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En un contexto de problemas sociales, violencia y muertes llevadas al estadio, el fútbol colombiano necesitaba soluciones. En el año 2000, el Padre Alirio inició un proyecto de convivencia, debate y talleres donde reunió cara a cara a los líderes de las barras más peligrosas de Bogotá. Logró desarmarles, darles oportunidades y re-interpretar la cultura del fútbol. Su ‘Goles en Paz’ representa el intento más exitoso y ejemplar frente a los que quieren convertir la pelota en su arma de guerra. “El fútbol es la única religión sin ateos”.

José David López (@elenganchejd)

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01Bogotá: Millonarios y Santa Fe

Un total de catorce clubes saben lo que es levantar algún título liguero nacional en la historia del fútbol profesional colombiano. Una cifra bastante alta, lo que evidencia altibajos en aquellos teóricos gigantes, equidad por mantenerse en la élite y muchas sorpresas a lo largo de los más de 75 años de goles que acompañan sus partidos. Atlético Nacional y Millonarios (14), América de Cali (13), Deportivo Cali e Independiente Santa Fe (8), son los más campeonísimos. Todos, por conseguir una ‘estrella’ (denominación utilizada en Colombia para bautizar al campeón de cada temporada) y todos, por representar de igual manera al fútbol cafetero a nivel internacional en la Copa Libertadores. Esa grandeza, la de ser el color colombiano a ojos del continente en la competición más atractiva para quienes divisan desde más allá de América, no ha sido sin embargo una tarea fácil. Pese a tantos campeones y tantas grandes etapas de clubes históricos colombianos, solo Atlético Nacional en 1989 y el mucho menos afamado Once Caldas en 2004, pudieron colocar su nombre y el de su país en los altares del fútbol americano.

Tantos campeones nacionales y tan pocas noches de oro en su hábitat internacional, demuestran que son muchos los clubes que, con un buen desempeño concreto, han podido optar a la gloria nacional sin sobrepasar esa línea. Una clara representación de buen nivel medio de su fútbol y de la tan variada demanda de grandes clubes distribuidos por todo el país (a excepción del sureste, donde la amazonia evita la proliferación de practicantes futbolísticos de nivel). Sin embargo, pese a haber tenido campeones en cada latitud del país, la gran masa, la gran pasión, la gran energía y, sobre todo, el gran Clásico lo disputan en la caótica y gigantesca Bogotá: Millonarios y Santa Fe.

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Un hincha santafesino diría que ellos fueron los primeros campeones del fútbol profesional en el país, que representan el equipo de la garra, del león, del talante y que, desde luego, ha logrado actualizar sus éxitos debido a una gran política regenerativa que le permite además competir a gran nivel en la escena internacional cuando su historia, al menos durante grandes y largas décadas, no fue así: “Debe haber pocos clubes en el mundo con una hinchada que empuje tanto hasta el final. Yo estoy seguro que debió dar muchos puntos al equipo. Cuando yo jugaba, marcábamos muchos goles al final porque no nos dejaban de animar jamás”, recuerda Alfonso Cañón, máximo goleador histórico de Independiente Santa Fe (146 goles). “Cada semestre, cada torneo, a uno lo decepcionan. Promete que no va a volver, Pero arranca un nuevo torneo y allí está de nuevo. No hay manera”, recalcan sus hinchas a la puerta del estadio cada semana.

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03Padre Alirio: “Goles en Paz”

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Él mismo preparaba pelotas con celo, las destrozaba en las calles de su barrio y las rediseñaba con los años cuando la llamada de Dios apareció en su vida. El seminario ofreció su versión más comodín, pues le daba igual ser arquero que defensa, porque sudaba y daba lo mejor de sí mismo. Y a quien no se deja nada en cada jugada, no se le puede exigir más. Fundó su propia escuela de fútbol y hoy sigue en activo. Hincha de Millonarios desde que era un crío, sin ocultarlo, accedió cada vez pudo a El Campín. Y cuando no le fue posible, lo vivió sin parar desde la distancia. Pero hace muchos años que al Monseñor-Padre Alirio le devoraba un sentimiento interior, el de un fútbol anestesiado, testigo de crímenes y golpeado por quienes pretenden aprovecharlo para sacar su violencia a relucir. Cansado de muertes absurdas y de contextos violentos donde debería reinar la paz, el fútbol le pidió ayuda y él, con sus propias manos, se la ofreció.

Goles en Paz fue un programa creado por La Secretaria de Gobierno de la Alcaldía Mayor de Bogotá, el programa para la Vida Sagrada, El Instituto Distrital para la Recreación, Deporte y la Policía Metropolitana, los clubes Deportivos y un grupo de 20 personas. El líder, el que dio forma a la idea y el que la engendró con el propósito de reducir los grandes índices de violencia que sufre Bogotá por culpa de las mal llamadas “Barras Bravas”, fue Alirio. “Es producto de la intolerancia, de la crisis e inversión de valores. Estamos acabando con el fútbol. Son unos pocos, desafortunadamente, que se camuflan en unas camisetas y que van destruyendo y acabando los sueños y las esperanzas de buenos hinchas, de muchachos, quienes son enfrentados por llevar una camiseta”, recalca.

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¿Cómo reducir a quien no quiere? Alirio buscaba el descenso de estos índices violentos fomentando buena educación desde muy temprana edad, mostrándoles el valor que tiene la vida de otros y el sentido de pertenencia hacia los demás. Se basó en sus creencias, en su pasión hacia la pelota y en cómo el deporte ofrece una larga serie de alternativas positivas completamente alejadas de lo mundano. Realizó cientos de torneos de fútbol con algunos hinchas que pertenecen a barras bravas de equipos bogotanos (también de todo el país) e interfirió en charlas, reuniones y debates entre los ‘Comandos Azules’ de Millonarios de Bogotá, la ‘Guardia Roja’ del equipo Independiente Santa Fe, e hinchas de ‘Los del Sur’, de Atlético Nacional. Todo, no solo en un contexto sano y pacificador, sino que concienció a miles hasta el punto de ser capaz de retirarles armas, influenciar hacia sus familiares para romper vicios de drogadicción-alcoholismo-violencia y mejorar la calidad de vida de familias donde el ‘barrismo’ estaba destrozando a diario una conducta civilizada.

Decidió generar espacios para trabajar en programas de convivencia, de liderazgo, de música, de encuentros deportivos entre los líderes o entre las barras. Durante más de ocho largos años, desde 2000 hasta 2009, participaron casi 10.000 personas para crear una cultura diferente de fútbol y “acabar con eso de barras bravas para comenzar a trabajar por ‘barras futboleras’ o ‘barras populares’”. Hoy, alejado del programa por sus obligaciones religiosas y laborales, sigue siendo el patrón al que todos miran cuando las conductas agresivas recuperan protagonismo. Y hoy, sigue siendo el analista número 1 para abordar el tema del barrismo y esa otra cara del fútbol que nadie quiere tener que comentar en Colombia.

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Reportaje y Entrevista: José David López

Edición: Francisco Ortí y José David López

Ilustraciones: David Rodríguez y Diana Estefania

Fotos: Getty y agencias.