Portada Ronaldinho
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Jamás soñaron vender todas las boletas. Nunca imaginaron ser noticia en todo el mundo. Y ni por asomo pensaron en aliarse con el éxito. Pero hoy… tienen a Ronaldinho.

Por qué no la tenéis en color rosa, que queda mejor para mi chiquilla?”, alcanzaba a escucharse entre la jauría. “¿Tienes talla para un bebé que está menudito?”, lanzó por tercera vez ya con tono insolente. “¿No lo traes todavía?”, repitió a la dependienta la mujer que estaba en primer lugar de la fila. Mediodía, viernes, una tienda con ropa deportiva cualquiera en Querétaro. No había manos, no había tiempo y, sobre todo, no había espacio natural como para que aquella muchedumbre saliera satisfecha de allí. Tampoco les importaba, solo vivían por un objetivo y, pensándolo bien, tenían más que asumido que conseguirlo no era sencillo. Todos gritan, casi al unísono, un mismo número. Uno de esos que nunca antes has pensado. Uno de esos que no se corresponde con nada que te sea reconocible. Y uno de esos que olvidarías en segundos en cualquier otro rincón del planeta. No aquí. “El 49, dame tres del número 49”, “Con una caja llena del 49, lo arreglas esto”, “Trae varias del 49 y las vas repartiendo”, ironizaba el anciano del fondo, que se retorcía con su bastón mientras me mostraba sonriente tras el chaquetón, su más preciado tesoro, su propio ‘49’. Ese era el objetivo de todos ellos. No había más. No había precio imposible ni tiempo desperdiciado.

La fila frente al mostrador acabó siendo interminable, rodeaba el local, asomaba muchos metros más allá de la puerta de salida y alcanzaba la esquina derecha, uniéndose a la cuadra cercana. Allí, de igual manera, la fila era a la inversa, pero igualmente alargada con el paso de los minutos y con una única meta, el ‘49’. Desde 200 pesos ‘versión pirata’, y 800 pesos la versión original, las playeras se vendían como si del último pan caliente del país se tratara, y poco importó que en un contexto de pillería habitual, los precios se multiplicaran con el paso de los minutos: “Es mucho más caro que antes, pagué muchos pesos más por ella, pero ésta el del 49. ¡Ya tengo mi 49!, gritaba un joven con una bolsa donde rebosaban los colores de su club. No había esquina, local, taller, mercado o cafetería, que no tuviera su propio 49, aunque nadie sabía la naturaleza real de tan indiferente número. Se movían por instinto, por pasión, por impulsar aquello de lo que todos hablan, por su color, por su sentimiento y por su equipo. Horacio, el afortunado aunque agotado vendedor, sudaba copiosamente. Angustioso, no pudo sino repetirse así mismo durante toda la tarde, esa palabra que normaliza y vuelve aceptable una furia sin límites contra algo que nos ofende, pero que no podemos cambiar. ¡Qué pinche!, ¡Qué pinche Ronaldinho!

Camiseta con el 49 de Ronaldinho

“El 49 puede ser también 4+9, que suma 13. En el ‘Jogo do Bicho’ o ‘Juego del Animal’, un entretenimiento habitual de los niños brasileños y que tanto jugué yo mismo, dicho número representa el gallo”

01¿Por qué Querétaro?

Alfonso ‘Pachín’ Niembro se levantó como cada día rumbo a su despacho, donde una silla vieja y su habilidad para la escritura habían conseguido situarle en la cúspide del fútbol queretano unos años atrás. Luchaba desde la oscuridad de aquellos clubes que nadie toma en cuenta para tomar decisiones y, como él, muchos otros querían ser parte del cada vez mayor movimiento nacional que representaba el fútbol en el país. Era 1949, México ya disfrutaba de un campeonato ‘profesional’ que había superado suspensiones, conflictos directivos y toda una serie de obstáculos desde principios de siglo. Bastó el más mínimo síntoma de equilibrio y continuidad en la idea organizativa del primer nivel nacional (algo clave a partir de 1943 con la adhesión de más instituciones al torneo ya denominado como Liga Mayor), para que se buscara impulsar la pasión futbolística en otras zonas del país. Y allí fraguó la lucha oculta de la Asociación Queretana de Fútbol, que consiguió una de esas invitaciones junto con otros seis clubes, para incrustar su propio equipo en el segundo escalón competitivo.

