Cabecera Escuela holandesa
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Rinus Michels entrenando a Holanda

La siguiente revolución surgió en Holanda y la llamaremos “Fútbol total” o “Totaalvoetbal”. En 1974, Marinus Michels intentó ser distinto. De la obsesión por diferenciarse a la hora de defender nació una nueva versión para atacar, una nueva concepción de entender el fútbol, que, esta sí, alteraría todo lo que hasta entonces se entendían como certezas. Amén de lo que luego Cruyff heredaría de alguna manera de (no es del todo hijo futbolístico de Michels, como se ha repetido en numerosas ocasiones), Rinus resumió la esencia de su fútbol en una premisa básica: todos atacan, todos defienden. Para esto era necesario un plan metodológico que introdujera el físico como factor primero y primario, como base de un plan de juego que se basaba en la solidaridad y al que se le atisbaban intentos pioneros de jugar el balón, acumular jugadores por delante del mismo, ocupar los carriles…

Tampoco podemos considerar a Rinus Michels un inventor, o sea, un creador sobre una tabla rasa. No escribe sobre un folio en blanco, sino que piensa, se separa de las corrientes y observa. Observa que en su Ajax hubo un inglés que trazó líneas maestras y generales que ya supuso cierto desmarque de los compartimentos estanco en los que estaba fundamentado el fútbol. Jack Reynolds es la primera piedra del Ajax, el equipo precursor y reflejo de los grandes avances de la escuela holandesa o, ya ven, no tan holandesa en el sentido estricto del territorio. Reynolds, discreto futbolista, pero profundo apasionado de su deporte, abandonó rápidamente el fútbol (30 años) y comenzó su andadura como técnico. Introdujo un mismo método de trabajo en todas las categorías del club (a muchas las supervisaba, incluso las entrenaba él) y dotó a su equipo de cierta técnica, extremos rápidos y asociaciones casi obligadas para desarmar al rival. Reynolds pasa por tres etapas distintas en el Ajax (también dirige a Holanda en su primer partido internacional tras la I Guerra Mundial) por problemas de trincheras y países de la época. En la última, Ajax 1947 que resulta campeón, comienza a sobresalir un delantero de 18: Marinus Michels, el heredero, perfeccionista e innovador sobre una mínima semilla que plantó un inglés en Amsterdam.

Como todas las revoluciones, la del fútbol también fue paulatina (concretamente, en la mente de Michels) y tuvo una imagen que cambiaría una concepción que ya venía de cierto tiempo atrás, un flash que haría creer a los demás algo ya se venía desarrollando. Antes del éxito del modelo, hubo pasos básicos y necesarios como introducir entrenamientos acordes a la idea de juego y al totalvoetbal que se logró implantar. Rinus Michels, después de plegar su fructífera y notable carrera como jugador, inauguraba su nueva etapa entrenando en el Ajax (1965). Allí empezó absolutamente todo. La semilla comenzó a crecer sobre un campo virgen, pero esencialmente amateur, tal y como era el fútbol holandés en aquel tiempo, aspecto nada baladí.

Lejos de cualquier etiqueta maniquea, la escuela holandesa nace de conceptos para atacar que implantó con cierto éxito la Hungría del 1954, pero como consecuencia de una voluntad por cambiar los métodos defensivos. Desde luego, una paradoja. Dominar el balón, atacar masivamente, introducir nuevos paradigmas (superficialmente ofensivos) en el fútbol para cambiar los métodos defensivos de la época, la obsesión de Michels, tal y como cuenta Álex Couto en ‘Las grandes escuelas del fútbol moderno’. La dureza defensiva, la acumulación de jugadores por delante del balón del rival, la presencia en campo propio… Todas las ideas defensivas del fútbol en aquella época eran así. Y es intentando cambiar esto como surge la idea de Rinus Michels, verdaderamente revolucionaria en su tiempo.

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La primera temporada de Rinus Michels como entrenador fue la temporada de primeras apariencias verdaderas de un chico que jugaba de delantero y tenía una gran tendencia para desbordar y leer el juego. Rápidamente, el chico que había marcado en su debut con el primer equipo la temporada anterior, se convirtió en una realidad de tan solo 18 años y 25 goles en una liga de 23 partidos. Su nombre, tal y como imagina usted, es Hendrik Johannes Cruijff, el gran intérprete, un nombre ligado de manera incalculable como jugador a la figura de Rinus Michels como entrenador. De manera hiperbólica, un todo inseparable, al menos, en los años de la eclosión del fútbol total.

