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Tim Krul personifica un cambio histórico que acabó con el maleficio holandés en las tandas de penaltis

Por José Hernández (@rainerbonhof)

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03La noche de Krul

Brasil 2014 fue uno de los campeonatos más extraños de la historia. Como todos los torneos disputados fuera de Europa, la aclimatación de las selecciones del viejo continente fue un factor determinante. La eliminación del campeón en la primera fase, o el adiós prematuro de selecciones como Italia o Inglaterra, produjeron que el campeonato se convirtiera en un terremoto de sorpresas, con explosiones tan románticas como la de la voluntariosa Grecia, clasificada a octavos de final en el último suspiro. Precisamente los helenos fueron protagonistas del partido que permitió a Costa Rica disputar los cuartos de final ante Holanda. Aquel Costa Rica-Grecia fue un encuentro en el que ninguna de las dos selecciones quiso llevar la batuta, y al final ocurrió lo previsible, una tanda de penaltis en la que los ticos contaban con el gran Keylor Navas bajo palos; esa noche gran parte del mundo se alegró por el resultado, y sobre todo por comprobar que entre las ocho mejores selecciones del mundo se encontraba la humilde Costa Rica, a priori cenicienta del grupo de la muerte del campeonato.

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El 5 de julio de 2014, día del enfrentamiento de cuartos de final entre Holanda y Costa Rica, los dos países amanecieron con un sueño. Pero es obligado acudir a la ciudad natal del que sería protagonista del encuento, La Haya, donde Tim Krul nació en 1988. Esta urbe, famosa por sus numerosas embajadas y edificios relacionados con la diplomacia, vivió la jornada como todo el resto de los Países Bajos, vestida de naranja y con sonido de trompetas. El momento había llegado, pero muy pocos sospechaban que Krul, su humilde vecino y suplente del equipo nacional, resolvería un encuentro agónico en la tanda de penaltis. Con Alemania, Brasil y Argentina clasificadas, tan solo restaba saber qué selección lograría meter su pie entre las cuatro mejores del mundo, un honor solo reservado para los más poderosos. Costa Rica y Holanda se paralizaron, conscientes de que sería una batalla muy larga. Por nombres los europeos eran superiores, pero la defensa de cinco formada por González, Umaña, Acosta, Gamboa y Díaz, se había convertido en uno de los fortines inexpugnables del campeonato, con sincronización y capacidad para no dejar marcar a ningún delantero del mundo. Si a todo ello uníamos el talento y estado de gracia de Keylor, la Holanda de Van Gaal tendría que sudar tinta para colocarse entre las cuatro mejores. Pronto lo intentó con acometidas de Robben y un disparo muy peligroso de Sneijder, pero allí estaba el portero tico para abortar todas y cada una de las llegadas oranje. No obstante Van Gaal no se mostraba tenso, tenía muchas claves anotadas en su libreta, apuntes e ideas que podrían resolver el partido.

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El encuentro no era vistoso para el espectador, en la línea de los anteriores duelos vistos en la fase KO del torneo, pero mantenía grandes dosis de intensidad que se transformarían en dramatismo durante el transcurso de la noche. Holanda forzó la máquina en la segunda parte, e incluso trató de usar la estrategia en cada acción a balón parado, pero la defensa costarricense mostró una concentración inmensa para abortar cada disparo del equipo europeo. Los aficionados concentrados en los Pubs de Ámsterdam, Róterdam o La Haya, no separaban sus ojos de las pantallas y apuraban sus pintas al mismo tiempo que reconocían que podían ser las últimas del mundial; nadie podía con Keylor y sus hombres. Antes del final aparecieron los últimos invitados a la velada, los palos, decisivos para que el marcador no se moviera. Tampoco lo hizo en una prórroga dramática en la que llegaron los primeros infartos de la noche. Fue el encuentro que nadie olvidará en los dos países, ya que en el tiempo extra se jugó con el corazón, por la patria y sin pensar en la sangre derramada antes. Esto era el mundial y había que lucharlo.

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Sneijder volvió a mandarla al palo y en un momento de locura Costa Rica tuvo la suya. Los penaltis aparecieron en el horizonte para resolver la guerra de Salvador de Bahía. Los entrenadores habían terminado su trabajo, pero antes del pitido final restaba una última jugada por parte de Louis van Gaal, un cambio de carta que recordaba al balonmano más que al fútbol. En este deporte es muy habitual que el portero suplente salga al campo a parar los lanzamientos de una tanda decisiva, pero no lo es en fútbol, donde llegar al final con opciones de efectuar este cambio supone no haberlo utilizado antes, algo que Van Gaal realizó a conciencia.

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Reportaje: José Hernández

Edición: Francisco Ortí y José David López

IlustracionesDavid Rodríguez y Wouter Blaas

Fotos: Getty y agencias.