Alfonso decidió que lo más justo, dado que no había un único club dominante en su región, era que los que sí competían cada semana en el terreno de juego se disputaran justamente esa invitación. En pocos días creó un torneo de Primera Fuerza en la ciudad de Querétaro y el equipo que resultara ganador sería el equipo que acabara representándoles con la pelota en los pies por todo México. Aquél fin de semana de fútbol continuado sirvió para que los ‘Piratas’ se proclamaran campeones del boleto, convirtiéndose poco después en el Club Querétaro, considerado por tanto uno de los fundadores de la Segunda División (junto con el Irapuato, Zacatepec, Toluca, Morelia y La Piedad). Un uniforme completamente blanco y una letra Q grabada en la camiseta como escudo, les representaban. No habían pasado ni cuatro años cuando el entrenador Don Felipe ‘La Marrana’ Castañeda y el Licenciado Don Ezequiel Rivera, consiguieron 11 Gallos Blancos y los regalaron a cada uno de los jugadores antes de saltar al campo. La broma quedó sellada por una foto que se convertiría desde entonces en la excusa del apodo que hoy arrastra muy orgullosamente el club, ‘Gallos Blancos’ de Querétaro.

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Mapa de Querétaro

El estado de Querétaro se encuentra en el centro de México, en una región conocida como El Bajío

Un equipo que atravesó pozos en Segunda y hasta Tercera División, que se fusionó con clubes menores, que se cambió de nombre (llegó a llamarse Campesinos), que fue vendido a un sindicato de petroleros, que resurgió con su antigua identidad en los 80, que en los 90 ascendió al primer nivel azteca y que incluso habiendo superado sospechas que le unían al crimen organizado dejándole a un paso de la desaparición, acabó por tornarse en la imagen que hoy le representa. Desde 2009 han logrado estabilizarse en la élite, evitar más descensos pese a numerosas polémicas extra-futbolísticas y equilibrar su tortuoso caminar gracias a la aparición de empresarios que han impulsado su fuerza institucional. El paso definitivo, aquello que les coloca como epicentro del fútbol mexicano y lo que les sitúa en la cúspide de interés semanal sea cual sea su resultado o rival, es su último movimiento en busca del impacto definitivo: Ronaldinho.

Pero… ¿Por qué un futbolista que lo ha ganado todo acepta una oferta de un equipo humilde?: “Conocía ya a Arturo, el presidente. Mi hermano ya jugó en su día en el fútbol de México, mi familia conocía este país y les gusta. Tenemos amistades aquí y una de ellas es la del presidente del club, por lo que decidimos venir aquí”, explica el futbolista brasileño, claramente reseñando a Arturo Villanueva, el mandatario recién llegado al club, como elemento clave en su decisión. Lo apunta desde la tranquilidad de su casa, siempre acompañado de su hermano Roberto y de su sobrino, con los que a nuestra llegada, jugó durante una hora al vóley-playa en una zona habilitada para el disfrute. Como si cada vez que se asomara al aire libre, se sintiera en Copacabana. Como si cada vez que quiera respirar, se sintiera rodeado de su gente. Con samba de fondo, con arena, con bromas y con ese aliento artístico en cada uno de sus movimientos, no importa el lugar, sino las formas. Un semidesconocido paraje mexicano, convertido en un rincón puramente brasileño. Así, todo sigue su línea ideal…

“Mi hermano ya jugó en su día en el fútbol de México, mi familia conocía este país y les gusta. Tenemos amistades aquí y una de ellas es la del presidente del club, por lo que decidimos venir aquí”

