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Por Rodolfo Chisleanschi

01EL OÍDO

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El fútbol sala de ciegos debe ser jugado en silencio y en espacios abiertos, para que el sonido de los cascabeles que la pelota lleva en su interior se oigan a la perfección, sin rebotes acústicos ni ruidos externos que lo alteren. Y sin embargo, los jugadores reciben la mayor parte de la información a través de sus oídos.

- Tú amagas haciendo sonar el balón y después tienes que estar pendiente de si el defensor se ha movido o no, porque si no se movió, no valió para nada.

- ¿Y cómo sabes si el rival se movió?

- Lo oyes si ha resbalado, por ejemplo. Y si el rival es grande también porque se te quita la sombra de adelante.

- ¿Pero entonces ves la sombra?

- Yo no veo nada, pero la sombra, la sensación de alguien cercano, se nota. Y después está el guía, que te lo puede cantar. Pero en general, tú oyes y sabes si el rival se ha ido para uno u otro lado o se ha quedado quieto.

Como es lógico suponer, el guía, que en realidad son tres por equipo –el portero, que marca los movimientos defensivos; el entrenador, ubicado a la altura del mediocampo; y un guía específico que sitúa a los delanteros y se coloca detrás de la portería rival- ocupa un lugar vital en este tipo de fútbol tan diferente al que estamos habituados a observar. “El entrenador sustituye parte de las informaciones visuales por descripciones verbales que deben ser lo más concretas y eficaces posibles”, explica José Urbano, quien fue entrenador del equipo de Málaga y guía en la Selección española durante más de una década. De hecho, Jesús Bargueiras, el actual técnico de la Roja en esta categoría, apela a “la velocidad de reacción” ante estímulos perceptivos, ”entre los cuales prestar atención al guía es uno de los más importantes”, como la principal virtud para definir el talento en este fútbol tan peculiar.

El guía ocupa un lugar vital en este tipo de fútbol

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La mayoría de los internacionales de España trabajan a diario vendiendo cupones de la ONCE

Pocas voces más autorizadas que “el Chapi” –apodo heredado de su idolatría por Albert Ferrer, aquel lateral del Barça de los 90- para hablar de talentos, habilidades y destrezas. “Justo en aquellos años, al comienzo del desarrollo del fútbol de ciegos a nivel internacional, Vicente fue uno de los mejores jugadores del mundo. Más joven que ahora, y gracias a su orientación y velocidad en el traslado, era un regateador espectacular, sobre todo en corto, con slaloms sorprendentes y endiablados. Sus goles eran verticales, después de zigzaguear y dejar atrás a los rivales”, recuerda Carlos Campos, seleccionador español durante más de dos décadas.

- De verdad que yo nunca me he sentido ni mejor ni peor que nadie. Me considero un jugador normal, con algunas aptitudes y muchas carencias, pero que cuando sale a la cancha tiene mucha mala hostia, que quiere ganar siempre, que se entrega y se compromete a fondo porque en mi mente no entra la posibilidad de perder. Aunque claro que siempre te gusta oír que hablan bien de ti o que elogian lo que haces.

- Está bien la modestia, pero incluso hubo algún árbitro convencido de que veías.

- Varios árbitros. De hecho me han expulsado por eso. Fue en el primer torneo que jugué fuera, en Roma. Era un campo de césped, de fútbol 7, sin vallas laterales como ahora ni nada. En eso corto un balón, viene un defensa, oigo que se tira al suelo y yo la levanto y salto por encima de él. Entonces el árbitro me pitó falta y me expulsó porque decía que veía. Por suerte íbamos ganando 2-0 y quedaba poco. Después, ya cuando acabó el partido le dije que tengo prótesis y me pidió disculpas.

