Portada el pase de Laudrup
Decoración bandera Dinamarca

Esta no es la historia de un rebelde sin causa ni de un futbolista con procedencia humilde. No la protagoniza ningún antisistema, tampoco un chaval que superó problemas raciales durante su infancia. Esta no es una historia común, precisamente porque su actor principal es una persona completamente común, con padres normales, orígenes normales y que ha vivido situaciones normales. Es la historia de un pase. El de Michael Laudrup, el enganche elegante. En el imaginario popular la posición de mediapunta es interpretada por jugadores con personalidades vehementes, incluso inestables o demasiado fríos, pero nunca normales.

La memoria otorga la razón a esta tendencia sin duda alguna. Los mejores enganches que se recuerdan responden a este patrón de persona un tanto bohemia, de carácter extraño y, en ocasiones, problemático. Diego Armando Maradona, Paul Gascoigne o Sócrates narcotizaron sus inseguridades sucumbiendo frente a las adicciones. A Mágico González, Juan Román Riquelme o Roberto Baggio, por otro lado, los definen sus personalidades herméticas. Estas singularidades del enganche son exportables a otras facetas de la sociedad. Al mediapunta se le entregan las necesidades creativas del equipo y, por lo tanto, está marcado por el estigma del artista. Encuentra la inspiración en lo emocional y no en la razón, por lo que sus sentimientos están más desprotegidos que lo habitual y sus emociones se muestran con mayor facilidad. Vamos, que si un artista es artista de verdad, tiene que estar desequilibrado. Como mínimo, tender a ello. Esta afirmación encuentra base científica en el estudio ‘El arte de los enfermos mentales’ (Hans Prinzhom) en el que, básicamente, detectó capacidades artísticas muy desarrolladas entre los pacientes internos de un hospital psiquiátrico.

Decoración bandera Dinamarca

Michael Laudrup, sin embargo, no responde a este patrón desordenado. Más bien todo lo contrario. Nacido en Frederiksberg, un distrito de Copenhague, fue criado en el seno de una familia acomodada y con genética futbolística. Su padre, Finn Laudrup, fue futbolista profesional. Su tío vistió la camiseta de la selección de Dinamarca. Y su hermano menor, Brian, también alcanzaría la élite. Con este contexto, Michael Laudrup encarna la versión antónima del enganche clásico. Paradójicamente, su propia sencillez representa en sí misma una revolución en los cánones futbolísticos. En la cofradía de artistas locos emerge contra pronóstico, pero con educación, este genio que mide sus pasos al máximo, marca los tiempos y es capaz de racionar sus brotes de fantasía para recurrir a ellos cuando es necesario como si del bolsillo los sacara.

Finn Laudrup y sus hijos Michael y Brian

No es el arte por el arte, sino el arte con una finalidad a la que se intenta llegar por el camino más directo. Laudrup es coherente y emana tranquilidad en el cara a cara. Responde con una sencillez pasmosa, como si estuviera explicando lo evidente, incluso cuando relata la génesis de la jugada que le ha convertido en inmortal para toda una generación. “¿Por qué hice ese pase? Porque no había sitio por abajo”, explica el enganche danés. En el fútbol en blanco y negro, determinadas acciones tomaron prestado el nombre de sus creadores para cruzar la puerta de entrada del campo semántico del deporte. Así, podemos tirar un penalti a lo Panenka, despejar con una Zamorana  o superar a un rival con el regate de Matthews. Sin embargo, el fútbol en color reserva ese privilegio para el pase de Laudrup. Es la única acción que ha logrado sorprender hasta el punto de considerarse completamente nueva. Laudrup no versionó, inventó. Y su pase pasó a formar parte del patrimonio de la humanidad.

Laudrup con Dinamarca

“¿Por qué hice ese pase? Porque no había sitio por abajo”

Decoración bandera Dinamarca

Dar un pase a lo Laudrup es sencillo de explicar, pero complicado de ejecutar. Consiste en utilizar el pie como una cuchara para elevar el balón y que supere por arriba a la defensa rival, dejando a tu compañero solo ante el portero para que defina sin oposición. Con un añadido, equivalente al elemento circense del más difícil todavía: el pase se realiza mirando al tendido. Mientras los ojos están clavados en la grada, el pie apunta en una dirección perpendicular, lo que aumenta la dificultad del movimiento y multiplica la posibilidad de sorprender.