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El Querétaro Fútbol Club se fundó en 1950, pero no ha sido hasta 2009 cuando se ha asentado en la élite

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Calles de Porto Alegre

02La calle que cría artistas

Mikkel Jensen, periodista danés, había soñado toda su vida con cubrir un Mundial de fútbol en Brasil y cuando surgió la opción en 2014 se preparó minuciosamente. “Desde dos años y medio antes, hice un plan, me fui a estudiar a Brasil, aprendí portugués y estaba preparado para disfrutar. El sueño se iba a cumplir, pero dos meses antes de la fiesta de la Copa del Mundo, he decidido que no voy a seguir aquí. El sueño se ha convertido en una pesadilla”, firmaba el escandinavo hace unos meses. El motivo, un reportaje que le llevó 100 días y que le hizo descubrir los horrores de lo que él considera un movimiento para convertir a los periodistas y aficionados en marionetas dominadas. “En mi investigación sobre algunas sedes del torneo, me puse en contacto con niños de la calle y luego supe que algunos habían desaparecido. A menudo, los matan por la noche, cuando están durmiendo en una zona donde hay muchos turistas, acaban con ellos”, aseguraba fríamente.

“¿Por qué? Para dejar limpia la ciudad para los extranjeros y la prensa internacional. O sea, ¿por mi culpa?”, se preguntaba, explicándolo con hechos reales. “En Fortaleza conocí a Allison, 13 años, que vive en las calles de la ciudad. Un chaval con una vida muy dura. Él no tenía nada, sólo un paquete de cacahuetes que, además, me ofreció al instante mientras de mi hombro colgaba una cámara de 10.000 dólares y una tarjeta de crédito salía del bolsillo. Me hizo pensar. ¡Increíble! Su vida está en peligro debido a gente como yo. Corre el riesgo de convertirse en la próxima víctima de la limpieza y esto no puedo permitirlo ni por mi mejor sueño”, cerraba Mikkel. Desgraciadamente no era un caso más sobre las brutales condiciones de ‘vida’ acaecidas para los niños en muchos lugares de Brasil. Y eso hace que resulte absolutamente milagroso que, en esas mismas calles y en esas mismas aceras, existiera y exista tanto talento en busca de una esperanzadora vía de escape gracias al fútbol.

Anochecer en Porto Alegre

En su caso, no fue Fortaleza ni Rio ni Sao Paulo, sino Porto Alegre. Ronaldinho es, como miles de chicos brasileños, hermano del peligro, de la exposición, de la imprevisibilidad de un terreno hostil desde sus primeros días. Un vínculo tan fuerte como automatizado, que proyecta horas interminables de juego, días eternos de diversión y años de intenso sacrificio familiar en pro del apoyo al último miembro familiar que asome su cabeza al mundo. Raíces y axiomas perpetuos e invariables al paso del tiempo, que adoctrinan una personalidad muy concreta, transportada al fútbol de manera natural: “Mucho antes que yo, otros pisaron las mismas calles y tuvieron esas mismas impresiones durante sus primeros años. Garrincha, Rivelino, Tostao, Gerson… son futbolistas con estas mismas características, como las mías. Esto viene de la calle, del barrio, del fútbol urbano que hemos practicado. Pasaba todo el día jugando con amigos, practicando y probando cosas. Nos hace ser así y luego se nota en cómo nos comportamos en el campo cuando jugamos”, recuerda Ronaldinho mientras cita a varios de los genios de las selecciones brasileñas más ejemplares de la historia del ‘jogo bonito’, ese arte que él aún abandera cada semana vestido de corto.