Cruyff Pitagoras

El Ajax fue campeón de Liga en 1965 y ese equipo ya comenzó a mostrar los primeros principios que Rinus aportaría al fútbol dentro de un todo, sin diferenciar las “fases” (ofensiva o defensiva). Acoso al poseedor del balón, correr mucho y con sentido, presión en campo contrario a poder ser, dominios defensivos en zonas (novedad que acoge por completo toda la escuela holandesa) y todos los aportes con balón ya citados: desmarques permanentes, técnica para el fuera de juego, ritmo alto, asociaciones para buscar la portería y aprovechar espacios, cambios de orientación, etc. Incluso algún atisbo del posterior y famoso juego de posición. Toda la idea de Rinus Michels fue resumida en una fórmula tan visiblemente sencilla como compleja de ejecutar: bloque + imaginación = espectáculo.

Hasta 1971, Michels, con Cruyff, Neeskens, Krol, Keizer, etc., colocaría al Ajax como uno de los grandes equipos de su tiempo. Ganó cuatro ligas en seis temporadas y coronó su obra con una Copa de Europa (dos más en 1972 y 1973 ya sin Michels en el banquillo pero sí con su sombra ideológica en el césped). Un equipo surgido en esencia del amateurismo estaba marcando los tempos en Europa… Y en la forma de entender el fútbol. El Totalvoetbal cambiaría un deporte demostrando que existían nuevos métodos más avanzados que tenían el mismo objetivo, ganar, y ofrecían mayor espectáculo. No es cierto, como a veces se dice, que el Ajax y Michels inventaron este tipo de juego, sino más bien recogieron distintas semillas y colocaron su árbol sobre un campo fértil, pero no vacío. Futbolísticamente, ese Ajax tenía algunas excepciones. La primera, básica y fundamental para el funcionamiento del mítico equipo, era el modelo. La segunda, a la altura de la primera excepción, era Johan Cruyff, el delantero falso, falso nueve o generador de superioridades allá donde caía. Al menudo jugador se le otorgaban ciertas laxitudes defensivas (propias del balón de oro que acabó siendo en 1971, 73 y 74). Él, pese a que Michels le diseñó una preparación física adaptada y personalizada, tenía permiso para dejar de correr y dedicarse a pensar, a inventar o descansar. Un oasis móvil, listo y descargado al que solo le gustaba el balón, como después vendrían a confirmar los equipos entrenador por él. El estilo holandés cobraba importancia por formas y lo concretaba con títulos. El dominio, con equipos muy poderosos como Real Madrid y Milan enfrente, comenzó a pertenecer a un equipo de un país pequeño surgido casi de la nada. Un intruso que marcó un antes y un después.

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Alineación de Holanda 74

Cronológicamente, estamos en mayo de 1974. Año de Mundial. Era la primera vez que Holanda participaba en la fase final de un torneo de tal altura. Y allí, en Alemania, estaban Rinus Michels como seleccionador y los Cruyff, Neeskens, Krol, Rensenbrink o Jongbloed, el portero que llevaba el ocho y jugaba mejor con los pies que con las manos. Soportado en un 4-3-3 (reconocible solo en los saques de centro) que tenía sus bases en el Ajax creado por el tándem Michels-Kovacs y en el sobresaliente Feyenoord de la época, la selección holandesa protagonizó el gran cambio, quizá, en la historia del fútbol. Fue la eclosión real y auténtica del fútbol total. El equipo holandés presionó como no había hecho antes ningún equipo, tocaba a un ritmo que nunca antes se había visto, proyectó a sus laterales, adelantó la defensa, permutó posiciones, abrió los extremos… Y corrió mucho. Todo en torno a Cruyff, que fue más mediapunta de lo que venía siendo, y una idea que se propagó por Europa como la gasolina.

A esa selección holandesa, ya Naranja Mecánica en honor la película de Stanley Kubrick, solo le faltó un detalle para justificar su recuerdo: haber ganado el Mundial. Aunque a la idea de juego no le faltó reconocimiento ni a Holanda títulos posteriores, esta primera selección perdió en la final contra Alemania Federal. Se convirtió en la gran perdedora, es decir, en la gran selección (medio peldaño por encima de la Hungría del 54) que no había ganado un Mundial. Esa selección fue la que llevó a la excelencia una “oposición” de ideas Ajax-Feyenoord que Michels resolvió a su manera, es decir, colocando las suyas: “Mi idea es funcionar como equipo basándome en el concepto de ocupar todo el terreno para ganarle la pelota al rival lo más cerca de su portería. Luego se produce el ataque sin distinción por número de camiseta y se hacen los relevos correspondientes por el campo. La clave de ese año fue que los jugadores lo entendieron, se convencieron y llegaron los resultados”, explicó Rinus después.

