Lionel Messi apagó el debate sobre quien es el mejor jugador del mundo con un partido soberbio. El diez del Barcelona firmó un hat trick para enterrar al Valencia y sumar tres puntos que devuelven a los azulgranas a lo más alto de la clasificación. El Valencia protagonizó una buena primera parte, pero sin Albelda se hundió tras el descanso y se convirtió en un títere en manos de la genialidad de un dios.
El Valencia se obliga a ganar en Alemania después de sumar un insuficiente empate ante el Werder Bremen en Mestalla (1-1). Los ché apelaron al orgullo para remontar el gol de Frings, tras un penalti injusto, y la expulsión con roja directa de Éver Banega. El gol de Mata minimiza los daños, pero sitúa al Valencia en una posición muy comprometida.
El mundo del fútbol genera todo tipo de sensaciones. Pasiones incontrolables, noches mágicas, amistades inquebrantables o recuerdos imborrables forman parte de la semántica habitual del deporte rey. Por desgracia, esos sentimiento también generan su antónimo, con violencia y enemistades maquilladas de rivalidad.
Asi, a lo largo y ancho del mundo, encontramos enfados centenarios o derbis entre vecinos enfrentados desde tiempos inmemoriales. Pero no todas las rivalidades tienen origenes ancestrales ni hace falta desempolvar las hemerotecas para encontrar su causa. Otras son recientes, son enemistades a primera vista. Cómo sucedió en el invierno del 2004 entre el Valencia y el Werder Bremen.
Hay partidos que pasan a la memoria de una afición para convertirse en eternos. Este jueves el Valencia no recibía la visita de un rival de gran entidad. Sólo era el Brujas. Tampoco había en juego un título. Sólo se disputaban los dieciséisavos de final de la Europa League. A priori no reunía los ingredientes de noche mágica, pero un gesto lo convirtió en histórico. Tras noventa minutos de estoico esfuerzo los jugadores del Valencia se fundieron en una piña en el centro del campo y solicitaron el apoyo de la grada. En ese preciso momento nació el espiritu de Brujas.
Ese gesto de comunión con la afición valencianista fue el pistoletazo de salida a una prórroga que se recordará durante mucho tiempo. Después de un incansable asedio contra un Stijnen que parecía imbatible, Pablo Hernández encontró el camino del gol, por partida doble, para firmar dos tantos y sellar así el pase a los octavos de final de la Europa League, donde le espera el peligroso Werder Bremen.
Entran en juego valores de todo tipo. Desde el ambiente en los graderíos hasta la seguridad alrededor de ellos pasando, por supuesto, por la cantidad de jugadores de primer nivel que estén presentes en cada país. Elegir el campeonato de mayor prestigio, aquél que más potencial tiene y el que más gusta a los aficionados no es nada fácil. La Liga, que este verano dio un golpe en la mesa fichando a los mejores jugadores del planeta, goza de un respeto común por parte de todos, que la consideran quizás por encima de la Premier, el mejor campeonato liguero del planeta.
Este argumento se nos cae en picado cuando la Europa League aparece en escena. El segundo torneo continental mezcla equipos de gran nivel que lideran o luchan domingo tras domingo por el título nacional y que muchas veces desde España reciben un trato discriminatorio. La mayoría tiende a tachar de débil y timorato aquello que desconoce y no todos pueden hablar con propiedad de la táctica del Galatasaray, de la filosofía del Brujas, de los jóvenes del Anderlecht o de la consistencia del Wolsfburgo, todos ellos rivales de los equipos españoles. Después, los resultados no llegan al nivel esperado y el golpe es mayor pero…¿Seguimos pensando que la Liga española es la mejor de Europa?
Mal ha arrancado la jornada de la Europa League para los representantes españoles. El Villarreal ha salvado un empate(2-2) muy al final ante un Wolsfburgo que remontó el golazo inicial de Senna. Dos tantos de Grafite, el segundo tras expulsión de Marcano, dan una ligera ventaja a los germanos de cara a la vuelta. Marcos Ruben dio esperanzas a los amarillos. En Bélgica, también con expulsión, esta vez de Silva, el Valencia no pudo sacar nada positivo y un gol de camerunés Koumaha con error de bulto de Moya, dio la victoria por la mínima (1-0) al Brujas, que llegará a Mestalla dispuesto a dar la ‘campanada’ ante los de Emery, que han entrado en un bache peligroso.