Doctrinas que le acompañaron desde que golpeó la pelota siendo casi bebé: “Fue mi papá el que me compró mi primer balón. En mi casa siempre he tenido fútbol. Mi papá jugaba, mis hermanos jugaban, mis tíos también lo jugaban. El fútbol ha sido siempre parte de mi vida, veía a mi hermano como mi ídolo y a Maradona como ídolo de mi hermano, por lo que esas eran mis bases de fútbol. Desde antes de hablar ya tenía fútbol en casa. He crecido con la pelota y con la música, mi otra gran pasión en la vida”, asegura, rompiendo a reír cuando asume que el único que aguantaba su energía de pequeño era su perro Bombom, el primero con el que celebró a los 7 años su acceso al equipo alevín de Gremio. Todo lo que suena a ayer, le hace disfrutar. Como entonces, es incapaz de borrar una sonrisa de su rostro, continuamente ajeno a cualquier problema que invada su felicidad. Esa que, desde muy pronto, se le resistió.

“Fue mi papá el que me compró mi primer balón. En mi casa siempre he tenido fútbol. Mi papá jugaba, mis hermanos jugaban, mis tíos también lo jugaban” – Ronaldinho

Aficionados de Gremio

Porque sensaciones grises y obstáculos duros, tuvo que superar siendo apenas un nene. Cuando su hermano empezaba a destacar, lo acompañaba a cada entrenamiento, orgulloso de poder hasta atarle las botas. No tardó Roberto en ganarse un puesto en las inferiores de Gremio, uno de los gigantes de su ciudad, por lo que el ‘Inmortal Tricolor’ regaló a su familia una piscina dentro de su casa. Era el divertimento, el disfrute y la excusa perfecta para pasar horas de juego con la pelota. Allí probó sus primeros regates inverosímiles y el golpe contra el suelo tras la primera gambeta en forma de ‘caño’ que aún hoy recuerda. Una de esas tardes, un desgraciado accidente se tornó en tragedia. Joao, el líder familiar y el creador del vínculo futbolístico, murió en el agua. No hay cómo superar un trauma similar con solo 8 años. El papel de su hermano Roberto se multiplicó al de la figura paternal que ya no estaba. En pocos años, aquel al que apuntaban todos los focos familiares en busca de un contrato de ensueño que maximizara una vida más cómoda, se convirtió en el impulso principal de quien venía por detrás, un Ronaldinho que aprovechó todos los esfuerzos para proyectarse como un nuevo ‘genio’ y un nuevo ‘salvador’.

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Joao, su padre, fue futbolista de Cruzeiro. Roberto, su hermano, ya era futbolista de Cruzeiro (posteriormente jugaría en Tecos de México también). Y él, Dinho, no iba a ser la excepción, sino el gran colofón: “Desde que era niño me imaginaba jugando en el Gremio y en la selección brasileña. Empecé a jugar en los jóvenes de ambos, tanto del club en el que siempre desee jugar como en la selección que siempre quise defender”, recalca, mostrando incluso algún gesto de timidez cuando le mostramos algunos de sus primeros goles. Era, literalmente, un niño. “Casi es más grande el balón que yo”, ironiza. Liviano, roedor, enérgico, con el pelo rapado y, sobre todo, con una enorme capacidad de imprevisibilidad por su arrancada, se convertía en esa ‘perlita’ a la que mimar desde el primer momento que pisó césped de primer nivel. Ese chico criado en el origen de todos los ideales urbanos, ese cachorrillo llamativo que todos quieren abrazar y, desde luego, ese crack en ciernes al que solo había que liberar de incertidumbres externas. Una mañana, con el equipo cadete, marcó nada menos que 23 goles en un único partido. La televisión nacional acudió en masa a ver al ‘gaúcho maravilla’ que rompía records y el club lo ató rápido, prometiéndole tranquilidad y comodidades ideales para que se plantara con 17 años como el gran prodigio a explotar después de ganar el Campeonato Juvenil.

