CABECERA

Texto: José Hernández (@RainerBonhof) / Entrevista: Massimo Callegari (@maxcallegari)

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01La final de 1984

El momento clave de la carrera de Graziani llegó con la final de la Copa de Europa de 1984, cuando ya era jugador de la Roma. Su equipo vivió un camino plácido hasta las semifinales, eliminando sin demasiadas dificultades al Goteborg, al CSKA Sofia y al Dinamo Berlín. El último obstáculo antes de llegar a la gran cita fue el Dundee United, un humilde conjunto escocés que se aprovechó en el encuentro de ida de la poca intensidad defensiva de la squadra dirigida por Nils Liedholm, y también de la ausencia de Falcao, el Dundee terminó venciendo 2-0. El 25 de abril, día de la Liberación de Italia, debía disputarse el encuentro de vuelta. El olímpico de Roma se llenó hasta la bandera para buscar la remontada, convencidos de que esta era la última gran batalla de la competición, y que si esa tarde salían vivos el trofeo no se les podría escapar en ese mismo escenario un mes más tarde.

El milagro comenzó a gestarse en el ecuador del primer periodo, cuando el cazagoles de la Roma Roberto Pruzzo remató a la red un buen centro de Conti desde la esquina. Antes del descanso los italianos ya habían conseguido empatar la eliminatoria (con otro tanto de Pruzzo a pase de Falcao), provocando el éxtasis en el estadio y la conjura general de cara al segundo tiempo; nadie dudaba ya de la clasificación romanista, pero faltaba un gol más. Los de Liedholm arrinconaron al temeroso conjunto escocés convencidos de que la calidad de sus hombres de arriba les pemitiría lograr el tercer tanto, pero no fue hasta el minuto trece de la segunda parte cuando el colegiado Michel Vautrot señaló un penalti cometido sobre la estrella del partido, Pruzzo. Di Bartolomei lanzó con maestría y consiguió el gol definitivo que servía para dejar fuera de la competición al Dundee. La Roma disputaría la final de la Copa de Europa.

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Pero la intrahistoria de aquel duelo saldría a la luz meses después, cuando el presidente de la Roma Dino Viola y varios intermediarios fueron acusados de ofrecer 100 millones de liras al colegiado francés Michel Vautrot. Según las investigaciones el dinero no llegó a las manos del árbitro, pero sí que se demostró que el presidente de la Roma Dino Viola llegó a ofrecer la compra. De hecho el dirigente fue sancionado en 1986 por la UEFA debido a este caso, un castigo del que se salvó la Roma como club (fue perdonada tras ser sancionada en primera instancia). Lo cierto es que aquel duelo quedó señalado como un lunar oscuro de la historia de las competiciones europeas. Un día antes de la gran final, el trofeo llegó a la ciudad eterna en medio de la satisfacción y esperanza de los tifosi.

Roma esperaba a los aficionados del Liverpool, hinchas que serían minoría ante los fanáticos locales que no dudaban de la victoria de los suyos. Los jugadores de la AS Roma sin embargo, se concentraron en un lugar alejado del centro de Roma, bullicioso y expectante esos días: “Nos sentíamos fuertes y favoritos por el hecho de jugar en casa. Y pensábamos que siendo locales estaríamos más convencidos de lograr un buen resultado. Pero había tanto entusiasmo en torno a este evento y a este equipo, que Liedholm, sin ser amante de las concentraciones, prefirió llevarnos lejos de Roma. Fuimos a hacer un periodo de preparación lejos, en Trentino, porque queríamos aflojar la tensión y el entusiasmo que existía en torno al equipo. Volvimos a Roma una semana antes del partido. Esos días se sentía ese entusiasmo, pero era una sensación muy buena, porque en el fondo te hacía sentir protagonista, el centro de atención. No era una sensación opresiva de los aficionados, era la atmósfera justa”.

En frente estaba el Liverpool, uno de los grandes dominadores del fútbol continental en los anteriores años, pero que ya no contaba con Bob Paisley en su banquillo. Los Reds se llevaron dos torneos domésticos esa temporada, y aspiraban a inscribir su nombre en el historial de la Copa de Europa por cuarta ocasión (habían sido campeones continentales por última vez en 1981, cuando vencieron al Real Madrid). Curiosamente ya sabían lo que era ganar la Copa de Europa en el estadio olímpico de Roma, lo hicieron en 1978. Pero esta vez la dificultad sería mucho mayor, y tal vez por ello Joe Fagan se llevó a los suyos a Israel para jugar un amistoso de preparación y alejarse de la tensión que podían vivir en las islas. Además, en aquel viaje los jugadores se relajaron con mucha cerveza de por medio, algo que les sirvió para aliviar tensiones antes del gran día. En la prensa solo se hablaba de Rush y Falcao, las grandes estrellas de los dos equipos. Pocos lo hacían de Graziani y Grobbelaar, que se convertirían en los grandes nombres de la final horas más tarde.

