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La ducha de agua fría, la butaca de piedra y el barro donde alguna vez hubo césped, marcaron para siempre a la exitosa Generación del 92 que llevó a lo más alto al Manchester United. Giggs, Scholes, Butt, Gary y Phill Neville, vuelven a reunirse por amor puro hacia aquél club que les permitió impulsar sus carreras desde el anonimato al estrellato. Y todo, para que nunca desaparezca un sentimiento común. Porque antes de ser los ‘Fergie Boys’, fueron y serán los ‘Salford Boys’.

Por José David López (@elenganchejd)

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02Los genios del pueblo: ‘Salford Boys’

Uno recuerda el primer beso con aquella chica rubia que a todos gustaba. Otro no olvida el corte con aquél vidrio tirado en el suelo que le llevó a urgencias en el susto de su infancia. El más viejo siempre repite la anécdota de la gasolinera donde compraban chocolatinas antes de irse al colegio. E incluso alguno de ellos reclama que ya no hay la tienda de cromos-stickers que intercambiaban después mientras regresaban a casa. Así era la vida para los niños de Salford entre semana. Tranquilidad y equilibrio, pero cotidianamente especial cuando cada tarde se buscaban para citarse en la calle donde siempre jugaban a la pelota. Pocas veces podían saltar la valla de Moor Lane, pero cuando el guarda se marchaba tras su jornada laboral, era el momento de intentarlo. Si había suerte, el barro acababa por complicarles cada maniobra, pero entre zapatillas desgastadas, gritos en busca del gol y fines de semana interminables de fútbol, los chicos se divertían en Salford (empezaron a jugar en el pequeño The Cliff). Cuando a finales de los años 70 y principios de los 80, el modesto club de la ciudad empezaba a rehabilitar el vetusto estadio y la comunidad se volcó con la renovación, cada niño intentó poner de su parte. Agua para los trabajadores, carteles anunciando partidos, búsqueda de donaciones… Tras dos años de reorganización institucional, los ‘Ammies’ abrieron una nueva etapa donde los protagonistas serían aquellos que de verdad sentían identificación con el sentimiento del club.

Se crearon varias categorías futbolísticas por edades con los chicos de la zona, aumentó su popularidad en torneos comarcales y muy pronto, Salford empezó a ser muy reconocido a nivel juvenil por la capacidad y talento de sus jóvenes futbolistas. Era la base para que el primer equipo creciera con las raíces naturales del contexto que les rodeaba, pero nunca sería así. Tras ganar varios torneos de relevancia local y dentro de su distrito, los ojeadores y scouts de clubes de superior nivel, empezaron a ser habituales semanalmente en los partidos de los chicos de Salford. Tanto creció, que restauraron The Cliff, campos de entrenamiento específicos para ellos con observación directa de los Red Devils. La lista enorme de intereses deportivos en aquellas figuras, pronto empezaron a quedar sumamente justificados y superó en expectativas y relevancia al primer equipo. Una tarde de 1987, con el estadio repleto para ver a sus verdaderos iconos, una goleada impresionó más de lo habitual y los teléfonos no pararon de sonar durante toda la semana.

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Un chico zurdo, que llevaba el 6 a la espalda, destrozó a sus rivales una vez tras otra con su arrancada y facilidad para driblar. Se llamaba Ryan Wilson y con su técnica, llevó a Salford a la Final de la importante Granada`s Cup (un torneo de escuelas a nivel nacional y comarcal) en el mítico Anfield. No ganarían pero, un año después, ya convertido en capitán, fue MVP nuevamente en una Final ante el Blackburn Rovers donde asistió en dos goles (3-2) para el título definitivo. Ese chico, el endeble y liviano Wilson, era la estrella de un prometedor equipo que empezó a recibir ofertas para dar un salto cuantitativo y tocar de cerca sus sueños. Ryan Wilson era galés, su padre había sido entrenador de rugby y de fútbol, habiendo llegado a Salford de milagro debido a una etapa donde el líder familiar ejercía sus labores en un equipo cercano. Cuando su pragmatismo enloqueció a los ojeadores de todo el país, el acoso fue absoluto. Jugó varios partidos de prueba en el Deans FC entrenado por el jefe de scout del Manchester City, Dennis Schofield. Al haber triunfado en Anfield durante dos años seguidos en la final escolar, el Liverpool, a través de su scout Ron Yeats, le hizo varias ofertas para que eligiera marcharse al club más grande del país en ese momento.