Los distintos equipos de Ronaldinho
Ronaldinho con el PSG
Ronaldinho en su presentación con el Barcelona

05“Barcelona, sonríe conmigo”

Desde que arrancó 2003, la sensación de discontinuidad en los resultados del cuadro parisino y la cada vez mayor demanda de ofertas que se acumulaban en torno al brasileño, hizo que sus mensajes fueran claros hacia un cambio de rumbo. Nada más terminar ese curso, los grandes de Europa le acecharon, los rumores se dispararon y la habilidad negociadora de los interesados, estaba en liza. Manchester United por un lado, Real Madrid por otro y Barcelona por todos los caminos posibles, querían convertir aquellas ‘rastas’ cada vez más mediáticas, en elementos de impulsos durante años de titubeos. Las intenciones de Ronaldinho no estaban decididas ni de lejos. Todas las posibilidades estaban abiertas y en ese mes de julio, descansaba tras haber sido eliminado imprevisiblemente con Brasil en la Copa Confederaciones. “La oferta que más interesa al PSG es la del Madrid, que permite tenerle un año más en París. Pero nosotros no vamos a cambiar nuestras ideas”, defendía Roberto horas antes de tomar la decisión definitiva.

Hoy, mucho más tranquilo y sin tapujos para contar lo sucedido, Ronaldinho admite que aquellos días fueron decisivos y absolutamente caóticos: “Yo miraba a todos. Al Manchester United y sí, miraba también al Real Madrid. Era imposible que, como amante del fútbol, no mirara a ese equipo donde estaban los mejores del mundo jugando todos juntos. Yo tenía ganas y quería jugar con esos futbolistas”, desvela, dejando clara con su sonrisa, la contundencia de sus palabras y la alegría en su tonalidad, que vestirse de blanco habría sido un reto enorme para ese chico en busca de un gran equipo mundial. Pero había muchos factores. Los ingleses tenían a favor el factor tiempo, pues habían sido los primeros en apuntar directamente al corazón de la operación, el dinero a invertir en el crack en el que habían depositado sus esperanzas de continuar siendo grande en Europa. Ya había 24 millones de dólares sobre la mesa desde Old Trafford. Los madridistas estaban inmersos de lleno en su etapa de ‘galácticos’ y, justo cuando se sumaban dudas sobre el futuro de Figo en la banda derecha, el elegido estaba ya predestinado y, para tener paz en ese cambio, su ideal era cerrar al brasileño pero dejarlo un año más en suelo parisino. Y los azulgrana, que incluso estaban en proceso electoral con diferentes opciones abiertas a su presidencia, no tenían nada, nada… excepto el contacto adecuado.

Ronaldinho lanza un falta con el Barcelona

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“Todo fue muy lindo y muy rápido. Un gran amigo mío iba a ser parte de la directiva del Barcelona, Sandro Rosell. Antes de que llegaran ofertas, él me había preguntado si jugaría en el Barcelona cuando ellos ganaran las elecciones y fueran los presidentes y yo le había dicho que sí. Estaba casi yéndome al United, eran detalles lo que faltaba, pero a última hora Rosell me llamó para decirme que iban a ganar las elecciones. Y eso hizo que todo fuera rápido”, explica. No puede negarse que estuvo a punto de cambiar el diseño de los últimos años del fútbol europeo, pues nada hubiera sido como fue de haber llegar al United o, qué decir, de haberse decantado por el Real Madrid: “Aunque me gustaban los Galácticos y el fútbol inglés también, a mí siempre me llamó la atención el Barcelona. Yo quería jugar ahí”, recalca. Sus recuerdos le colocaban una idea en la cabeza, la de que los mejores futbolistas brasileños a los que él vio jugar, lo hicieron en el Barcelona triunfalmente: “Cuando fiché, cuando se dio todo, no sentí presión, sino alegría. Tenía la oportunidad que todos los jugadores querían, jugar en un grande como el Barcelona. Y yo iba a tener la oportunidad de seguir los pasos de mis ídolos. Estaba orgulloso de jugar donde Romario, Ronaldo, Rivaldo y yo tenía la opción de ser la nueva ‘R’ del Barcelona y esto, la verdad es que me encantaba”, apunta con los recuerdos muy frescos y la absoluta certeza de que, pese a que pudo terminar en cualquier otro destino, el ideal y el acertado, era jugar en el Camp Nou gracias a la capacidad de Rosell.

