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¿Cómo vivir las horas previas al partido más importante de la historia de tu club? No tiene ojos, tiene corazón. Así fue la Final de Copa Libertadores 2014 para Walter Lo Votrico, el hincha ciego de San Lorenzo de Almagro.

Por José David López (@elenganchejd)

I

Lo alto de la alambrada

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Pisaron Argentina y no tardaron en organizar obritas de teatro, caminatas con sus bandas de música y talleres de oficios. “Una manera donboscana de formar a la juventud”, escribían en cada panfleto comercial los salesianos, esa congregación religiosa fundada en Turín por San Juan Bosco con el objetivo de defender e impulsar el papel de la juventud. Y, desde luego, atraerlos a misa. Era época de rumores, de pérdida de fe y alejamiento, lo que había llegado a oídos del padre (y líder) José Vespignani. En mitad de esas influencias y con la idea de concretar una estabilidad multiplicó las actividades de gimnastas (según sus ideales, a los jóvenes había que saberles llegar a partir de la idea de conservación de su cuerpo) y creó una organización proyectada hacia los adolescentes argentinos. Su mano derecha en este objetivo sería el padre Lorenzo Massa, un amante del fútbol que, nada más llegar a Buenos Aires y establecerse en la barriada porteña de Almagro, puso sus ojos en aquellos chicos que peloteaban frente a su iglesia cada día. “En 1907 la calle México era de tierra. Los pibes jugábamos al fútbol en la calle porque era lo más barato. Cuando largaba el trabajo, salía corriendo para juntarme con la barra y hacer el partido. La pelota era mía, de esas de tiento que había entonces, después se la vendí a Federico Monti, que era el cabecilla de la barra, en dos pesos cincuenta. Queríamos formar un cuadro para jugar con los muchachos de otros barrios, así que nos reunimos y empezamos a buscar un nombre. Elegimos Forzosos de Almagro”, recalcaba hace unos años Luis Giannella, futbolista de aquel equipo barrial formado por amigos inseparables de la pelota. Se juntaban cada día el después mito Federico Monti, su hermano Luis, Francisco Xarau, los hermanos Coll, José Gorena y, desde luego, el singular Juancito Abondanza, clave (sin desearlo) en la historia del club.

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“Éramos pibes de 12 a 15 años. Cuando pasaba el tranvía por el barrio y estábamos jugando, lo usábamos para hacer rebotar la pelota, lo que ahora llaman pared. Pero San Lorenzo nació el día que a Juancito Abondanza se lo llevó por delante el tranvía. Estábamos jugando un partido entre mayores y menores en la calle justo frente a la capilla de San Antonio. El padre Lorenzo Massa salía a la vereda a mirar. En un momento, Juancito agarra la pelota y empieza a disparar como loco. Se cortaba solo y no vio el tranvía. El ‘motorman’ alcanzó a frenar pero igual lo golpeó y lo tiró al suelo. El tipo que manejaba y el guarda bajaron furiosos para pegarle a Juancito, pero el pibe era muy ligero y se las tomó mientras los mandaba con madre y todo”, recuerda del tirón, sin dudar cuando lo narra.

Aunque lo más determinante fue la reacción del padre Massa: “Pero che, qué barbaridad, qué mal educado es ese pibe. ¿Quién es vuestro líder? Mirá, en el fondo de la capilla tengo un lindo terreno. Si ustedes lo limpian pueden hacer una canchita. Yo les hago hacer los arcos en la carpintería de la iglesia de San Carlos. ¿Qué les parece?”, explicaba detalladamente Giannella. Ese día marcó la creación del club de manera oficial. El cura ayudó a limpiar hasta el último escombro para habilitar la zona que acabaría convertida en potrero y cuando Monti quiso cambiarle el nombre al equipo le aseguró que lo llamarían Club Atlético Lorenzo Massa en su honor. “No quiso saber nada, así que tuvimos que reunirnos todos en la esquina y buscar otro nombre. Le buscamos vuelta al asunto y alguno se acordó de la batalla de San Lorenzo. Fuimos corriendo y el cura aceptó. Si es por la Batalla de San Lorenzo, está bien. Que se llame San Lorenzo. Monti exigió la denominación ‘de Almagro’ por el origen de la mayoría de sus integrantes y todo se zanjó”. Era abril de 1908.