Laudrup confiesa que su pase había sido practicado en los entrenamientos antes de presentarlo públicamente: “uno siempre intenta cosas entrenando. El único jugador que probaba las cosas en los partidos antes que en los entrenamientos era Romario. No está clara la primera vez que Laudrup ejecutó su pase sobre un terreno de juego. Ni él mismo es capaz de recordar la fecha del estreno de su obra de arte. No recuerdo cuando di el primer pase sin mirar. Yo creo que en Italia con la Juventus lo hice algunas veces, pero la primera vez que fue famoso pasó en España, cuando le di el pase a Romario en Pamplona contra Osasuna, relata el danés. Aquello fue el 3 de octubre de 1993. El Barcelona visitaba a Osasuna en El Sadar y ganaba por 0-1 cuando Laudrup superó a la defensa rojiza con un pase picado, para que Romario batiera a Unanua con una vaselina e hiciera el 0-2. El encuentro terminó con victoria por 2-3 del Barcelona, pero cualquier contexto ha quedado fulminado en la memoria para dejar espacio únicamente a esa inolvidable asistencia que pasó a ser bautizada como el pase de Laudrup.

Pases de Laudrup

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Jugador en extinción

Laudrup en el banquillo

Michael Laudrup representa un tipo de jugador en vías de extinción: el enganche puro. Ese que se mueve entre líneas y esquiva patadas como si jugara en el patio del colegio. Ese que necesita de dos atacantes por delante para elegir la mejor opción de pase. Ese que prefiere regalar un gol antes que marcarlo él y al que no se le pueden exigir esfuerzos defensivos porque sin balón desaparece del encuentro. Probablemente en esta última característica se encuentre el origen de su extinción. Con los años, el fútbol ha evolucionado hacia aspectos más tácticos en los que los entrenadores han cobrado una vital importancia. Se exige un despliegue físico descomunal, tanto en defensa como en ataque, y se sacrifica lo individual para premiar el bien colectivo.

Antes era imposible imaginar que jugadores como Diego Armando Maradona o Pelé corrieran los mismos kilómetros que hoy puede correr Lionel Messi para recuperar un balón perdido. El enganche clásico se desconectaba del partido en el momento en el que el esférico estaba en poder del rival y solo reaparecía cuando su equipo lo recuperaba. “Solo recuperé un balón en toda mi carrera. Fue jugando con el Real Madrid, cuando le ganamos al Barcelona por 5-0 en el Santiago Bernabéu –bromea Laudrup–. Hasta Cruyff lo utilizó para explicarle a sus jugadores la diferencia que hubo entre ambos equipos en ese partido. Les dijo: “Mirad a Michael. Nunca ha robado un balón en su vida y aquí se lo quita a Bakero al borde del área. Esa intensidad fue la diferencia”.

Laudrup con el Trofeo de la Carling Cup

Se consideraba que por ese carácter creativo el enganche debía estar fresco en fase ofensiva, por lo que quedaba exento de protagonizar esfuerzos para recuperar el balón. Pese a que pueda resultar sorprendente, Italia, históricamente, ha sido uno de los países que mejor ha cuidado a este tipo de jugador, creando un sistema en el que se sintiera arropado para brillar de tres cuartos de campo hacia adelante. Ese era su hábitat natural y no se le obligaba a abandonar esa parcela por muy exigido que estuviera su equipo en defensa. Esta desvinculación del esfuerzo colectivo es lo que ha provocado que muchos enganches sean considerados como jugadores faltos de sangre. En la actualidad, resulta prácticamente imposible que un entrenador conceda a un jugador la inmunidad táctica y le permita desconectar del partido cuando su equipo no tenga el balón.

Laudrup considera que todavía sobrevive el enganche puro, pero se le ha desplazado a otras regiones del terreno de juego. Hoy todos corren, trabajan y el creativo, además, debe crear y marcar las diferencias. “Todavía existen jugadores así. Quizá ahora se define más, porque se puede jugar detrás del delantero, pero también hay equipos donde a lo mejor puede jugar pegado a una banda y entrando con diagonales. La posición no es tan fija. Hay más movimiento, no está justo detrás del delantero”, analiza Laudrup. Sobre los posibles representantes de esa estirpe en la actualidad, no tiene problemas para dar nombres, aunque dejando claro que ninguno de ellos se limita a actuar donde lo haría un enganche puro: “Puede ser un Ozil que entra desde fuera, puede ser un Isco que juega en la banda entrando. Puede ser un Cazorla. Puede ser un Iniesta, que juega más de centrocampista, pero se va por las bandas”.