Era un Barcelona apesadumbrado, sin rumbo tras la dimisión del presidente Nuñez y con escandalosas inversiones durante el fugaz mandato de Joan Gaspart. Pero sobre todo, con una sequía de títulos que duraba cuatro años y sin una representación clara de las premisas futbolísticas que siempre abanderó. Esa búsqueda en pro de un nuevo organigrama deportivo que reactivara los ideales del pasado y que creara las bases del futuro, llevaba mucho tiempo resistiéndose, pero la llegada del nuevo presidente Joan Laporta reajustó sus mecanismos naturales en aspectos sociales, económicos y, desde luego, deportivos. Allí, iban a llegar nuevas ideas de la mano de Frank Rijkaard. Allí iban a llegar nuevos refuerzos en los pies de Etoo, Márquez y Deco. Y allí, Ronaldinho iba a ser el auténtico epicentro en la concepción de un nuevo Barça, ése al que él le otorgó su sonrisa como bálsamo para renacer: “Uno necesitaba al otro. El Barcelona necesitaba alegría y yo necesitaba al Barcelona. Entonces fue la unión perfecta”, estalla a reír. Y ese sentimiento positivo, esperanzador y optimista, rompe por lo sano respecto a lo anteriormente vivido, una madrugada, con un partido de Liga extraño y un gol… único: “Mi primer gol. Fue todo muy lindo. Primer partido y todo preparado para mejorar. A partir de ese gol, empezó a cambiar la historia”, asegura. “El Barcelona ha tenido grandes futbolistas, muchos, antes de que yo llegara. Pero es verdad que no atravesaba buenos momentos y que el Real Madrid de los ‘Galácticos’ era un equipo increíble que no sabemos si veremos alguna vez más en la vida. Así que nosotros llegamos justos para superarlos. Fue nuestro momento, muy lindo”, analiza el brasileño respecto a esos primeros detalles que iban a significar un cambio en la dinámica del fútbol español y europeo.

Gol de Ronaldinho al Sevilla

Ronaldinho celebra título de Liga con el Barcelona

Dinho tiene claro que todo lo que revitalizó al barcelonismo llegó gracias a una persona que supo entender qué es lo que necesitaba el equipo y cómo sacar el máximo provecho de cada jugador. Él mismo, que jamás ha vuelto a sentirse tan cómodo, admite que el culpable se llama Frank Rijkaard: “El mejor entrenador con el que he trabajado. Con el que mejor estuve, el que más me ha enseñado, el que me dejaba más libertad para poder jugar como yo quería”, recuerda sobre el técnico holandés, primer paso deportivo para que aquella generación de canteranos y aquellos refuerzos, mezclaran fuerzas hasta generar un colectivo que llegaba en momento ‘dulce’. “Todos los futbolistas aquí tenían un nivel altísimo. Éramos todos muy jóvenes, con ganas de triunfar y hacer historia. Entonces, fue todo perfecto. Teníamos un capitán, Puyol, que era ejemplo. Un gran técnico, jugadores de calidad y donde todos nos entendíamos. Nadie quería ser más que nadie. Sino que todos buscábamos divertirnos con una idea, la de tocar solo dos veces máximo la pelota. Después llegaron más jugadores importantes como Deco o Etoo e hicimos un gran equipo”, explica, retrotrayendo sus recuerdos a la actualidad, donde es inevitable imaginarse una nostalgia en su rostro cuando habla de los que para la gran mayoría de analistas, fueron sus años más gloriosos.