Pero por aquellos años, el club con mayor arraigo, respeto, tradición y cariño entre los habitantes de Salford era, desde luego, aquél que estaba a apenas unas millas de distancia y aquél del que casi se escuchaban sus goles desde el estadio cada fin de semana: Manchester United. Los Red Devils acababan de iniciar una nueva etapa con la llegada a su banquillo del escocés Alex Ferguson (que se sentó por vez primera en Old Trafford en 1986) y dentro de sus grandes intenciones institucionales, prometió convertir a su cantera en la mejor de Inglaterra. No faltaba nunca uno o varios ojeadores y representantes técnicos en los partidos de los ‘Salford Boys’ cada fin de semana y los tentáculos de un gigante, estaban más que introducidos en la mentalidad de cada niño en la ciudad vecina. Todos sabían que el sueño estaba a solo 15 minutos en coche y que el reto de convertirse en profesional con la camiseta perfecta, sí estaba en sus manos.

La atracción creada por esos jóvenes campeones, fue suficiente para que la fuerza del United pactara un mecanismo de unión con Salford City FC, por el que se convertiría en un club ‘hermano’. Cuando Ferguson recibió hasta siete semanas seguidas un informa exhaustivo de la capacidad de aquél chico galés, no pudo resistirse y decidió ver en directo uno de sus partidos de la mejor manera posible, organizándolo él mismo. Los niños del Manchester United se enfrentaron así a los del Salford y el ‘zurdito’ marcó un Hat-Trick que acabó de acelerar el proceso y, además, ampliar el rastreo entre los talentos de las comunidades vecinas. El chico representaba la capacidad de trabajo, desarrollo y progresión de un equipo diminuto con su cantera. Un entorno que pronto colocó en el camino profesional sus jóvenes estrellas. Porque a todos les gustaba ese enganche pelirrojo, ese lateral con desgaste, ese comodín medular y ese feroz centrocampista con energías. Había muchas perlas allí. Una labor que empezó a servir de ejemplo para el resto de clubes pero que el Manchester United, además, se llevó consigo de un plumazo. Con 12 años (alternando partidos con Salford hasta los 16), ese Ryan Wilson que había encandilado a todo los grandes de país, llegaba al Manchester United para que todo el mundo conociera su verdadero nombre: Ryan Giggs.

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“Salford está siempre en mi corazón. Me desarrolló como lo que hoy soy, como futbolista y como persona y, desde luego, es donde empezó todo”

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“Salford está siempre en mi corazón. Me desarrolló como lo que hoy soy, como futbolista y como persona y, desde luego, es donde empezó todo”, recuerda hoy, ya retirado hace un año y como ayudante principal de Louis Van Gaal tras haber disputado 672 partidos oficiales con el Manchester United, jugado durante 24 años consecutivos en el primer nivel, ganado todo tipo de títulos y haber roto los records más longevos en el top. Méritos y hazañas futbolísticas que nacieron en aquél Salford de calle y de comunidad unida en torno a un equipo humilde pero valeroso. Allí estaba el Paul Scholes que hoy representa uno de los mejores futbolistas de la historia moderna de Inglaterra (si soy absolutamente sincero en mi opinión, le colocaría como uno de los mejores centrocampistas de toda la historia), allí estaban los hermanos Neville (Phill y Gary) que acumularon cientos de partidos en Premier League y allí estaba el enérgico Nicky Butt que militó en equipos competitivos toda su carrera. A todos les surgió la posibilidad de dar el salto natural hacia el Manchester United siendo niños de Salford, esos chicos brillantes que arrasaron en títulos escolares tras aquellos años juveniles y gestas urbanas que habían sabido trasladar con pasión y trabajo al barrizal semanal de Moor Lane y The Cliff.

“Tuve mi primera prueba con el Manchester United en Salford a los 12 años y nunca voy a olvidar lo importante que era para mí el club, en sentimiento de pertenencia y todo lo que había logrado en la comunidad el Salford City FC. Representa esos primeros años, el compromiso, el hambre, el entusiasmo, el deseo y el espíritu del fútbol”, comenta Gary Neville. “Cuando veo cómo se divierten los chicos hoy, en nada se parecen a lo que tuvimos nosotros en Salford como futbolistas pero también como ciudadanos. Aquello era una unión total para que pudiéramos progresar en la vida unidos”, resalta Scholes, que es el único de todos que incluso nació allí. “Era una ventana a una comunidad local apasionada con el club pese a que siempre ha sido muy humilde, peor nos hicieron ver que teníamos la oportunidad de ser parte de un sueño aún más grande y que podría hacerse realidad”, comenta Phil Neville. “Todos los sábados, en un estadio muy pequeño y en un lugar desconocido como Salford, se reunían durante 90 minutos personas con sueños y pasiones”, sonríe Nicky Butt.