“El partido fue bonito, un poco tenso. Recuperábamos un jugador importante como Falcao. Nos encontramos a un Liverpool al que sinceramente no esperábamos tan fuerte desde el punto de vista mental. Ellos estaban habituados al peso de una final, a luchar por estos objetivos, y muchos de nosotros vivimos este partido con demasiada emotividad. Gastamos energías incluso antes de empezar. Se adelantaron en el marcador en una jugada especial en la que existió falta sobre Tancredi, que el árbitro no señaló. Después nos recuperamos gracias a Pruzzo, que empató el partido antes del descanso. Sinceramente pensábamos que en el segundo tiempo podíamos hacer más y ganar el partido, pero fue uno de los pocos encuentros del torneo donde jugamos por debajo de nuestro nivel”. Hay que recordar que hasta ese día la Roma había vencido en tres de sus cuatro encuentros de Copa de Europa como local por 3-0.

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Teniendo en cuenta que el partido se disputaba en su estadio, era lógico que los ingleses tuvieran temores. “Quizá fuera por el ambiente, el nerviosismo, la tensión, o ese gol que todos queríamos, todo nos influyó. En el segundo tiempo no jugamos demasiado bien pero nos rehicimos un poco en la prórroga, aunque ya estábamos cansados tanto nosotros como ellos, y como todo el mundo sabe, el partido terminó en la tanda de penaltis.” Los nervios se apoderaron de las miles de personas que abarrotaban el Olímpico. Nadie hubiera querido que el partido tuviera que decidirse de una forma tan dramática, y no eran pocos los que se encomendaban a supersticiones o santos divinos. Incluso hubo quien pensó en el presidente Pertini como talismán (presente en la grada y que tan buena suerte le dio a la selección italiana dos años atrás en el mundial de España).

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“Los penaltis se convierten en una gran lotería por varios motivos: cansancio, nervios, la tensión que te crea… y ahí no estuvimos acertados ni tuvimos suerte. Yo estaba entre los no lanzadores, en los penaltis tenían que estar Toninho y Pruzzo. El último de ellos tuvo que ser sustituido al final del primer tiempo y Toninho se lesionó. Por tanto, en el momento de lanzar los penaltis Liedholm nos llamó y nos dio los nombres de los que teníamos que lanzar, yo dije: Sí, por mí no hay problema, yo lo tiro encantado, pero prefiero lanzarlo primero ya que estoy nervioso, sufrí muchísima tensión en los penaltis. Entonces sucedió una cosa muy extraña. Ellos lanzan el primer penalti y lo fallan. Di Bartolomei me dio el balón y me dijo: Ve, tíralo. Fui al punto de penalti, pongo el balón, y cuando me volvía hacia atrás para coger carrera veo que viene Di Bartolomei y me dice: Ciccio párate, el mister quiere que lo lance yo. Es supersticioso y quiere que lo tires tú luego. Y yo dije, OK, pues si las cosas tienen que ser así tíralo tú. No es una justificación a que después lo falle, ya que podría errar en cualquier otra circunstancia. Pero esto me creó mayor tensión y fue una señal negativa”.

Steve Nicol había fallado el primer penalti para el Liverpool y Di Bartolomei marcó el suyo tras la sorprendente orden de última hora por parte de Liedholm. Phil Neal dio esperanzas a los reds y entonces, Grobbelaar comenzó su particular show de la noche al simular que masticaba spaguetti con el hilo de la red. Su conducta influyó en los nervios de Conti, que no pudo dirigir su disparo entre los tres palos y envió el esférico por encima del larguero. Posteriormente lanzaron Souness y Rush por el Liverpool y Righetti por parte de la Roma, los tres transformaron sus lanzamientos. Fue cuando llegó el turno para Graziani y ocurrió el momento mítico, los segundos que pasaron a la historia del fútbol. El guardameta del Liverpool comenzó a temblar, moviendo sus piernas de forma extraña para intimidar al lanzador italiano.

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No me preocupó ni confundió el hecho de que Grobbelaar se moviese como un payaso. Lo que recuerdo bien, lo que me fastidió, fueron los muchos fotógrafos que había detrás de la portería. Antes no era como ahora, ahora no hay fotógrafos detrás de las porterías cuando hay lanzamientos de penalti, nunca. Aquella fue una de las pocas veces. A mí y a otros compañeros nos molestaron los flashes. En el momento en el que tú colocas la pelota, sales a la carrera y miras la portería, y que ves todos los flashes que te enfocan, es algo que molesta. Después había otra cosa, ese muro de 50 o 60 fotógrafos detrás de la portería no me daban profundidad; la portería me parecía estar a un kilómetro. Se redactó una carta a la UEFA diciendo que nos crearon un problema con los fotógrafos, no sé si el cambio posterior fue producido por esta queja de la Roma”.

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02Campeón del mundo en la desgracia

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Reportaje y Entrevista: Producción: José David López – Entrevista: Massimo Callegari

Edición: Francisco Ortí y José David López

Edición Video: Daniel Morales

Ilustraciones: Tomás Godoy y Diana Estefanía

Fotos: Getty y agencias.