantas veces, ha visto como el verdadero calibre y la valoración general de sus estrellas, adquiere una dimensión añadida cuando aparece en acción la competición estelar del continente, la inigualable Copa Libertadores.
Un entorno que habló, habla y hablará constantemente brasileño pues son aquellos que dominan el torneo con bastante notoriedad en los últimos tiempos. Los proyectos más poderosos en lo deportivo y en lo financiero, los que aportan las estrellas, los que generan atracciones externas y los que se reparten las alegrías o tristezas en las fases definitivas. Y pese a haber demostrado en los últimos años su crecimiento exponencial para formar parte de los más selectos del continente americano, la atracción sigue siendo Atlético Mineiro. No sólo por haber rozado el pasado año el Brasileirao, tampoco por tener entre sus filas al más mediático de los presentes (Ronaldinho) y tampoco por haber acertado plenamente en los refuerzos que han dado forma a su interesante futuro. Sobre todo, porque ese global mineiro ha logrado recuperar la verdadera esencia del fútbol alegre, dinámico, divertido y veloz que emanaban como raíz. Una identidad recuperada y que personifica como nadie la última de sus perlas: Bernard. Seguir leyendo…




