El brasileño era el icono, el líder, el astro, el genio, el epicentro, la cúspide y el huracán que había desmantelado el pasado a base de una desbordante amalgama de movimientos enérgicos y goles imposibles. Ahora era agasajado en Stamford Bridge tras su show de cintura en una noche épica. Ahora era abrazado por sus chilenas inverosímiles en los partidos decisivos Ahora, era aplaudido incluso por el estadio del eterno enemigo, el Real Madrid y aquella mítica tarde en el Santiago Bernabeu. Y ahora, era campeón de Europa tras un año espléndido finiquitado con una finalísima en París que jamás olvidará: “La competición más importante de clubes. Y me faltaba. Había ganado todo ya. Mundial, confederaciones, copa américa, Ligas y Copas… Me faltaba para hacer el plan perfecto en mi carrera”, destaca sobre ese palmarés al que aun le quedaban cosas por acumular.

Gol de Ronaldinho al Chelsea

Ese Dinho era imparable, único, absolutamente eterno y, por tanto, Balón de Oro: “De los premios individuales, es el más importante. Es divertido mirar hoy cuando se lo dan a otro compañero. Miro, pienso y digo… Sé lo que está pensando, sé lo que está viviendo. No puedo ni hablarlo con la gente, con amigos o con otros futbolistas porque nadie puede saber lo que uno siente cuando está ganando algo tan grande”, recuerda con naturalidad sobre ese Balón de Oro que recibió en 2005 (tras haber sido de bronce en 2004 y haber sumado ya varios Fifa World Player por el camino). Ese fue su año. Ese fue el momento que la historia había guardado para él. Ese Barcelona ganó dos Ligas españolas consecutivas, una Champions League y logró situar al club en la histórica cifra de 140.000 socios, lo que evidenciaba un aumento global de simpatizantes y posibilidades financieras gracias a su rendimiento (en 2006 superó a Beckham en el más rentable lejos del césped). Dos años habían servido para cambiarlo todo y aquella sonrisa, era la del nuevo Barcelona.

Ronaldinho besa el Balón de Oro
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Ronaldinho celebra un gol con el Barcelona
Ronaldinho celebra el título de Liga con el Barcelona
Ronaldinho y Puyol levantan la Copa de Europa con el Barcelona
Ronaldinho y Jo Alves tras ganar la Copa Libertadores con el Atlético Mineiro
Ronaldinho con Brasil de joven

07Brasil: Dos décadas canarinho

Hay una imagen extra-futbolística que recorre el mundo por su capacidad de atracción y naturalidad hacia todo el disfrute que rodea a la pelota para algunos futbolistas. Siempre van acompañadas de samba, batuca y sonidos fiesteros pero, además, respaldadas por las sonrisas, felicidad y diversión que representan para los jugadores brasileños vestirse los colores de la Seleção. ¿Cómo se consigue esa unión y liberación previa a grandes partidos? ¿Cómo se genera la sensación de diversión en contextos tan competitivos?: “No hay cómo explicar estas cosas. Es nuestra forma de ser, de vivir. Disfrutamos de jugar al fútbol, disfrutamos del momento y tenemos conciencia de que estos sueños son para muy pocos. En un país como el nuestro, donde todos juegan muy bien al fútbol y donde todos quieren estar donde nosotros, tener la suerte de ser parte de algo tan grande, creemos que tiene que ser algo para disfrutar de verdad en todo momento”, resalta Ronaldinho, que es incapaz de pensar en una Brasil más fría, displicente o excesivamente metalizada sin su ritual habitual antes de los partidos en cada uno de los entrenamientos. Si no hay buen ambiente, ritmo y compañerismo en base a estos patrones, nada podrá salir bien. Es el primer paso, la primera regla y el primer obstáculo.

Lo dice quien lleva toda su vida representando a diferentes escalas, niveles y exigencias, a la selección brasileña por todo el mundo. Suficientes argumentos como para que se siga desprendiendo de sus palabras una clara sinceridad, la de que no ha sentido nada más grande que ponerse la canarinha una vez tras otra durante las últimas… dos décadas: “He tenido suerte de vestir la camiseta de la selección desde muy joven. Desde los 14 he vestido esta camiseta, porque debuté con 14. Y me quede veinte años con ella porque desde los 14 hasta los 34, siempre he vestido la camiseta de la selección. Es lo más grande que un jugador puede sentir y querer”, defiende. Pero ponérsela no es sino un punto dentro de todos los condicionantes de presión, exigencias, tensiones y obligaciones competitivas que supone ser el mismísimo 10 de la considerada selección más poderosa de la historia.