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“Me han llegado a expulsar de un partido internacional porque, con varias jugadas que hice, el árbitro llegó a pensar que sí veía”

campo de fútbol sala para ciegos

02EL GUSTO

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No hay obstáculo que frene una pasión si se lleva en las venas. Por eso los ciegos pueden jugar al fútbol, marcar goles o defender con los dientes apretados igual que cualquier otra persona, y casi como los profesionales del deporte. Por eso, incluso, pueden elegir estilos preferidos, generar idolatrías e intentar la imitación de sus jugadores predilectos. Llevada al extremo, como en el caso de Vicente Aguilar, la pasión puede conducir a situaciones que observadas desde la lejanía resultan inverosímiles.

Pablo Zalazar fue entrenador del equipo de Madrid durante los primeros años del “Chapi” en el fútbol sala de la ONCE, y es dueño de un amplio catálogo de anécdotas: “Cuando conocí a Vicente en el año 91 su ídolo deportivo era Hugo Sánchez y le encantaba la voltereta que daba el mexicano al marcar un gol, así que tuvimos que enseñarle y practicar con él paso a paso todos los movimientos que hacía Hugo en la celebración. El problema era que más de una vez le pegó a algún compañero o rival al dar la voltereta, ya que no tenía idea quién estaba delante suyo después de correr unos metros”. Del mismo modo, en su momento, pidió qué le hicieran “ver” exactamente qué es un caño, o que acomodaran su cuerpo en el aire para dejarlo en la exacta posición en la que quedaba Rivaldo en el momento posterior a lanzar una falta. “En el año 92 o 93, estábamos en Cádiz”, recuerda Zalazar, y conseguimos ir al Carranza a ver un partido contra el Barcelona. Vicente se puso a mi lado y tuve que ir explicándole todos los movimientos de todos los jugadores y hasta porqué los hacían. Terminé más cansado que los futbolistas.

- Soy de los que analizan los partidos. Tengo pre-partido, partido, post-partido, post-post-partido… Le doy muchas vueltas, por qué ha pasado esto, por qué no he hecho lo otro.

- A la hora de las preferencias, ¿de qué te gusta jugar?

- Me gusta más atacar que defender. Sé de mis defectos y de mis cualidades, y sé que tengo un regate en corto bastante bueno, una gran visión de juego y me gusta meterme donde no cabe nadie, pero si hay que defender se defiende. Aunque defendiendo sí que tengo más carencias.

- Cuando estás en el kiosco vendiendo cupones, ¿imaginas jugadas o regates?

- Sí, trato de inventar alguna jugada para después llegar al entrenamiento y contársela al míster y sugerir que hagamos esto o lo otro.

- Tienes alma de entrenador.

- Me gusta más ser jugador. Aunque es cierto que una vez que llega la hora de retirarse si no te quieres desvincular del todo del fútbol pasas a entrenar, y sí, imagino que acabaría igual si pudiera.

“Mientras estoy en el kiosko vendiendo cupones trato de inventar alguna jugada”

Ver un partido de fútbol sala de ciegos es, por supuesto, muy diferente a uno de personas con visión normal. Y no solo por el silencio. Están las vallas laterales que evitan los saques de banda y buscan darle continuidad al juego; la indumentaria de los futbolistas, con sus parches, antifaces y chichoneras para aliviar los frecuentes impactos frontales entre jugadores; los obligatorios gritos de “voy” al ir a disputar cada balón que avisa del intento de participación en la jugada; la manera de trasladar la pelota, con el interior de ambos pies imitando el andar de los pingüinos. Y por supuesto, las tácticas y la dinámica tampoco son las mismas.

- El ritmo de juego es distinto, hay menos toques. Yo he visto partidos de fútbol sala entre profesionales y es una maravilla, juegan al primer toque. Aquí es muy difícil. La mayoría de los jugadores, por no decir todos, necesitamos dos, uno para controlar y el otro para cambiarla. Ahí ya lo estás haciendo más lento que lo normal. Aquí la transición es con dos pases, en el fútbol sala de videntes hay más aclarados, más bloqueos, más movimiento.

- ¿Te veías jugando Paralímpicos, Mundiales y Europeos cuando eras pequeño?