Esquema de Holanda 74

Mientras llegaba el premio, Michels volvió al Barça, anduvo entre cargos de la federación holandesa, el Aztecs o el Leverkusen y se ocupó de ser el seleccionador en 1984 y 1988. Fue entonces cuando Países Bajos obtendría el título que no había conseguido anteriormente. Con una selección llena de talento (la segunda gran hornada), Michels volvió a exhibir un fútbol total más avanzado y acorde a los cambios (4-4-2, por ejemplo). Rijkaard, Van Basten, Gullit, Van Breukelen o Koeman auparon a la selección neerlandesa al campeonato, que fue una suerte de herencia de 1974 tal y como reconocieron los jugadores de ambas épocas. La semifinal de aquel torneo enfrentó a Holanda con Alemania Occidental. Y cuenta Sergio Vilariño en Ecos del Balón que la tensión y las ganas de revancha de lo del ’74 eran tales que al acabar el partido, el portero Van Breukelen andaba exclamando sin parar: “¡Lo hemos hecho!, ¡lo hemos hecho! ¡¡Hemos jodido bien a esos bastardos!!”. Era, indudablemente, la mezcla de la euforia del vencedor bien agitada con la rabia del rencoroso (futbolística, incluso sociológicamente hablando).

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“La cabeza pensante del fútbol total no es Rinus Michels, sino Johan Cruyff” – Martijn Bakx

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Cruyff con Beckenbauer

Creo que el fútbol español no le debe a nadie más que a Johan Cruyff”, decía Valdano en 2012. Visto en perspectiva, posiblemente lleve razón. La semilla germinadora que implantó Michels como entrenador y Johan poco después en el Barcelona, sirvió para potenciar todo lo que recientemente ha devenido en clave Barça y selección española. Si hubiese sido posible sin ellos es una suposición, así que es necesario destacar el papel de la escuela holandesa derribando los muros fronterizos y asentándose en España. Johan es el espectáculo por el espectáculo. Se puede decir de él, incluso, que su enfermedad por mejorar la obra existente mediante una base innegociable, le llevó al borde del despido numerosas veces.

Johan Cruyff se retira del fútbol en activo como jugador en 1984. Ese mismo año regresa a Holanda para comenzar la andadura en la que su mente lleva pensando varios años. El Ajax lo añade en el organigrama del club y Johan comienza a reflexionar sobre las intuiciones que tiene acerca de ideas futbolísticas que iban algo más allá del fútbol total y más acá del juego de posición. Son intuiciones puramente prácticas que expone a entrenadores de categorías inferiores del Ajax y conocidos suyos de estricta relación con el fútbol. Cruyff estudia y comienza a definir una idea muy concreta de fútbol que se asentaría en un 3-4-3 (nada convencional o encorsetado) con nuevos conceptos tácticos sacados directamente de su reflexión y su experiencia como jugador.

La temporada de 85-86 comienza ya con Cruyff como entrenador del Ajax. Revolucionó conceptos y vistió a su equipo con una idea carismática, atrevida y única, pero no le dio la consistencia suficiente para llegar a títulos de entidad (ganó dos copas nacionales y una Recopa de Europa). Implantó de manera definitiva un estilo en todas las categorías del club y nuevos sistemas de entrenamientos centrados en la técnica desde los pequeños al primer equipo. Pero los títulos penalizaron y Johan, de hecho, no acaba su tercera temporada como entrenador del Ajax porque no le convence la oferta para renovar. Pero todo cambia en 1988.

Josep Lluís Núñez era presidente del Barça. Las convulsiones internas que lleva consigo el ADN del Barcelona estaban a punto de que el club echara espuma por la boca. Llevaba una racha larga sin dominar, tan solo títulos que encerraban una razón casi espontánea, mientras que Real Madrid, Milan o Juventus, habían alternado épocas, pero en las idas y venidas se habían consagrado como grandes. La temporada 87-88, con Luis Aragonés al mando, devino en una de las escenas más surrealistas del barcelonismo: el Motín del Hesperia. La plantilla, con las excepciones de Schuster y Lineker, se plantó ante la directiva. La falta de acuerdo ante la negativa del Barça a asumir los impuestos y las multas de Hacienda, así como alguna cuestión sobre derechos de imagen, detonaron la situación y los jugadores leyeron un comunicado amenazante ante los medios. El equipo hizo tiritar a la directiva y se optó por un plan recurrente durante el nuñismo: un mesías vestido con sus dosis de inexorable populismo para salvar al club de los malvados.