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Los años italianos

Laudrup con el Brondby

Del mismo modo en el que Michael Laudrup era capaz de marcar los tiempos de un partido sobre el terreno de juego, también lo ha sabido hacer con su carrera. Siempre supo elegir en qué equipo jugar. Tomó decisiones que se disfrazaban de inexplicables en primera instancia, pero que con el tiempo se descubrieron acertadas. Con apenas 13 años recibió una oferta para incorporarse a las categorías inferiores del Ajax de Ámsterdam, pero la rechazó y firmó por el Kjobenhavns Boldklub. “Pensé que era demasiado pronto para salir de Dinamarca”, ha confesado en numerosas entrevistas. Acertó. De ahí pasó al Brondby, debutó en la máxima categoría de Dinamarca, la ganó y en 1982, a los 18 años, fue nombrado mejor futbolista del país. Con semejante ascensión no tardó en tener una nueva oportunidad de recalar en una de las grandes ligas europeas. El Liverpool llamó a su puerta, pero algo falló. “En aquel momento estuve muy cerca de fichar por el Liverpool. Todo estaba cerrado para firmar tres temporadas con ellos, pero en el último momento dijeron que en lugar de tres años serían cuatro. Así que les dije que no”, explicó en Sky Sports. Laudrup consideró que el Liverpool había incumplido un pacto verbal y se negó a firmar por ellos. “Creo que en aquel momento el Liverpool era uno de los tres mejores equipos de Europa. Lo lógico para un chico joven sería haber llamado para pedir perdón y decir que por supuesto firmaría con ellos, pero no lo hice”.

SS Lazio

Tras rechazar a Ajax y Liverpool, el sí de Michael Laudrup estaba reservado para la Juventus de Turín. En los ochenta la Serie A reunía a las mejores estrellas del planeta. El Nápoles tenía a Maradona, la Juventus a Platini y el Udinese a Zico. Pero cometió un error de cálculo. Antes de que Bosman rompiera las fronteras del fútbol europeo, en la Serie A existía un límite que impedía tener más de dos extranjeros en la plantilla y en aquel momento en la Juventus convivían dos de los mejores: Michel Platini y Zbigniew Boniek. La Vecchia Signora no estaba dispuesto a renunciar a ninguno de los dos para darle esa plaza a Laudrup, así que le diseñó una alternativa.

Boniek y Platini

Sería cedido a la Lazio para las dos siguientes temporadas. Cuando Michael firmó con la Juventus no le dijeron que se iría cedido. Fue una sorpresa por descubrir que se marcharía a la Lazio, cuenta Rasmus Bech, periodista, político y amigo personal del danés. La sorpresa no gustó en absoluto a un Laudrup de 19 años que se sintió engañado: En aquel momento llegué a pensar en hacer las maletas y volver a Dinamarca, pero decidí quedarme. La normativa italiana le cerraba las puertas de la Juventus de Turín, pero no de la Serie A.

La Lazio sería el contexto en el que Laudrup tendría su primera experiencia en una competición de primer nivel. Y aquella versión laziale era muy distinta a la actual. Era un equipo recién ascendido de Serie B, con el polémico exjugador Giorgio Chinaglia como presidente y que luchaba por lograr la permanencia. Pese a todas las adversidades, este danés de 19 años, recién estrenado en el elitista fútbol italiano, brilló por encima del resto. Fue el jugador más utilizado por los dos entrenadores que tuvo esa temporada (Juan Carlos Morrone hasta el 11 de diciembre y Paolo Carosi posteriormente). Disputó los 30 encuentros de liga y fue el máximo goleador de su equipo con ocho tantos. El buen rendimiento de Laudrup permitió a la Lazio salvar la categoría de milagro en la última jornada, tras sumar un punto ante el Pisa. Mientras tanto, su Juventus se proclamaba campeón de la Serie A y Michel Platini, capocannoniere en la Serie A.