Walter Lo Votrico solo pudo leer lo que los libros aún guardan de aquellos primeros años, de los posteriores títulos, de aquellas giras por Europa y de los incomparables ‘matadores’ setenteros que coronaron al club como el Quinto Grande del fútbol argentino (hay ciertas discrepancias con respecto a su puesto definitivo frente a Racing e Independiente de Avellaneda y hoy en día su masa social, junto a sus títulos, le colocan en tercer lugar). Pero lo que nunca olvida es que los años donde él se hizo hincha, donde se enamoró de los colores y donde quedó atado al club por empeño de su papá, fueron los más duros que vivió la entidad. A finales de los 70, la crisis institucional motivada por la falta de títulos y la pérdida de capacidad económica, debilitaron todo. Una época donde era habitual asistir a juicios por demanda de futbolistas, donde se sucedieron diferentes directivos de mal recuerdo y donde, sobre todo, quedó coaccionado por la dictadura gobernante para acabar vendiendo su histórico estadio, el Gasómetro de Boedo.

II

Un corazón vale más que mil ojos

III

2013, el año de "volver a ser"

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Era poco menos que un milagro imaginar que en la finalísima de la Copa Libertadores, por vez primera y superando cualquier obstáculo competitivo que tocara afrontar, se iba a colar San Lorenzo de Almagro. Para los menos entendidos en el torneo, hablamos de enfrentamientos y eliminatorias en alturas inimaginables, en gramados ‘pintados’ de verde para aparentar normalidad ante las televisiones y tras días eternos de viajes con las condiciones climáticas más extremas. No hay torneo que exija tanto en lo físico, en lo que a continuidad se refiere y de manera tan desestructurada, pues hay una alteración constante de calendario completamente irresponsable desde el punto de vista profesional. A todos estos argumentos se le añaden los que conlleva la lucha permanente de un club por volver a su antiguo barrio, por volver a sentirse en casa. Esa demanda identificativa amplió la voz de los ‘sanlorencistas’ desde 2008 y crearon diferentes proyectos de presión en la Legislatura de Buenos Aires. Decenas de miles de seguidores se agolparon en numerosas manifestaciones que unieron aún más el sentimiento azulgrana en una lucha eterna por recuperar lo que les quitaron. No había panorama más desolador pero 2013, ya había arrancado.

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“Los astros y dioses empezaron a alinearse a nuestro favor”, apuntilla Walter, al que no le faltaba “razón” para pensar en cuestiones de fe, de valores más allá de lo terrenal y en buscar argumentos más espirituales. Y esos argumentos empezaron a tomar peso a miles de kilómetros de Boedo, nada menos que en el Vaticano, donde el 13 de marzo a las 19:05, los miembros del Colegio Cardenalicio eligieron como Papa número 266 de la Iglesia católica a Francisco I (Jorge Mario Bergoglio). No era un líder más, sino uno absolutamente especial para el mundo de San Lorenzo. El Papa Francisco era hincha del club desde niño, ya que su padre fue jugador de baloncesto en la entidad y pasaba los domingos en el Viejo Gasómetro. A medida que sus obligaciones profesionales se multiplicaron tomó mayor protagonismo en actos y reuniones del club hasta el punto de ofrecer la misa por el 100 aniversario en 2008 o incluso aparecer en el vestuario. Sí, el extécnico Alfio Basile, explicó hace unos meses una escena que demuestra definitivamente la devoción del pontífice. En la temporada 1998, la institución atravesaba momentos delicados y el capitán Néstor Gorosito estaba dando la charla previa a un encuentro. Mientras, Fernando Miele, presidente del club de Boedo, se le acercó a Basile: “Es un cura que viene siempre a saludar a los jugadores antes del partido. Y yo no entendía nada porque, si no ganaban un partido, de qué servía aquello. No quería desconcentrar a los futbolistas y le dije que lo echara”, explicaba el ‘Coco’. “En abril del año pasado me encuentro con Miele en un restaurante. Me dice: ‘¿viste quién es el Papa?’. Y me cuenta: «Ese era Bergoglio, el que vos echaste del vestuario de San Lorenzo». Voy a ir a visitarlo a Roma, así se lo cuento”, contaba asombrado el exentrenador de la selección argentina. Pero ni aquel gesto pudo romper el cariño papal hacia sus colores, demostrando amor al club cada vez que algún periodista le obligaba a opinar sobre los resultados del fin de semana.