- No, porque cuando empecé no había nada oficial. Mi primer torneo un poco más serio lo jugué con 13 años, y a partir de allí se empezó a hablar de que iban a organizarse campeonatos de Europa o del Mundo, y entonces sí empecé a soñar con eso, pero lo veía muy lejos. Había muy poca estructura, en cada país se jugaba de una manera diferente, con reglamentos distintos, incluso el número de jugadores por equipo variaba. Hasta que en el 97 por fin comenzó todo de manera oficial.

- ¿Y qué fútbol imaginabas: el que juegas, de cinco contra cinco, o el grande que te llega a través de la radio o la televisión?

- El fútbol sala, sin dudas. El otro sabía que era imposible para los ciegos. En principio porque no es fácil conseguir 11 ciegos que jueguen bien al fútbol, y luego por el tema de la adaptación del campo. Para el fútbol sala en los colegios había siempre gente suficiente para organizar campeonatos y es más sencillo.

- ¿Pero a ti como hincha o espectador qué fútbol te gusta?

- El grande, el de 11. Me hubiera gustado poder jugar ese fútbol.

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03EL TACTO

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La fecha del 19 de abril de 2000 está en la memoria de cualquier futbolero de buen paladar. Fue la noche en que Manchester United y Real Madrid jugaron el partido de vuelta de cuartos de final de la Champions de aquella temporada.

Muy lejos de Old Trafford, en Segovia, un grupo de futbolistas ciegos vivía unos días de concentración. Después de cenar, todos los jugadores se retiraron a sus habitaciones, que es el lugar donde se sienten más cómodos cuando están fuera de casa, porque es donde encuentran sus cosas y sus aparatos adaptados. Solo Vicente Aguilar se quedó a ver el partido en una sala del hotel junto a los entrenadores y otros huéspedes. El encuentro transcurría con normalidad hasta que en el minuto 52, Fernando Redondo desbordó a toda la defensa inglesa con un extraordinario autopase de tacón para darle el gol “hecho” a Raúl y desató la locura. Hubo gritos, aplausos, gente de pie, y durante unos minutos en aquel salón solo se escucharon expresiones de admiración. Solo “el Chapi” permanecía mudo, quieto. Hasta que se le escuchó susurrar: “videntes hijos de puta”. Nadie hasta ese momento había explicado cómo había sido la jugada.

Se le escuchó susurrar: “videntes hijos de puta”

El aspecto psicológico, la delgada frontera que separa la colaboración con la condescendencia, el manejo de la frustración, el funcionamiento de los canales de confianza; en una palabra, el tacto que el cuerpo técnico y los porteros –que por supuesto, ven con normalidad- tengan con los jugadores ciegos marcará el nivel de relación y, en buena medida, el propio rendimiento futbolístico del equipo. Ocurre algo semejante entre videntes, pero en este caso se multiplica. “Es la principal diferencia cuando entrenas ciegos”, sostiene el seleccionador Jesús Bargueiras. “Lo primero que debes hacer es ganarte su confianza para que ellos sean capaces de fiarse y convencerse de que lo que les dices es la dirección correcta. Esta gente tiene mucha vida interior. Nosotros podemos distraernos visualizando una película o saliendo a pasear, pero a ellos les tienes que narrar lo que ves, desde una chica a un lugar o una película, para que a partir de allí usen su imaginación. Tú tienes que ser sus ojos”.

- En la vida hay muchas cosas que no puedes hacer. A mí me gustaría conducir y no puedo, pero te acostumbras.

- ¿Te frustra especialmente cuando te das cuenta que no le puedes pegar bien a un balón por esa falta de precisión visual en el momento de contactar con la pelota?

- Más que frustrarme me da rabia. Aunque también fallan los que ven. Hay profesionales que viven de esto y se pierden goles sin portero.

- Silvio Velo, el goleador histórico de la selección argentina de ciegos, confiesa que debe su precisión a un trabajo que hizo desde pequeño, pegándole a la pelota con diferentes partes del pie mientras la sostenía dentro de una bolsa.