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Dream Team: amor y traición

Decoración bandera Barcelona

Mientras Laudrup atravesaba su época italiana, el Barcelona fue capaz de pisar cielo e infierno en menos de un lustro. Las tendencias autodestructivas del conjunto alcanzaron su máxima expresión después de perder la final de la Copa de Europa contra el Steaua de Bucarest en 1986. El presidente Josep Lluís Núñez estaba enfrentado a Bernd Schuster, que no jugó en todo el año por estos problemas con la directiva, mientras que el entrenador Terry Venables invirtió millonadas en dotar de mayor acento británico al equipo, sumando los fichajes de Gary Lineker y Mark Hughes al de Steve Archibald. En este contexto el equipo entró en depresión y comenzó a cobrarse víctimas. Durante la temporada 1987-88, Venables fue destituido después de cinco partidos. Lo sustituye Luis Aragonés, quien dimitió antes de que terminara la temporada alegando que estaba deprimido.

El exjugador Carles Rexach recoge el testigo como parche de urgencia. El punto culminante llegó el 28 de abril de 1988 cuando estalló el ‘Motín del Hesperia’ en el que los jugadores del Barcelona comparecieron públicamente para pedir la dimisión del presidente. Sintiéndose acorralado, Núñez sacó un as bajo la manga para salvar su cabeza y anunció que un mito del barcelonismo como Johan Cruyff se convertiría en el nuevo entrenador. Se trataba de una estrategia enfocada a buscar la paz social en Can Barça, pero encontró mucho más. Con Cruyff en el banquillo comenzó la que hasta 2008 estaba considerada como la etapa más dorada del Barcelona, la del Dream Team.

Durante su primera temporada en el banquillo, Cruyff construyó la base de lo que sería el Dream Team. Limpió el vestuario, mantuvo únicamente a nueve jugadores de la temporada anterior y fichó doce caras nuevas: Bakero, Begiristain, Goikoetxea, Valverde, Eusebio, Serna, Soler, Salinas, Unzué, Aloisio, Manolo Hierro y López Rekarte. Amor, Serer, Milla y Roura subirían del filial para ganar ese año la Recopa y acabar subcampeones en Liga. La temporada siguiente, la 89-90, sería la del desembarco de Michael Laudrup en el Camp Nou. El danés fue el fichaje estrella junto a Ronald Koeman. El Barcelona no ganó nada ese año, pero, bajo las premisas tácticas que introdujo Rinus Michels en los setenta, se había construido la base de un equipo histórico. Luego llegarían Hristo Stoichkov, Romario o Guardiola que completarían la obra maestra de Johan Cruyff, que acabó viviendo su momento culmen ganando en Wembley la Copa de Europa de 1992.

Laudrup celebrando la Champions League con Goicoechea

Jugamos un fútbol muy bueno en esos años. Demostramos que, sin tener a los mejores jugadores del mundo, puedes tener al mejor equipo. Todo el mundo hablaba de Begiristain, Bakero, Guardiola, Stoichkov o Koeman y ninguno de ellos era el mejor del mundo, pero sí formábamos el mejor equipo”, recuerda Laudrup. El danés ejercía en muchas ocasiones de falso nueve, generando espacios que él mismo sabía encontrar para lanzar sus pases medidos.

Su estilo de juego elegante y su visión de juego le convirtieron en un ídolo del barcelonismo. En una de las gradas del Camp Nou reposaba una pancarta en la que se podía leer ‘Enjoy Laudrup’ (disfruta a Laudrup). Aquellos fueron, probablemente, los mejores años de la carrera de Michael Laudrup tanto a nivel de juego individual, como en el aspecto colectivo. Vestido de azulgrana levantó una Copa del Rey, una Copa de Europa, una Supercopa de Europa, otra de España y cuatro Ligas consecutivas. Sin embargo, después de perder la final de la Copa de Europa contra el Milan en 1994, a Laudrup se le agotó el amor.

