
Llevaba años sin aparecer por allí, sin asomarse a ver a quienes le habían acompañado en la infancia, sin ver de cerca a sus abuelos y sin apreciar las sensaciones de una niñez que pasó fugazmente ante sus ojos. Sus recuerdos no afloraban a pesar de que, por lo que intentaban explicar, poco o nada había cambiado en aquél barrio humilde de Abidjan, la caótica capital de Costa de Marfil. Paseaba sin inmutarse hasta que topó con la casa donde había crecido, aún intacta con algunos familiares aglutinándose a su regreso, pero sobre todo, al ver el improvisado campo de fútbol que seguía sacudiendo polvo por el vecindario. Su singular look occidental, ese tinte dorado de su peculiar pelo, no pudo pasar desapercibido para nadie, pues incluso los más veteranos, aún recordaban aquella planta gigantesca que ahora estaba rodeado de niños en busca de una sonrisa. Aristide Bancé volvía a casa como héroe, pues todo el que logra su sueño futbolístico, es catalogado como tal el día que vuelva a plantar el pie en su tierra.
El día maravilloso tenía un colofón ideal, pues el potente y corpulento delantero, se citó con compañeros de su infancia y del fútbol local en un bar que regentaban aquellos años que su cabeza se esforzaba en recordar. Un par de cervezas, un par de bocatas y una noche de charla serena junto a su esposa (curiosamente la hermana del ex internacional marfileño, Aruna Dindane), debían finiquitar la jornada pero de repente, recordó por qué nunca más había regresado a su barrio. Las vacaciones no son fáciles para los futbolistas aquí, puesto que todos corren serio peligro de ataques, asaltos o agresiones, importando muy poco la vida y mucho unas simple monedas. Vitale, un joven experimento de artista de la zona, no soportó que la fama momentánea del jugador en el local, evitara que su voz y guitarra fueran protagonistas y, cabreado, llamó a un par de amigos para atacar a quien sabía que podría tener los bolsillos llenos. ¿El resultado? Diez puntos de sutura y una mordedura en el hombro derecho fue el parte médico final… del asaltante. Nunca nadie pudo con Bancé… Seguir leyendo…