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“Lo que tuvimos nosotros en Salford como futbolistas y ciudadanos era una unión total para que pudiéramos progresar en la vida unidos”

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03Manchester United: Los ‘Fergie Boys’

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Había una sensación de desaparición del espíritu público. Un largo periodo de individualidad, de egoísmo, de egocentrismo en la sociedad”, admitía el director de cine británico, Danny Boyle, que más allá de su especialidad, se basa, como todos, en la música, la cultura y el arte como elemento explicativo del contexto nacional a finales de los 90. La nueva década impulsó esas sensaciones pues “Inglaterra en concreto y el Reino Unido en general, vivía una etapa de reiniciación cultural, de lo urbano, de la búsqueda de lo desigual, de tener independencia y hasta de clandestinidad”, recalca. El mismísimo Tony Blair apuntaba que “el espíritu de hacer posible aquello que querías a través de la cultura, el arte y la política, se convirtió en realidad y todo empezó a ser una opción para los jóvenes”. Años en los que “nadie esperaba a que un líder hiciera las cosas por ti, porque la falta de interés en alguien tan trascendental como Margaret Thatcher, creció y fue una señal para hacer las cosas y soñar con tus retos a nivel individual”, comenta Mani, bajista de uno de los grupos de moda en la época. La fortaleza de Londres como ciudad más cool y la sensibilidad musical de Liverpool, las habían convertido en los dos estandartes del país en esa etapa previa de exaltación cultural, pero el fútbol iba a permitir maximizar todas esas sensaciones de manera drástica en Manchester gracias a “The Class of ‘92” (todos estos elementos son narrados en la película del mismo nombre y por estos personajes).

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“En los años 60, 70 y 80, Liverpool vivía una época increíble, con música y ambiente juvenil, pero Manchester renació. En esos años aparecieron los Stone Roses u Oasis y yo recuerdo como cantábamos sus canciones mientras estábamos celebrando aquella FA Youth Cup en el 92 dentro de camisetas que nos quedaban gigantes”, cuenta Gary Neville sobre esa época. “El Manchester United se reinventó. Estaban floreciendo y se estaban definiendo. Era una mezcla de luchas individuales que necesitaban terminar de definirse como un ‘todo’, recalca el citado Boyle. “Crecer en Manchester en los años 90 fue enorme. Nos íbamos a cualquier lugar y siempre había eventos, conciertos, un momento especial que hizo que, de manera personal todos disfrutáramos pero que, de manera global, todos nos uniéramos mucho más”, rememora Butt.

Lo que esos chicos jóvenes sentían, es que era posible que ellos impulsaran a Manchester y a todo el país con el fútbol como excusa”, dice Tony Blair. La pandilla reflejaba la emoción, el optimismo de la década y aquél Nuevo Laborismo. Al contrario que ésta corriente político-social, ese grupo de amigos inseparables sí logró el éxito. Una demostración del poder de trabajo en equipo. Un cúmulo de títulos, premios y galardones que alteraron el espíritu de la época y modificaron para siempre el destino futbolístico del país y de Manchester, convertida en solo unos años en el epicentro británico hacia el mundo. “Solo el deporte, solo el fútbol, es capaz de generar este tipo de emociones convertidas en sello cultural para la eternidad”, dispara el rebelde y referencial icono ofensivo de ese United, Eric Cantona.

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Pese a que la primera edición de la Premier League (tras su reestructuración y actualización comercial iniciada en 1992) ya fue ganada por el Manchester United tras 26 años de sequía (con un gran Mark Hughes) e incluso repitió título un año más tarde (ya con goles de King Eric), el verdadero asalto a la élite de los ‘novatos de Ferguson’ comenzó en la temporada 1995-1996. Todos habían tenido minutos esporádicos o incluso ya cierta importancia, pero fue a partir de ese curso en el que eran la base del club. Fue el momento en el que la veteranía del grupo con el que había estado trabajando esos últimos años obligó al entrenador escocés a reestructurar su plantilla con la generación que más éxitos juveniles había logrado. Y el día del debut no pudo ser más desolador. “Usted nunca va a ganar nada con los niños”, lanzó el respetado comentarista inglés Alan Hansen, cuando en el primer partido cayeron contra el Aston Villa con un equipo que no alcanzaba los 24 años de media de edad.

