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Texto: Fran Alameda (@Fran_Alameda) / Entrevista: Radio Praha

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Ilustración de Masopust
Ejercito comunista en Praga

02El Duckla, equipo de Masopust y del ejército

Pero no olvidemos la pregunta. Masopust, pese a que su selección ya había llegado a las semifinales de la Eurocopa en 1960 y su equipo, entonces el Duckla de Praga, había ganado algunas ligas con él y Pluskal como principales figura, era un tipo querido por un sector pequeño y odiado por muchos más. El Mundial cambió la percepción sobre Masopust, pero la repudia a su club era mucho más inherente a la cultura futbolística-política de Checoslovaquia que el amor nacionalista que se le podría ofrecer en forma de agradecimiento.

El Duckla de Praga era el único equipo militar del país. Masopust, un hijo de minero comunista, se había formado en el Uhlomost Most y había llamado la atención, con apenas 18 años, de la directiva del Teplice. Sin embargo, la realidad del país se impuso en el transcurso de la vida futbolística de Masopust, como de tantos otros. El servicio militar era obligatorio y Josef tenía que ceder el espacio del fútbol al ejército. El Ducka de Praga reclutaba momentáneamente (a priori) a los jugadores que estaban formándose en el ejército con el objetivo de que no abandonaran la práctica deportiva. Este, además de su ligazón estrecho y político al poder (ya saben: corrupción, ventajas, etc.), era el motivo de odio hacia el equipo y, evidentemente, hacia su jugador baluarte.

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Una vez acabado el servicio obligatorio al ejército, los jugadores podían abandonar (o no) el Duckla de Praga. Masopust dice que por supuesto no había obligatoriedad alguna de quedarse, pero la leyenda del resto del país dice algunas otras cosas distintas. Como por ejemplo: el Duckla contaba con ventajas económicas e imponía algo más que respeto como “empresa”. El Caballero checo explica: “Las condiciones en el Duckla era favorables y decidí quedarme junto a otros compañeros más”. A priori, lógica empresarial y humana si no fuera por lo que le precedía: un equipo que obtenía jugadores con la excusa (real) del ejército.

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“Puskás y yo nos conocíamos muy bien porque, antes de que escapara de Hungría, jugaba para el Honvéd de Budapest, que como el Dukla de Praga, era un equipo militar. Por esta razón nos enfrentamos muchas veces. Cada vez que los entrenadores querían ponernos a punto de verdad, hacían una llamada al ejército, y de un día para otro organizaban un partido. Un avión militar nos llevaba y nos traía. Echábamos varios partidos así al año. Puskás era uno de los pocos húngaros que hablaba alemán, igual que yo, así que a la cena nos sentábamos juntos y nos contábamos qué tal nos iba todo. Por eso nos saludamos con tanta alegría en aquel partido contra España”, confesó Masopust.

Así, el Duckla fue uno de los mejores equipos checoslovacos entre los 50-60 (tanto que su equipo filial, que jugaba habitualmente en segunda, ganó en una ocasión la Liga, aunque no ascendiera). No había en ellos una semilla romántica, sino el ejercicio obligatorio militar y sus reclutas. Los jugadores, puesto que el equipo adquirió fama, títulos y dinero, acababan quedándose, pero al resto del país aquel atajo para crecer con el beneplácito del Gobierno no le gustaba. Los hinchas de Slavia y Sparta odiaban al Duckla y, por ende, a Masopust, quien convivía con cierta dificultad con las críticas. El Duckla comenzó a adquirir fama europea. Sus participaciones en la Copa de Europa cambiaron el sino que determinaría aquel Mundial del 62.

Duckla 1967

“El odio cambió cuando jugamos la Copa de Europa. Nunca se había jugado en Chequia y todo el mundo nos apoyó entonces muchísimo”, explica Masopust, aún vivo y con el recuerdo iluminado. Aquellos paseos por Europa (Madrid, Manchester, Lisboa…), el Mundial del 62 y el Balón de Oro para el mito checoslovaco, relajaron la tensión y muchos aceptaron (con reservas) al mito como lo que era: el mejor jugador de la historia del país y uno de los mejores de su tiempo.

En total, ocho títulos, las semifinales de la Eurocopa del 60, la final del 62, el Balón de Oro y un regate eterno, el eslalon de Masopust. Hizo camino y leyenda al andar, incluso más allá del fútbol. A la anécdota con el recordado Pelé, quien además dijo de él que era imposible que fuese europeo y no brasileño con esos cambios de ritmo, hay que sumarle sus jugadas y un hito para el fútbol checoslovaco: fue el primero en salir a jugar fuera del país. Con 38 años no soportaba el ritmo de competición y decidió marchar a probar el sabor de lo ajeno. Siempre preocupado por dar buena imagen, Masopust tuvo que adelgazar para marchar a Bélgica a jugar como confiesa él mismo. “Perdí peso para que no se pensaran que iba a una feria de ganado y no a jugar al fútbol”.

MASOPUST DUCKLA
Once del FIFA XI contra Inglaterra en 1963

03El partido de las estrellas

Once del FIFA XI contra Inglaterra en 1963
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Reportaje: Fran Alameda y José David López

Edición: Francisco Ortí y José David López

Ilustraciones: Nicolas SarmientoJose Matheu

Fotos: Getty, CTK y agencias.