Johan Cruyff con el Barcelona

En una rueda de prensa explosiva, el danés confirmaba su adiós y señalaba al culpable: Johan Cruyff. “No aguanto más a Johan Cruyff. No creo que sorprenda a nadie, pero mi estancia en el Barcelona ha finalizado. Las causas de mi marcha tampoco son un misterio. Mis compañeros y la afición son admirables, pero los problemas que he tenido con Cruyff a lo largo de estos cinco años han sido determinantes. Le he dado muchas vueltas y es complicado hablar del entrenador. Por un lado, tengo que agradecerle que me permitiera volver a disfrutar del fútbol en un gran club. Pero no aguanto más. Es esa la pura realidad. Las relaciones con Cruyff siempre han sido malas. La última vez que hablé con él fue en el mes de enero. Creo que en el fútbol el factor humano es fundamental y si el grupo que hay en el vestuario no fuera impresionante, no sé lo que hubiera pasado. El grupo ha salvado muchas cosas y también ha ganado títulos a base de aguantar. Llevo once años fuera de Dinamarca y jamás me había encontrado con unos compañeros tan extraordinarios”, explicó ante los medios de comunicación.

Laudrup jugando al futbol

La despedida de Laudrup fue traumática para el barcelonismo. Rasmus Bech, amigo del futbolista danés, todavía no ha olvidado como la noche anterior a la rueda de prensa de Laudrup ya se había rumoreado que abandonaría el Barcelona y un joven enclenque se le acercó para confirmar la noticia. “¿Es verdad que se va Michael? Por favor, dile que se quede. Todo lo que sé de fútbol lo he aprendido de él”, le preguntó mientras rompía a llorar. Ese joven era Pep Guardiola.

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Al margen de su mala relación con Cruyff, la salida de Laudrup del Barcelona también estaba motivaba por una cuestión meramente deportiva. En un nuevo alarde de cálculo, marcando el tempo de su carrera con genialidad, el danés intuyó el declive culé y decidió huir. “El Barcelona tenía 12 o 13 jugadores que iban a disputar el Mundial de USA 94 y eso iba a pasar factura la temporada siguiente”, reconoció años después. ¿Cuál sería el lugar ideal para continuar brillando? Tras estudiar varias opciones se decantó por el Real Madrid. A primera vista, resultaba una maniobra extraña, puesto que abandonaba el equipo campeón para fichar por el cuarto clasificado, pero, de nuevo, resultó acertada.

Laudrup en el Real Madrid

La temporada siguiente se intercambiaron los puestos. El Real Madrid quedaría campeón y el Barcelona fue cuarto. Pese a que las dinámicas de ambos equipos le dieran la razón, el barcelonismo, que tanto le había idolatrado, no le perdonó que se marchara al eterno rival. Su regreso al Camp Nou vistiendo al Real Madrid fue un partido histórico por el ambiente hostil que se generó contra el danés. “Es el único partido en mi vida en el que el exterior me ha afectado”, confesaba Laudrup después de recibir una pitada histórica en un encuentro en el que rindió muy por debajo de su nivel. Durante sus dos temporadas en el Real Madrid también logró conquistar a la afición del Santiago Bernabéu y pasó a la historia por ser el único jugador que ha ganado al eterno rival por 5-0 en dos ocasiones consecutivas y con ambos bandos. Vivió el 5-0 del Barcelona al Real Madrid en el Camp Nou con la famosa cola de vaca de Romario a Alkorta y, la temporada siguiente, le endosó una manita a los azulgrana en el Bernabéu vistiendo de blanco.

Con el Real Madrid agotó sus últimos años de magia al primer nivel. En 1996 abandonó la capital de España para buscar aventuras en el Vissel Kobe japonés. “Fue una gran experiencia, pero a los seis meses me di cuenta de que era feliz como persona, pero no como futbolista. Aquello no era para mí. Necesitaba jugar al primer nivel”, apunta. El Ajax de Ámsterdam le ofreció esa puerta de regreso a Europa. El mismo equipo que había rechazado a los 13 años se convertía en el último escudo que defendía. Morten Olsen, con quien había coincidido en la selección danesa, le llamó para fichar por el conjunto holandés y aceptó el reto. Sólo estuvo una temporada en la Eredivisie, marcó 11 goles en 21 partidos y se proclamó campeón de liga.

