En cada palabra, en cada segundo, en cada instante, nace y muere alguien, pura dinámica de nuestra existencia, una diáfana muestra de la fortaleza y fragilidad del ser humano. Puro antagonismo, metáfora creadora y destructora, como la obra de Concha García, capaz de establecer un paralelismo artístico entre la fragilidad del papel y la del ser humano, vulnerable, capaz de soportar mil manipulaciones y recuperarse de todas ellas transformado.
Tan frágil y fuerte como esta historia, papel transformado en textos, palabras y recuerdos. Recuerdos de un fútbol que sentimos aún cercano pero que poco a poco va quedando lejano, de un futbolista tan fuerte como frágil, que en su caso como en el de Concha García, transformó fragilidad en arte, fortaleza surgida de su propia fragilidad. Y aunque hablar de papel y fútbol suponga recordar al mítico Mathias Sindelar, en esta ocasión mis recuerdos pasan de largo por las tierras montañosas de Austria y vuelan en descenso armónico hacia tierras y Países Bajos en los que os mostraré a un genio holandés de nombre Marco y apellido Van Basten.





