- Es muy complicado. Tú muchas veces quieres hacer una cosa pero el balón se queda un poco más atrás, más adelante y no le pegas como quieres. O al revés, no quieres que vaya allí pero va y coge un efecto que no esperabas. No pongo en duda lo que cuenta Silvio ni que le haya ido bien, pero lo cierto es que los ciegos no le podemos pegar a la pelota con tanta precisión como una persona que ve. Por todo, por la incertidumbre, por la posición del pie… A balón parado tal vez sí, y con el balón controlado tal vez 6 de cada 10 tiros pueden ir donde tú quieres, pero hay 4 que le darás mordida o lo que sea.

- ¿Me quieres decir que los goles son un poco de casualidad?

- No, para nada. En general, si quieres tirar a un palo va a ese palo, si quieres cruzarla, la cruzas y si quieres tirar arriba, va arriba. A veces más o a veces menos, pero como los profesionales. Intención también le ponemos.

El entrenador tiene que ser los ojos de los jugadores

A diferencia de lo ocurre en Brasil o Argentina, donde los jugadores internacionales pueden dedicarse en exclusiva a entrenar y jugar, en España solo hay en la actualidad 9 futbolistas ciegos que reciben una beca del Comité Paralímpico, aunque en ningún caso les alcanza para vivir de ella. Sin embargo, el poco dinero en juego no altera ni los pros ni los contras que posee la convivencia dentro de cualquier equipo. “Son muy, muy competitivos”, analiza Bargueiras, “no quieren que se les ayude y mucho menos que se les tenga lástima, a la gran mayoría les produce malestar esas situaciones. Y por otro lado, aquí se multiplican los niveles de celos y envidias de cualquier otro equipo. Como dependen de una segunda persona para llevarles a dar un paseo o a conocer un lugar, la mayor parte del tiempo libre lo pasan en las habitaciones, pensando. Y eso a veces ayuda y otras perjudica. En ese sentido, por su nivel de compromiso y experiencia, el aporte de Vicente es importante para el colectivo”.

- ¿Un Mundial o un Europeo tiene exactamente la misma dimensión para ti que para cualquier jugador de la selección española de fútbol?

- A nivel emocional supongo que sí. No me cabe ninguna duda de que a cualquier deportista que defiende los colores de su país y escucha su himno, en la disciplina y donde quiera que sea, le llenará de orgullo y de satisfacción obtener una medalla. Por supuesto, las consecuencias serán distintas, pero como satisfacción deportiva y meta personal a mí me haría tanta ilusión ganar un Mundial como pudo hacerle a Iniesta o a Casillas.

- Cuando haces el gol que le da a España el Campeonato de Europa el año pasado eras entonces un poco Iniesta o Fernando Torres contra Alemania en el 2008.

- Era yo. Ese gol tuve la suerte de hacerlo yo, y es el gol más importante de mi carrera hasta ahora. Ese día se alinearon todos los astros, fue un cúmulo de cosas. Da la casualidad que acababa de tener un niño hace poco, era mi retorno a la selección, era en Italia, donde había jugado mi primer torneo oficial internacional y también el último. Fue una serie de emociones y de sentimientos. Pero hablar de Torres o de Iniesta…ya me gustaría a mí…

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“A ellos les tienes que narrar lo que ves, desde una chica a un lugar o una película”

04EL OLFATO

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El gol vino conmigo”, sentencia Silvio Velo, el eterno capitán de Los Murciélagos argentinos: “Soy ciego de nacimiento, nunca vi a nadie jugar ni tirar un caño o un sombrero y sin embargo lo hago. La experiencia te aporta cosas, y además están el guía, la ubicación, la orientación en el espacio, pero muchas veces no escucho al guía e igual sé dónde está el arco”.

