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¿Si pudieras cambiar una cosa de tu pasado cuál sería?

Por Francisco Ortí (@franciscoorti)

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Tras lo sucedido en el Mundial de Sudáfrica 2010, Asamoah Gyan no volvió a ejecutar un penalti. Aquellos dos lanzamientos que hizo en los cuartos de final ante Uruguay saciaron su sed de gol desde los once metros, pero el destino volvería a situarle en el punto fatídico dos años después. Y lo haría de la forma más cruel. De nuevo en un momento decisivo, de nuevo frente las puertas de la historia y de nuevo se le cerraron en pleno rostro. El buen rendimiento ofrecido por Ghana en el Mundial de 2010 consagró a las Estrellas Negras como la mejor selección de África. Eso provocó que los ghaneses llegaran a la Copa de África de 2012 con el cartel de máximos favoritos para llevarse el título de campeón. No había duda de que se trataba de la mejor selección y así se fue demostrando durante el torneo. Ghana avanzó con paso firme por el torneo hasta que en semifinales se vio las caras contra Zambia, revelación del campeonato, con Hervé Renard en el banquillo y los sorprendentes Mayuka y Katongo como goleadores en ataque.

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El partido se desarrolló con la igualdad habitual en las últimas eliminatorias de la Copa de África desde la colonización de los entrenadores europeos en los banquillos de selecciones africanas. Aunque Asamoah Gyan tuvo la oportunidad de desequilibrar la balanza a favor de Ghana a los siete minutos de partido. El lateral derecho zambiano, Davies Nkausu, cometió una torpeza y derribó a un jugador ghanés dentro del área, facilitando que el colegiado decretara penalti. Como un alcohólico en periodo de desintoxicación, Gyan contaba los días que llevaba sin lanzar un penalti. Su mente le pedía un día más de abstinencia, pero su cuerpo, atraído por la responsabilidad, se acercó al punto fatídico. Quería marcar el gol que llevara a Ghana a la final de la Copa de África. Así que agarró el balón y decidió que sería él quien lanzaría la pena máxima. Esta vez tiró raso, asegurándose de que no se le marchaba alto. Buscó la base del palo, pero encontró el guante izquierdo de Kennedy Mweene. El portero de Zambia le adivinó las intenciones y detuvo el lanzamiento. Para colmo Ghana acabaría perdiendo como consecuencia de un gol de Mayuka a los 78 minutos y Asamoah Gyan volvió a quedar retratado como el villano de la historia.

Tras este fallo volvió a jurarse que no volvería a lanzar un penalti. Incluso se lo prometió a su madre. “Recuerdo que mi madre ya no quería verme lanzar más penaltis con Ghana. Ella estaba muy triste y furiosa por ello. Ella me pidió antes de morir que ya no tirara más penaltis. Espero que descanse en paz, pero debo respetar lo que me pidió mi madre”, nos cuenta mirando al cielo. Esta vez no ha vuelto a romper su promesa. “Por eso, como habréis visto, no tiro más penaltis con Ghana. Solo lancé un penalti más tras el Mundial, fue en la Copa África, en semifinales ante Zambia. Fallé otra vez y perdimos. Perdimos 1-0 en semifinales. Desde ese penalti mi madre me pidió antes de morir que no lanzara más. Así que ahora doy ánimos al que va a lanzar, pero no tiraré jamás”, recalca. Gyan ha colgado las botas como lanzador de penaltis, pero cuando echa la vista atrás recuerda con una sonrisa su carrera, manchada, eso sí, por su mala fortuna desde los once metros.

“Ahora tengo mucha experiencia. Recuerdo cuando debuté con Ghana, en 2003, contra Somalia y marqué gol saliendo desde el banquillo. Gran parte de mi carrera ha tenido altibajos. He tenido grandes momentos en competiciones con Ghana. Uno en la Copa África 2010 de Angola. Otro en el Mundial 2010. Un par de encuentros contra Inglaterra… Muchos buenos momentos. Pero aquel penalti es uno de los momentos más duros de mi carrera. No puedo olvidarlo. Y no creo que lo olvide hasta que Ghana pueda clasificarse para una semifinal de un Mundial. Sólo cuando eso ocurra yo podré estar bien. Eso vivirá en mí y no lo olvidaré”, nos confíesa Gyan. Todavía no ha conseguido perdonarse, pero espera que alguien le libere algún día de su penitencia. Para alejar sus fantasmas necesita que Ghana alcance las semifinales de un Mundial. No es un reto sencillo, pero tiene en quien confiar: su propio hijo. “Hubiera querido ser parte de la generación que llevó a Ghana a unas semifinales. No sé qué pasará en el futuro, pero tengo que recompensar y recuperarme en otro Mundial. Pero si no ocurre, debo vivir con ello el resto de mi vida. Quizá tenga que ser mi hijo quien me rescate”, relata entre risas Asamoah Gyan. Mientras su hijo crece, Gyan cruza los dedos con la esperanza de que alguien invente una máquina del tiempo que le permita volver al pasado para cambiar lo que sucedió el 2 de julio de 2010 en el Estadio Soccer City, de Johannesburgo. Para marcar aquel maldito penalti.

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Reportaje: Francisco Ortí

Edición: Francisco Ortí y José David López

Ilustraciones: Francisco Ortí, Aky Anyme y Ever Domínguez

Fotos: Getty y agencias.