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Ronaldinho con Brasil en el Mundial 2002

Por ello, estar en la élite más absoluta, le hizo crecer primero, superar barreras después y acabar ganando los títulos que recordará para siempre cualquier brasileño. El suyo, jamás olvidará el Mundial 2002: “Todo fue perfecto. El mejor equipo posible. El mejor equipo en el que he jugado. Recuerdo todo con detalle. Por ejemplo el día de Inglaterra fue muy especial. Ese partido para nosotros y para el Mundial era clave. Todos decían que podía ser una final anticipada y que el equipo que ganara ese partido, estaba allí preparado para ser campeón. Y es que pasó de todo. A mí me pasó todo. Hice asistencia, hice gol y acabé expulsado. Muy diferentes sensaciones y muy difícil de olvidar para mí ese partido. Salió bien y avanzamos”, analiza respecto al partido que, seguramente en toda su historia con Brasil, será el que más se repetirá en la mente de aquellos que analicemos durante años la capacidad de Ronaldinho.

Minutos donde destrozó a rivales, inventó, disfrutó, creó y hasta marcó un extraño gol de falta desde muy lejos superando a un sorprendido portero inglés, Seaman. Un paso clave para que los de Felipe Scolari lograran seguir adelante y culminar finalmente su título Mundial ante Alemania en la final. El torneo llegaba muy pronto en la vida del gaucho (aún estaba en el PSG a expensas de explotar), pero nunca iba a lograr semejante éxito y es algo que, con el paso de los años, le dio tiempo a saber valorar en su justa medida: “Con ellos he realizado el sueño más grande de los niños brasileños. Todos quieren jugar con Brasil y poder ganar el Mundial. Entonces yo logré hacerlo realidad y eso es imposible de olvidar y quedará para siempre en el corazón”, asegura, sintiendo que ya pasó esa mejor versión y época con la única camiseta fiel que le acompañó durante toda su vida.

Ronaldinho con la Copa del Mundo tras ganar con Brasil el Mundial 2002

Ilustración de Ronaldinho con Brasil

08Querétaro, el penúltimo regate

Es ese hábitat maduro y perfectamente encauzado hacia sus últimas temporadas como futbolista de élite, el que le ha llevado a encontrar un contexto perfectamente adecuado a sus necesidades actuales. Un entorno donde todo lo que le rodea sea afectuoso y donde, sobre todo, siga encontrando estímulos y nuevos retos para competir en busca de aquello que aún no logró. Hoy, con 34 años y jugando en un Querétaro que jamás tendrá un futbolista de semejante envergadura, su aureola de estrella sigue vigente entre quienes nunca soñaron verlo jugar en su equipo. Su afán de protagonismo, de disfrute eterno y de sonrisa imperturbable, le lleva a desafiar a cualquiera que pretenda ver en él a un futbolista que piensa en el adiós: “Yo soy muy positivo y pienso que mi mejor momento como futbolista, aún no ha llegado”, lanza desbordando optimismo, ganas de seguir luchando por retos diferentes y dejándonos claro que su afán por disfrutar jamás va a abandonarle.

Ronaldinho celebra gol con Querétaro

“Yo soy muy positivo y pienso que mi mejor momento como futbolista, aún no ha llegado”

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Firma de Ronaldinho

Reportaje: José David López

Entrevista: José David López

Video: Sr.Grunberg, Canal 3 Querétaro, Agencias y YouTube

Edición: Francisco Ortí y José David López

Ilustraciones: (por orden de aparición en reportaje): Diego L.Rodríguez, Emilio Sansolini, Ahmed Mostafa, David Gallart y Francisco Ortí

Fotos: Getty y agencias.