El olfato, entendido como la intuición que lleva a ejecutar una acción determinada –y no otra cualquiera- en el momento preciso, participa en el fútbol de ciegos tal como lo hace en todas las otras variantes de este juego. Por ejemplo, “el Chapi” Aguilar no lo posee especialmente desarrollado para el gol. “Él tiene la obsesión de que es un pasador y como es muy fanático del Barcelona está con el tiki-taka”, analiza Bargueiras: “Vicente percibe el fútbol desde la visión de que hay que mover y tocar el balón. Entonces no chuta a puerta y hay que echarle la bronca porque no se da cuenta que si es complicado trasladar el juego del Barça a otros equipos de gente que ve, aquí lo es mucho más. Por suerte, el gol en el Europeo lo metió con un tiro lejano, desde 9 metros. Eso quizás le convenció de empezar a patear desde lejos y en esta última Liga regular ya le vimos chutar mucho más. Pero es algo que ocurre mucho con los ciegos: hasta que no visualizan que algo tiene rendimiento no confían, les cuesta creer en sus capacidades”.

Aguilar es básicamente orientación y técnica, picardía y sexto sentido, incluso para darse cuenta que alguien ve más de la cuenta dentro del campo. Y como Silvio Velo cree que son virtudes que vienen incorporadas en los genes.

- Es verdad que se puede trabajar, pero soy de los que piensan que los que tienen una técnica depurada ya nacen con ella.

- Pero se podrá mejorar, ¿no?

- De acuerdo, pero no creo que ni a Zidane, ni a Iniesta, ni a Messi les hayan enseñado a tocar el balón así. Podrán practicar tiros de falta o un control de balón determinado, pero el que tiene un toque lo tiene.

“Soy de los que piensan que los que tienen una técnica depurada ya nacen con ella”

Silvio Velo

“Soy ciego de nacimiento y nunca vi a nadie tirar un caño, pero lo hago”

- Siempre que no vea, me imagino. Porque es una categoría que se presta al engaño.

- Sí, de hecho cuando empecé a jugar no usábamos ni antifaz. Los que no veíamos jugábamos juntos y los que tenían resto visual lo hacían entre ellos. Pero desde hace un tiempo empezó a haber gente con algo de resto que los ponen a jugar con nosotros. Entonces nos obligaron a ponernos primero el antifaz y ahora el parche ocular por debajo.

- ¿Y la diferencia es muy notable?

- Sí, por muy poquito resto que tengas, aunque solo sea la luz, ya es mucha ventaja, porque el que tiene un poco de resto localiza antes que un ciego total un balón que se queda quieto, sin moverse. Y esto ha venido pasando y he coincidido con gente que ve.

- Es decir que incluso a este nivel hay tramposos.

- Recuerdo un gol que nos hizo un francés en 2002. El balón estaba quieto en la puerta del área, vino corriendo desde medio campo, le pegó un punterón y la clavó en la escuadra. Y en el último europeo jugaban dos alemanes que ven un montón. Uno de ellos hizo un gol increíble, que ni Cristiano Ronaldo. Tiró una falta al borde del área con la derecha, pegó en la barrera y según botó la enganchó con la izquierda y la puso en la otra escuadra. Pues a los dos casualmente siempre se le despegaban los parches. Entonces salían los ayudantes y les movían los antifaces. Siempre a ellos, a ninguno más. Eso ya huele mal y da mucho que hablar porque no es deporte, es trampa. A mí me daría vergüenza si en mi equipo pasara algo de eso, pero ya ves, ocurre a niveles internacionales.

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“Antes no usábamos ni antifaz, pero hay tantos tramposos que se tomaron medidas”

05LA ORIENTACIÓN

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Llevábamos apenas unas horas en el hotel de Nantes, adonde habíamos llegado para jugar un Campeonato de Europa cuando vi al “Chapi” cruzando el jardín desde las habitaciones al salón comedor. Iba solo. No llevaba el bastón. Nunca tuvo perro-guía. Caminaba decidido, sin dudar, aunque se llevara por delante plantas, bancos o lo que se cruzara en su camino. Pero no le importaba. Y ya sabía cuál era la ruta para llegar a su destino.

- Mi orientación es natural. A mí, por ejemplo, no me cuesta ningún trabajo moverme por el campo, no voy pensando dónde está la portería ni la valla, voy pendiente de otras cosas porque eso me sale solo.