Cruyff entrenando al Barcelona

Al presidente le salió bien la elección (en lugar de Javier Clemente, quien estaba apalabrado) a largo plazo, pero las dos primeras temporadas de Cruyff no fueron coser y cantar como se pudiera creer. Todos querían su fatalidad, su error, su fracaso. Cruyff era ya un obsesivo de sus premisas y eso pronto levantó desaires contra él, pero, para entonces, Johan había prendido el aire acondicionado y limpió a catorce miembros de la plantilla de la temporada anterior antes de fichar a doce jugadores nuevos (entre ellos, Koeman y Laudrup). Además, se fió del ojo de Charly Rexach para ascender a gente de la cantera e inició su proyecto. Cruyff ya estaba construyendo su equipo con sus jugadores. Sus riesgos, su idea y su espectáculo comenzaban a germinar en un espacio complejo, pero fértil. El Barça, desde la llegada de Laureano Ruiz como explica Martí Perarnau en Senda de campeones, olvida los clichés para con los fichajes y siempre opta por los mejores, los de técnica depurada e interpretación notable del juego, sin importar si su físico es aparentemente fornido o aparentemente endeble. Estas bases, aproximadamente olvidadas pero aún con latidos, las aprovecha Cruyff para establecer una idea única en todo el fútbol base: juego de posición, posesión de balón, que corra el balón, buscar al alejado, ensanchar el campo… En definitiva, la concepción ofensiva del fútbol que Cruyff siempre ha buscado. “Nosotros, los técnicos del Barça, intentamos disfrutar para que disfruten ustedes”, narra Johan en su libro ‘Mis futbolistas y yo’ a modo de reflexión final.

Pese a que la primera temporada el Barcelona solo logra una Recopa y la segunda una Copa, el estilo continuó su paso con alguna duda y consiguió imponerse al resultadismo imperante. El indiscutible liderazgo de Cruyff (“haces lo que mande el entrenador y luego ya discutiremos”), muy tozudo en sus ideas, hace posible que la vida en la ciudad condal pueda seguir adelante. El Barça ya estaba asimilando de pleno una idea de jugar en su organigrama deportivo. Su cantera fue organizada y diseñada sobre preceptos que ya se habían establecido años atrás: jugadores de un perfil técnico para potenciar el juego de posición y una idea ofensiva como patrón de estilo para defender y para atacar. Para Johan, la única forma de ser imperecederos en el fútbol es conservar una identidad propia que te haga reconocible, por lo que el Barça estaba sentando las bases para dominar en función a una idea, la suya. En la sombra trabajan tipos como Benaiges o Seirulo, ideólogos y planificadores de la estrategia deportiva.

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La primera gran obra del Barça de Cruyff fue la Liga de 1991. Con Amor, Stoichkov, Laudrup, Koeman, Bakero, Eusebio, Begiristain…. Cruyff selló los adeptos al estilo con los títulos, demostrando así que sin “cómo” no hay “qué”. En 1992 la Champions y más de lo mismo, pero el reconocimiento continental, lo cual situaba, ahora sí, al Barça en la lista de los grandes. El discurso del club culé se cimentaba en un 3-4-3 (a menudo discurso; otras, recurso) que buscaba robar lo más arriba posible a partir de un pressing defensivo que obtenía dos respuestas: la primera era el ataque masivo del Barça, lo cual hacía que el equipo rival solo viera camisetas azulgranas al recuperar; la segunda, la premisa básica de Cruyff (y de Guardiola, posteriormente): “Todos hemos tenido tardes negras, pero lo importante es que, al final del partido, yo pueda mirar los ojos de un jugador y decirle: no pasa nada, tranquilo, has dado todo lo que tenías. Lo malo es que no me puedan mirar a la cara. En ese momento, para mí, han fracasado. Sea quien fuere”.

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Reportaje: Fran Alameda,  José David López y Bruno Alemany.

Video: ElEnganche.es

Ilustraciones: Dan Leydon e Inmortais do Futebol

Opinión sonido: Martijn Bakx

Edición: Francisco Ortí y José David López.

Fotos: Getty y agencias.