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Dinamarca: Sueño inacabado

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Al margen del nivel mostrado a nivel de clubes, la mejor versión de Laudrup no estaría completa sin su presencia con la selección de Dinamarca. Debutó con la absoluta el día de su 18º cumpleaños, el 15 de junio de 1982, convirtiéndose en el segundo jugador más joven en vestir la camiseta danesa por detrás de Harald Nielsen. Sin embargo, su leyenda comenzaría el 21 de septiembre de 1983. En la fase de clasificación para la Eurocopa de 1984, Dinamarca se encontraba encuadrada en el mismo grupo que Inglaterra. Los daneses eran una selección menor que no se clasificaba para un gran torneo desde 1964, pero fue capaz de ganar en Londres y sellar su billete para la Euro del ‘84. “Ese el partido más importante en la historia del fútbol danés”, recuerda Laudrup.

Aquel día, la selección danesa se ganó el apodo de Dinamita Roja e inició su década dorada en la que se convertiría en una de las habituales en las fases finales de los campeonatos intercontinentales. En la Eurocopa del ’84, Dinamarca alcanzaría las semifinales, pero caería contra España en la tanda de penaltis. En el Mundial de México ‘86, los daneses tuvieron el mismo verdugo en octavos de final. “Fue el primer Mundial de nuestro país. Dos años antes, en 1984, estuvimos en la primera Eurocopa, llegamos a semifinales y perdimos con España en los penaltis. En México tuvimos un grupo muy difícil, lo llamaban el de la muerte por estar con Alemania, Uruguay y Escocia. Ganamos masacrando el primer partido a Uruguay (6-1) y nos daban junto con Rusia como favoritos al título. Luego, en octavos, jugamos con España en el famoso partido en el que el Butragueño marcó cuatro goles”, relata Laudrup.

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Laudrup en México 86

“Recuerdo que nos fuimos a casa y ahí nos dimos cuenta que para llegar lejos en estas competiciones no hace falta jugar bien al principio, solo hay que pasar y luego tener suerte, calidad y experiencia. Cuando pasas de grupo, a partir de ahí, un buen o mal día hace que te vayas o te quedes. Ese año tuvimos más calidad que España, pero nos faltó experiencia”, agrega. Luego llegaría la Eurocopa del ‘88 en la que Dinamarca perdió en el primer partido frente a España y no logró recuperarse. Rumbo al Mundial de USA ‘94, España volvería a cruzarse en el camino de Dinamarca. Un gol de Hierro desactivaría a la Dinamita Roja en Sevilla y Laudrup se quedaría sin poder disputar su segunda Copa del Mundo. “Siempre he dicho que todo lo que me ha dado España a nivel de clubes y cariño, me lo ha quitado con la selección”, confiesa el danés.

Dinamarca 92 Título

Entre ambos mundiales, Dinamarca alcanzó el mayor éxito de su historia, pero en esos momentos no formaba parte de la selección nacional por enemistad con su entrenador. En la prensa danesa se informó que Laudrup no compartía las opiniones del seleccionador Richard Moeller Nielsen y su entorno no lo desmiente: “Se decía que estaba enfrentado al seleccionador. Y puede que lo estuviera, pero si le preguntas nunca te lo dirá”. Obedeciendo esa petición le preguntamos a Laudrup y, en efecto, esbozó otro motivo para justificar su adiós momentáneo a la selección. “Dejé la selección a final de 90 porque, prácticamente, no nos podíamos clasificar”, explica.

Paradójicamente, sin su máxima estrella, Dinamarca se proclamaría campeona de la Eurocopa en 1992,  protagonizando una de las mayores sorpresas de la historia del fútbol. “Dinamarca entró por la puerta de atrás en la Euro ‘92 por la tragedia en Yugoslavia y ganó casi desde la playa, como se dice. Fue una algo verdaderamente impresionante. Ya sé que entonces sólo había ocho equipos, que había menos partidos y todo esto, pero ganaron partidos importantes a Alemania, Holanda y Francia. Fue único e irrepetible porque ya se sabe que es prácticamente imposible que gane un país así. Luego pasó en 2004 con Grecia, pero con países así pasa una vez en la vida y no se olvida nunca”, presume de una gesta de la que él no fue partícipe, aunque sí su hermano Brian Laudrup.

infografia

Reportaje: Francisco Ortí.

Video: Alberto Piñero

Edición: Francisco Ortí, José David López y Alberto Piñero

Ilustraciones: Francisco Ortí.

Infografía: Eduardo Carrillo.

Fotos: Getty, agencias y Brondby bt.dk.


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