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04Salford, la comunidad del fútbol

El futbolista muere dos veces. El día de su retiro y el de su muerte como persona normal”, reflexionó el que en su día fue uno de los mejores ‘pensadores’ mucho más allá del fútbol, ‘O Doutor’ Sócrates. Un genio con la pelota pero mucho más con la cabeza. Un teólogo que acabó despedazado en sus últimos días, los que mostraban la crueldad del camino hacia el fin. Ese tramo en el que un futbolista deja de sentirse útil cuando deja de saltar al césped cada domingo y, sobre todo, ese en el que intenta encontrar la salvación en cualquier otra vía. La falta de sentido hacia cualquier otra actividad, destruyó incluso al más inteligente de los futbolistas que la historia nos ha dado. “Tú no abandonas el fútbol. Es el fútbol el que te abandona a ti”, lamentó durante años mientras la pelota le abandonaba paulatinamente hasta el caos. Un caso extremo de incapacidad para reencontrar la felicidad y, sobre todo, para sentirse útil en un mundo, el del fútbol, que pasa de representar un ‘todo’ para convertirse en un pasado cruel que simboliza la decadencia humana. Un punto determinante en la vida de los futbolistas y en la vida de los ‘Salford Boys’.

Aquellos héroes del Manchester United son hoy (desde hace solo unos meses), todos, exfutbolistas por vez primera en toda su vida. Los primeros lunes en casa. Los primeros fines de semana sin la pelota en los pies. Los primeros domingos leyendo el periódico. Una nueva (y peligrosa) cotidianidad para quienes no estructuraron ideas y prepararon su futuro cuando aún eran elementos indispensables del deporte rey. La aureola mediática, la capacidad de negocios y la cercanía con su club por tantos años de servicio exclusivo de todos ellos, no dejó la más mínima fisura a una decadencia notoria. Ninguno iba a sentir el peso del retiro en su versión más apocalíptica. Desde el primer día de ‘retiro espiritual’, las ofertas televisivas o de clubes para vincularles a sus direcciones deportivas, han sido la constante, ocupando diferentes roles de prestigio actualmente. Sin embargo, un día, casi por casualidad, los cinco se encontraron en un evento. La charla posterior duró horas. Recuerdos de infancia, bromas pesadas, goles juveniles, las chicas que querían disputarse y hasta las primeras borracheras, aparecieron en aquella mesa improvisada. De ella se sacó una conclusión, la veteranía y el paso de los años sensibilizó viejos recuerdos comunes de aquellos días que engendraron tanto éxito en sus vidas. Porque si en aquella reunión los cinco estaban juntos, los cinco habían sido invitados y los cinco eran representantes de lujo, era por una sola cosa que les unía. Todos eran Salford. Días después aparecieron junto a las puertas de Moor Lane, el estadio al que tantas veces habían accedido saltando las vallas, al que habían hecho vibrar con sus goles juveniles y al que ahora, con más de 320 años de vida, quieren colocar en la élite. ¿Qué mejor manera de mantener vivo el recuerdo de sus mejores años de amistad, fútbol y sueños, que hacerlos resurgir para compartirlos con los suyos? Ryan, Gary, Paul, Nicky y Phil, estaban de vuelta.

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La nostalgia y el agradecimiento al club en el que todos jugaron de niños, les había embarcado en un proyecto sin igual. Un reto guiado por el corazón. El cariño de volver a Salford y el sueño de hacerles prosperar desde las catacumbas que siempre ha ocupado en el fútbol inglés. Así, desde principios del año 2014, organizaron reuniones, estructuraron sus ideas y solicitaron apoyos para conocer la realidad del club. Meses después, el primer paso estaba dado y, definirlo, solo requería una ayuda ‘externa’ en lo financiero. Cada uno de los cinco ‘Salford Boys’ se haría con el control de un 10% de las acciones del club mientras que el 50% restante, pasaría a formar parte de uno de los millonarios más mediáticos del momento, el empresario singapurense Peter Lim (para Forbes, persona número 655 en riqueza mundial). Y es que el hijo de vendedor de pescado convertido en agente de bolsa e inversor de éxito, siempre ha estado muy vinculado a fútbol, sobre todo al inglés. Intentó en 2010 adquirir el Liverpool y, tras numerosos problemas, fue capaz de introducirse en el Valencia hace unos meses. Casi al mismo tiempo, aunque de manera mucho más humilde, silenciosa y por cantidades mucho más reducidas, fue el gigante inversionista que necesitaba la idea que barajaban los ex futbolistas. Una copropiedad dividida en seis partes. El multimillonario de Singapur Peter Lim se establece en adquirir una participación del 50% en la Evo-Stik División Uno club del norte de la ciudad de Salford, el club ha confirmado. “Cuando nos propusimos este viaje, siempre supimos en algún momento que queríamos socios externos implicados, personas que compartan nuestra visión. Todos hemos conocido a Peter hace más de 10 años y sabemos de su amor por el fútbol. Él tiene una trayectoria increíble en los negocios, así como participación de los jóvenes y de la comunidad, especialmente a nivel de base. Alicientes y experiencias determinantes para que el proyecto de reactivación funcione en el Salford City FC”, decía un comunicado de los ex mancunianos.