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IV

Libertadores: Escalar hasta la cima

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Despedir el 2013 costó. Las celebraciones se habían acumulado y desperezarse no iba a ser sencillo. Sin perder tiempo para estirar rápido los brazos en busca de nuevos retos, Edgardo Bauza llegó a Buenos Aires el primer día del nuevo año para firmar como nuevo técnico de San Lorenzo. El exdefensor internacional argentino siempre estaría avalado como entrenador por ser campeón de la Libertadores en 2008 en las circunstancias menos favorables con LDU Quito. Además, ahora los de Boedo lograron mantener la base del equipo campeón (lo que en estos casos es casi un milagro teniendo en cuenta el trampolín acalorado que representa el fútbol argentino para los tentáculos del fútbol europeo).

Sin embargo, tras el primer sorteo del torneo, un humilde Independiente del Valle, un complicado Unión Española y un siempre combativo Botafogo, complicaban desde inicio su vuelta al primer nivel. Tanto que el debut en suelo brasileño fue un aterrizaje forzoso con una derrota (2-0) que ya dificultaba el resto del trayecto. Una victoria mínima y por la mínima que no dejó simpatías ante los ecuatorianos (1-0) y un empate insulso contra los chilenos (1-1) dejaba todo casi perdido. Cuando visitó a Unión a domicilio y cayó (1-0), todos pensaron que el final del sueño estaba cerca y se multiplicaron críticas hacia un grupo que no encontraba aquella versión que le había catapultado a lo alto del fútbol argentino. Y tan milagroso acabó siendo la resolución final del grupo que incluso empatando en su siguiente duelo, llegó con opciones a la última fecha con la única aunque difícil obligación de golear a Botafogo. En una noche de temblores y temores, el Cuervo destrozó a su rival (3-0) y por mejor diferencia de goles respecto a los ecuatorianos accedió milagrosamente a la siguiente etapa. Nunca un grupo de la Libertadores tuvo un desenlace donde, a falta de minutos, todos pudieran quedar eliminados o sonreír por la clasificación. La ayuda divina seguía estando presente y no había sino superado tan solo el primero de sus obstáculos.

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Acceder a la fase posterior como segundo del grupo conllevó una eliminatoria muy complicada ante Gremio (segundo clasificado del Brasileirao el pasado curso). Un gol de Correa, la perla ofensiva del equipo, dio ventaja mínima en el Gasómetro (1-0). Y era suficiente tras sufrir lo indecible en Porto Alegre, pero a falta de unos instantes para el final, el Tricolor llevó el cruce hasta los penaltis. Allí, los cuatro cuervos no fallaron rumbo a cuartos de final, donde esperaba el duelo que determinó definitivamente las aspiraciones finales de San Lorenzo. Otra vez Brasil, aunque ahora para retar al campeón canarinho, un Cruzeiro que acumulaba estrellas y que ya era por entonces el máximo favorito al título. Y de nuevo, un solo gol, esta vez de Gentiletti (1-0) iba a ser la diferencia a saber conservar en el Mineirao. Pero los temores se convirtieron en expectativa cuando, nada más empezar, el mejor futbolista de la edición, Ignacio Piatti, recalcó la diferencia. No pudo Cruzeiro salvo descontar en el tramo final.

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V

El día de San Lorenzo

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O los días. Porque como cuenta el hincha más ferviente de Boedo, 24 horas definen y marcan. Pero fue más de una semana de sudores fríos, éxtasis y temblor. “Walter ha vivido una de esas aventuras futbolísticas que los propios profesionales ni imaginan que alguien pueda llegar a hacer por ellos. Que los propios futbolistas no podrían ni pensar que alguien pueda llegar a hacer por su aliento. Pero ninguna como la de la semana pasada”, recalca. Walter es alguien que pelea cada peso argentino para viajar y cede casi una semana de su vida en el intento. Cualquiera, en una situación así, ya merecería el mayor de los premios.

