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Por José Hernández (@RainerBonhof)

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01¿Por qué portero?

Soy portero porque es el único puesto que se adecua a mi carácter”. Pocos jugadores que se hayan enfrentado a él lo olvidan, ya que la presencia de Francesco Toldo intimidaba más lejos de su infinita calidad como guardameta. Sus casi dos metros de estatura y su estampa de portero del pasado le conferían un aire misterioso. El delantero le temía desde antes de saltar al terreno de juego, y una vez en el campo, Toldo era de aquellos jugadores que intentaba ganar la batalla psicológica desde el saludo protocolario. “Te das cuenta dentro del vestuario, el portero siempre tiene un peso específico, es importante más allá del resultado porque condiciona al equipo. El portero debe saber todo sobre sus compañeros, quién está bien, quién no, quién tiene ganas de jugar, quién está en forma, absolutamente todo”.

Toldo comenzó a jugar al fútbol en la escuela USMA de Caselle di Selvazzano, al oeste de Padua. Ya de niño destacaba por su fortaleza y polivalencia jugando en varias posiciones, incluso de delantero. Pero su primer contacto con la portería llegó de forma casual, casi instintiva: “Cuando tenía 13 o 14 años yo estaba un poco gordo y además era un vago, no quería correr. Una tarde nevaba tanto que nadie quería ser portero y dije que yo me ponía. Me divertí tanto tirándome en la nieve y evitando goles que dije, esto me gusta. Ahí comenzó todo”. Había nacido la carrera del futuro portero de la selección italiana, y es que como reconoce Franceso, para ser guardameta se deben reunir cualidades específicas que son fáciles de percibir cuando un joven tiene el talento suficiente: “Hay métodos, debes saber si un chico tiene miedo y para saber si tiene miedo tienes que tirarle de muy cerca a portería, si se aparta no vale. Debes mirar su carácter, el físico, el talento… tienes que tener en cuenta muchas cosas. Sobre todo el físico lo primero, si tiene ganas de trabajar y después si tiene dotes concretos”.

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02La muralla de Florencia

La Fiorentina vivió años brillantes en la década de los ochenta y principios de los noventa. Aunque no hubo títulos, sí que se disputó una final europea y sobre todo, la afición viola pudo disfrutar de un peregrinar de excelentes jugadores que elevaron el paladar futbolístico de los habituales del Artemio Franchi. De entre todos ellos destacó Roberto Baggio, cuya venta a la Juventus puede considerarse el inicio de la caída del club; el golpe espiritual para los tifosi del equipo. La llegada del famoso productor de cine Mario Cecchi Gori a la presidencia del club, permitió la incorporación de brillantes futbolistas como Brian Laudrup, Mazinho o Francesco Baiano, pero incomprensiblemente, el equipo tocó fondo en una campaña 1992-93 en la que a pesar de los goles del nuevo referente viola, Batistuta, la Fiorentina descendió a la serie B. 55 años después, Florencia volvería a ver al mejor equipo de la ciudad en la segunda división del fútbol italiano, una enorme cura de humildad, pero también, la oportunidad perfecta para volver a creer en un proyecto construido desde cero.

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Para devolver a la Fiore con los mejores se contrató a Claudio Ranieri, y entre los fichajes destacaron las incorporaciones de jugadores como Robiatti o el joven Francesco Toldo, que logró hacerse con la titularidad desde el primer momento. El conjunto viola ganó la liga y logró el ascenso con 5 puntos de ventaja sobre el Bari gracias a un Batistuta muy certero (16 goles) y un Toldo cada vez más seguro, el equipo había cumplido las expectativas y la transición por el destierro quedó olvidada con un excelente rendimiento de todas las líneas. La Fiore estaba preparada para volver con los grandes, y Toldo, a sus 22 años, iba a tener por fin la oportunidad de debutar en la máxima categoría del fútbol italiano. Su sueño de infancia, aquel que le guió desde sus primeros pasos en Padua estaba a punto de cumplirse: el 4 de septiembre de 1994, Francesco Toldo jugó su primer encuentro en la Serie A ante el Cagliari.

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Pero en esta época, Francesco ya comenzaba a contar como una de las grandes esperanzas de futuro de la portería italiana, y es que en 1994 logró su primer gran triunfo internacional coronándose campeón de Europa Sub 21. Toldo brilló en la fase final del torneo y fue el protagonista de la semifinal ante Francia. Curiosamente, y como haría seis años más tarde en categoría absoluta, una gran actuación suya permitió a Italia eliminar al anfitrión en la tanda de penaltis. Una vez en la final, y al lado de jugadores como Inzaghi, Cannavaro o Christian Panucci, consiguió una victoria in-extremis ante Portugal que le hizo campeón europeo de la categoría. El portero recuerda el momento como una de las situaciones que cambió su mentalidad y le hizo adoptar su fuerte personalidad en los momentos difíciles “El torneo sub21 de 1994 fue clave, ya que tuve que parar un penalti, si lo paraba mi equipo ganaba. En ese caso se necesita un poco de psicología ya que la presión acaba siendo un hábito, pero desde pequeño vas creciendo con ello. Cuándo era joven me tuve que preparar porque sufrí un poco, pero luego uno crece y lo supera”.