“Cuando surgió la oportunidad de adquirir el Salford City FC, todos imaginamos que era la opción perfecta para renovar y retomar el contexto que nosotros disfrutamos. Queremos poner de nuevo a la comunidad de Salford en la dinámica del club, en recuperar la esencia del fútbol y en desarrollar el nivel de la cantera, aquello que nos permitió a nosotros ser lo que somos hoy”, apuntó Gary Neville. “Estoy muy entusiasmado con esta nueva meta. Sabemos que será difícil, pero vamos a estar comprometidos con esto desde el principio y tenemos algunos planes muy interesantes de cara al futuro”, amplió Scholes. “Todo el mundo sabe lo importante que Salford es para mí, así que esta es una operación interesante que se debe a nuestro corazón, que está en Salford y en esta comunidad. Queremos involucrar a la comunidad de nuevo en el fútbol y utilizar nuestra experiencia y conocimientos para aspirar a mejores retos. Lo primero es fomentar el talento joven. Y ser capaz de hacer todo esto aquí, en Salford, en nuestra casa, hace que todo sea mucho más atractivo”, recalcó un pletórico Giggs. “Cuando llevas tantos años en el fútbol, te das cuenta de que la base, los juveniles, las academias, es el corazón de fútbol inglés y no podemos dejar que se pierda. Es por eso que en Salford, donde crecimos de niños a hombres y donde aprendimos, empezaremos de nuevo”, recordó Phil. 74 años después de su creación y unos 28 después de que aquella fantástica ‘camada’ de promesas saliera rumbo a Old Trafford, el Salford City FC iniciaba una nueva etapa, siendo adquirido por quienes fueron sus jóvenes iconos.

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“Cuando surgió la oportunidad de adquirir el Salford City FC, todos imaginamos que era la opción perfecta para renovar y retomar el contexto que nosotros disfrutamos”

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Aquella noche de verano que atascó los alrededores de Salford en el amistoso ante ‘Class of 92’ para dar el pistoletazo de salida al proyecto, refrendaba además la pasión que habían logrado despertar nuevamente en la comunidad. Aquella que ellos conocieron en primera persona siendo niños y aquella que ahora, cuarentones, quieren recuperar. “El aspecto más importante para nosotros es que seguir un vínculo con nuestra comunidad y con la ciudad. Y podemos prometer que aquí, ahora y con estas personas implicadas, tenemos garantías de que esto suceda”, apuntaron fielmente los presidentes del Salford City FC, Karen Baird y Dave Russell, pues pese a la entrada de inversores y ex futbolistas, nadie ha alterado lo más mínimo el organigrama institucional. Todos los ex jugadores han puesto dinero para las mejoras del terreno de juego, Baird se mantiene en su lugar y el comité, de doce hombres voluntarios, siguen trabajando a disposición del club en tareas de mantenimiento, taquilla, limpieza y hasta señoras del té… “El proceso formal de la toma de posesión del club, comenzó desde la FA. Es un momento emocionante para el club y creo que hay muchos grandes logros por llegar. Sin lugar a dudas este acuerdo se traducirá en un futuro muy brillante por delante y es un gran anuncio para el fútbol no profesional de Inglaterra. Los apoyos han crecido y el interés en los partidos también”, asegura la máxima representante del club, que ha mantenido el comité actual a su alrededor y que opera con las mismas funciones que los últimos años.