Si además eres ciego queda excluido de valoración. No hay palabras. No hay posibilidad de comprensión sin fe, quizá locura. “Me fui a Paraguay en un bondi sin vidrios (un coche tan viejo e inestable que no tenía lunas ni cristales). Fue fatal. Una travesía absoluta. 25 horas de muerte en el viaje. Estar en un lugar que no es tu país, ver cómo encima hablan guaraní y apenas los entendía. Estuvimos medio maltratados (existieron problemas de acceso y a muchos hinchas de San Lorenzo no se les permitió entrar). Y después, 30 horas de vuelta”, recuerda echando la memoria unos días atrás, aunque dando por bueno ese 1-1 para buscar la victoria ante su gente.

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Gente que, cuando asomó la cabeza a la fila que aguardaba la venta de entradas para la finalísima, no dudó en tumbarse hasta que llegara su turno. “Así como llegamos del viaje, nos fuimos a hacer la cola en Avenida la Plata para conseguir las entradas para este partido. Casi un día más ahí tirados en el piso, esperando y rezando por nuestro boleto. Y sí, luego llegué a mi casa destruido”, rompe a reír mientras intenta explicar cómo se pueden hacer tantísimos sacrificios por la pelota que defienden los tuyos. Los últimos ratos los pasó intentando aislarse de cualquier tensión pero esta pasada noche, la última antes de que llegáramos, la última antes de la gran cita definitiva, nadie ha pegado ojo en Boedo: “Vamos a ver cómo la vivimos hoy. Estamos nerviosísimos. Yo estoy sin dormir y él sé que también, porque me mandaba mensajitos al móvil. Toda la noche en vela. Si él me escribía yo no dormía y cuando yo me empezaba a dormir, él me escribía. No durmió nadie acá. A las 7:30 me puso un ‘Buen día’ y ya estábamos nosotros tomando mate. Nosotros arrancamos el día de hoy hace dos o tres días”, relatan con entusiasmo Andy y Walter casi al unísono, encimando sus comentarios apasionados y gesticulando sobremanera, producto de los nervios que les acechan. “Nada importa hasta hoy. Solo es ahora. Solo es ganar. Mañana seremos campeones”, me dice al oído Walter, casi con la intención de que sus palabras me convenzan a mí, el más convencido por victoria de toda la ciudad (la realidad impera en quien no tiene tanto en juego para ganar y, sobre todo, para perder).

“Es como que lo imaginás, o sea lo querés, lo deseás… pero no se te ocurre que vaya a ser ahora el momento. O por lo menos es lo que me pasa a mí. Siempre lo quise y, de repente, me encontré que ya estaba. No te puedes pensar que iba a ser ahora. Y que no era éste el momento en el que lo estábamos esperando. Cayó de medio (sic.) sorpresa. ¿Cómo que estamos acá?”, se pregunta todavía Walter. El mismo que no puede negar que estos días le invade una sensibilidad especial, casi inexplicable, casi indescriptible… “Estás escuchando algo en radio o tele. Y te acordás de todo lo que luchaste, empiezan a salir las lágrimas, te decís que eres un boludo y no puedes hacer nada tampoco para evitarlo”, cuenta. Lo que no tiene la más mínima intención de explicar es lo que ha prometido el hincha más sacrificado, afamado y especial de San Lorenzo, en caso de ganar la Copa Libertadores esa misma noche. “Hice todo tipo de promesas, pero ni de casualidad te vas a enterar. Y por ahora la verdad que en lo que respecta a cumplirse, las que hice hasta ahora yo te diría que el asunto viene bárbaro”, sonríe.

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Reportaje y Entrevista: José David López

Edición: Francisco Ortí y José David López

Agradecimientos especiales para archivo de los videos: Musicuervo

Ilustraciones: Manuel Sánchez

Fotos: Getty y agencias.