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La nueva Fiorentina se ganó el respeto del fútbol italiano poco a poco, aunque todavía era un equipo inconsistente para hacer sufrir a los grandes. Hay que recordar que todavía en esta época se vivían los grandes años del fútbol transalpino, con un Milan que sembró el pánico y se convirtió en un conjunto casi imbatible y la incipiente Juventus, campeona en 1994-95 liderada por un Roberto Baggio imperial. En el plano personal, Toldo se sentía cada vez más seguro dentro de un once sólido en el que futbolistas como Carnasciali, Marcio Santos o Sandro Cois, aportaban el aplomo necesario que buscaba Claudio Ranieri. Pero si Milan, Juventus, Parma o Inter contaban con sus estrellas internacionales, la Fiorentina no se quedaba a la zaga. La llegada del portugués Rui Costa dio al centro del campo del equipo el toque de distinción que necesitaba, y tras el mundial de Estados Unidos 1994, Gabriel Omar Batistuta se había convertido en el auténtico mesías para la afición. El argentino demostraba su puntería con goles en cada temporada, y a partir de mediados de los noventa comenzó a ser pretendido por los mejores equipos del continente. Toldo no ha olvidado aquellos años en los que la Fiore volvió al lugar que nunca debió abandonar: “Éramos un equipo grande, cuándo jugábamos en Florencia la gente salía a ganar y cuándo viajábamos fuera todos competían, no tenían nada que perder. Y luego estaba Batistuta que era un crack”.

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03Noches europeas

Todo futbolista sueña con ellas. Expectación y portadas en la prensa, minutos de atención en la televisión y partidos ante los mejores. Francesco Toldo no disputó competiciones internacionales de clubes hasta 1996, cuando por fin pudo debutar en la Recopa. Para la afición de la Fiorentina estos partidos representaban la oportunidad perfecta para mostrarse al mundo como una hinchada pasional y diferente. Fuegos artificiales y bengalas de todos los colores adornaban el fondo de la portería defendida por Toldo cada vez que la marea viola salía a escena. Todos los jugadores del equipo percibían esa magia y Francesco Toldo se sentía más arropado que nunca; eran sin duda los encuentros que a él le gustaba jugar. El 24 de abril de 1997 la Fiorentina tuvo la oportunidad de llegar a la final de la Recopa de Europa, una posibilidad muy cercana tras el empate a un gol que consiguió en el Camp Nou. El rival no era un Barcelona cualquiera, sino el equipo en el que brillaban Ronaldo o Figo, en el que mandaba Guardiola y que tenía en Mourinho la cabeza pensante que según decían algunos, manejaba las decisiones de Robson. Toldo no realizó su mejor encuentro e incluso falló en el segundo gol visitante, cuando Pep Guardiola ejecutó una falta directa ante la que Francesco hizo la estatua.

La Fiorentina cayó eliminada y Bobby Robson se acercó al técnico local Claudio Ranieri: “Sois un gran equipo” le dijo, a lo que el italiano contestó: “la Fiorentina es un gran equipo, pero con Batistuta lo es más”. El argentino se perdió el encuentro de vuelta por sanción, una circunstancia que evitó en buena medida que Toldo y los suyos pudieran llegar a disputar su primera final europea. A pesar de todo, la experiencia no llenó de pesimismo el vestuario viola, ya que en los siguientes años volvería el protagonismo al Artemio Franchi. Ya con Trapattoni en el banquillo, Toldo pasaría a ser el salvador del equipo en la competición más importante, la Champions League. No tardó en dejar su sello ya que en el primer encuentro que su equipo disputó en el torneo 1999-2000, realizó una de aquellas actuaciones que solo él era capaz de protagonizar. Por primera vez, Europa vio al inexpugnable guardián de los tres palos, un hombre incapaz de perder la compostura ante futbolistas como Bergkamp, Overmars o Henry. El viejo Trapattoni dispuso un esquema que obligó a Toldo a esforzarse más que nunca, pero a falta de diez minutos, el meta cometió su único error del encuentro cuando frenó a Ljunberg de manera ilegal, fue penalti. Todo el trabajo realizado podía ir al traste si Kanu era capaz de marcar desde los once metros, pero el impasible Francesco atajó el disparo del nigeriano y logró terminar el encuentro como gran héroe. Su gesto a la grada con el brazo derecho extendido hacia el cielo pasó a la historia para los tifosi del Artemio Franchi. Toldo volvió a ser decisivo en Higbury y ayudó a que la Fiorentina se clasificara para la segunda fase del torneo.

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Reportaje y Entrevista: José Hernández y Andrés Cabrera

Edición: Francisco Ortí y José David López

Ilustraciones: Ever Domínguez y Akyanime

Fotos: Getty y agencias.