- ¿Cómo era tu vida de pequeño?

- Yo perdí la vista por un tumor. Al año y medio de nacer perdí el ojo derecho, y de ahí se pasó al izquierdo. Hubo que operar pero aun así, desde los 3 años ya no veo nada. Y así he crecido. No recuerdo nada, ni colores, ni formas, porque era muy chico cuando me quedé sin vista. Pero mis padres me tuvieron siempre una gran confianza para dejarme hacer lo mismo que mis hermanos: caerme, subirme a un árbol… He montado en bicicleta y hasta en su día me compraron una moto. Todo esto me ha dado mucha autonomía, mucha habilidad. Eso, más el hecho de haber jugado al fútbol en cualquier lado, y cuando digo cualquier lado es cualquier lado de verdad: en tierra, en pavés, con un árbol en medio…

- ¿Y cómo te las arreglabas para jugar con chicos que veían?

- Pues como uno más, te metes y juegas. En el colegio incluso lo hacíamos mezclados los ciegos totales con la gente que tenía resto visual. Hay jugadas que está claro que no puedo hacer: un remate de cabeza me resulta imposible, pero yo me movía como ellos, pedía el balón y cuando me lo pasaban pues había veces que se me escapaba, pero en general bien, sin problemas. Lo mismo en el fútbol que para montar en bici. Cogía la mía y a perseguirles.

“Mi orientación es natural. A mí, por ejemplo, no me cuesta ningún trabajo moverme por el campo”

Si para alguien que no ve todos los demás sentidos juegan un rol importante y se desarrollan más que en el resto de la población, la orientación en el espacio desempeña un papel trascendental. No sustituye a los ojos, pero es lo que más se le acerca.

“Para una persona invidente la orientación es un proceso básico en gran parte de los momentos de su vida, pero incluso adquiere mayor protagonismo en un deportista, debido a las demandas del ejercicio físico en las diferentes relaciones del atleta con el espacio que le rodea”, explica José Urbano: “el fútbol sala es el único deporte adaptado de equipo en el que los jugadores tienen que orientarse en un espacio reducido, con múltiples referencias (guías, adversarios, compañeros…) y todo ello a gran velocidad”.

Es por esto que la primera categorización dentro de esta variante del juego pasa por dicha cualidad: es imposible jugar bien si no se tiene una buena orientación. Y no se puede tener una buena orientación dentro del campo si no se la ha trabajado fuera. David Clarke, capitán de la selección de Inglaterra desde 1996 a 2012 es contundente al respecto: “Mi vida me ayudó, eso es lo más importante para mejorar la orientación. Depende mucho de la actitud que hacia uno tengan los padres, los maestros. Te tienen que dar libertad, permitirte que te muevas, te desplaces, que andes, que te equivoques y aprendas de tus errores. Después sí, aplicas en el fútbol algo de lo que has aprendido. Yo por ejemplo me armaba una imagen mental del campo y del espacio, de las vallas, de las porterías. Escuchaba el sonido de la pelota y me creaba una película mental en mi cabeza de cómo se iba desarrollando el partido en cada momento”.

“Vicente Aguilar fue el jugador más orientado que conocí en mis 22 años trabajando con ciegos”, subraya Carlos Campos.

Seguramente por eso siempre fue un jugador que llamó la atención, único, diferente a todos los demás.

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“Escuchaba el sonido de la pelota y me creaba una película mental en mi cabeza de cómo se iba desarrollando el partido”

06EL FINAL

Foto de equipo de fútbol sala para ciegos

Reportaje: Rodolfo Chisleanschi y José David López

Video: ElEnganche.es.

Edición: Francisco Ortí y José David López.

Ilustraciones: Francisco Ortí.

Fotos: Getty y agencias.

Comentario: Rodolfo Chisleanschi es periodista y entrenador durante 10 años del equipo de ONCE Madrid en la categoría B2/B3 (personas con pérdida parcial de la visión).