Debido al turbio momento que se vive en torno a Corea del Norte, queremos recordar el momento más dulce e histórico de su fútbol. Para ello, ‘rescatamos’ un post que tiene cinco años de antiguedad pero que explica perfectamente lo acontecido en un día mítico para un país misterioso.
El aislamiento político al que se enfrentó Corea del Norte tras la Segunda Guerra Mundial, sigue teniendo hoy en día repercusiones que serán decisivas para la paz del futuro. La presencia del eterno y polémico presidente, Kim Il-Sung, dejó a la mitad septentrional de Corea sumida en un caos donde los comunistas lograron un apoyo masivo en relación a la gran masa, que aún en estos días sigue dependiente de la pureza ideológica de su rígido sistema militar. En ese complicado entorno, totalmente estancados del mundo exterior y expuesto a un llamativo culto a la personalidad del ahora presidente, Kim Jong-Il, el fútbol ha sido en contadas ocasiones la única escapatoria para abandonar esa hostilidad internacional. Para un país con tal arraigo nacional (tanto que aún hoy mantiene pugnas con sus ‘vecinos’ del Sur por algo tan patrio como el himno) y al que muchos ven como ejemplo a evitar por su supuesta dictadura estalinista, el deporte se ve como una manera perfecta de mostrar el potencial de la nación y su capacidad para crear grandes atletas.
Es cierto que el crecimiento del fútbol más allá de Europa es aún débil y Asia es el continente que menos ha avanzado (muy por debajo ya de África, con la que siempre se intento comparar). Corea del Norte, además, ocupa un lugar irrisorio en el panorama actual, algo que ha empezado a cambiar en los últimos meses y que tras una serie de tres empates consecutivos sin goles, le ha devuelto a una fase mundialista ya que logró clasificarse este miércoles para Sudáfrica 2010. Sin embargo, no siempre fue así, porque nadie les podrá quitar el honor de haber logrado, por vez primera para una selección asiática, derrotar a una europea en un Mundial. Seguir leyendo…



