La serenidad, claridad de ideas y lecturas románticas que desprenden todos los actos generados por los ‘Salford Boys’, han empezado a ser recalcados con sus actos al frente del proyecto. Sus doctrinas son, muchas décadas después, exactamente las mismas que allí aprendieron. Si se rumorea que la idea de los nuevos dueños es denominar al club Salford 92 por alusiones reconocibles, ellos salen al foco a negarlo: “Sería ridículo que por llegar nosotros, todo cambiara”, dijo Scholes. Si se alimentan las noticias de que deseen cambiar de estadio y dejar a un lado el vetusto Moor Lane, aparecen a escena para rechazar cualquier postura que rompa la tradición: “La herencia deportiva del estadio, con casi 320 años de historia y siendo el más veterano del área de Manchester, es algo que debe ser un legado duradero para las generaciones futuras”, defendió Gary Neville. Si se comenta que quieren lucrarse con la venta de jóvenes promesas que ellos mismos saquen del club con su experiencia, asumen que existirán sectores que no estén de acuerdo: “Es importante salvaguardar el arduo trabajo que se hace en las ligas inferiores y alimentar los sueños de los jugadores jóvenes”, explicó Phil Neville. Y cuando se les tacha de ególatras, no pueden sino admitir que los pensamientos son libres, pero que para ellos es un verdadero sueño: “Nuestro mayor temor es que la gente vaya a pensar que estamos haciendo esto para promover nuestra propia marca, pero es todo por el cariño al lugar que nos dio todo”, aseguró Butt.

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Deportivamente han sido inteligentes desde su primer día. Conscientes de que el club va a tener mucha mayor trascendencia y generará mayor expectación conforme ellos sean parte del proyecto, no han querido faltar ni un partido. Desde que se confirmara la operación financiera, siempre han estado presentes en los partidos del Salford al menos dos de ellos, alternando apariciones y mostrando un seguimiento detallado. Animan en las gradas, comen ‘fish ans chips’ junto a la afición y firman autógrafos para ampliar las sonrisas de su comunidad. La misma que siente mayor admiración que nunca hacia la labor de los recién llegados. Y no es solo su aportación futbolística lo que consigue ese talante plausible, sino sus actos voluntarios. Si la finalidad es hacer sentir como propio de la ciudad este sueño rumbo a la élite del fútbol inglés, todos los movimientos deben ir en esa línea.

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05El sueño de un Salford profesional

Hay clubes con más de un siglo de vida y aficiones absolutamente inigualables. Hay jugadores que compiten por un amor intenso al fútbol y técnicos que fueron todo, pero que ahora al menos mantienen la sangre ardiente cada domingo. Y sobre todo, hay cultura de fútbol, de respeto, de arraigo natural hacia todo lo que representa “mi equipo, mis colores y mi escudo”. Un elemento inalterable, pasional, tremendamente respetuoso y que se sustenta en tradiciones intocables para la conducta de todo buen futbolero. Inglaterra es junto a muy pocos rincones del planeta, uno de esos lugares donde un club menor es, en términos educativos y culturales, absolutamente único para miles de aficionados. No se trata de un pequeño hueco en su corazón, ése dominado por los gigantes que cada semana se disputan títulos a ojos de la mediática Premier League. No se trata de una fisura o un problema, sino un orgullo tradicionalmente especial. Porque aunque los grandes titulares y premios se los lleven el Manchester United, Chelsea o Arsenal, los grandes sueños por cumplir y las grandes sonrisas por disfrutar, están cada semana en su club, el diminuto, el que muchos no conocen y el que apenas gana. Sí, ése, es tu club. Y en Inglaterra esa visión es indestructible.

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Un organigrama que permite ver en Tercera División al que fuera primer campeón del fútbol inglés en 1889 (Preston North End), en Cuarta División a un doble campeón de Liga-Copa arruinado por sus deprimentes dueños pero orgulloso luchador para su estupenda afición (Portsmouth) o en Quinta División a un club nacido en 1883 que sigue compitiendo para intentar la osadía de, un día, jugar en la Premier (Bristol Rovers). Porque nada está prohibido allí. Por ello, nada es imposible para el ‘nuevo’ Salford.

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Reportaje y Entrevista: José David López

Edición: Francisco Ortí y José David López

Agradecimientos: Miguel Mosquera, corresponsal en Manchester. Jordi Quixano, por empezar una conversación que ahora se culmina con este reortaje.

Ilustraciones: Diana Estefania, Akyanime e Ignacio López Arambarri

Fotos: Getty y agencias.