Análisis e historias del fútbol internacional contadas por los mejores especialistas.

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Juventus-Inter: El partido fantasma de 1961

La sugerente etiqueta del Derby de Italia (que se disputa este domingo), surgida de la creatividad de Gianni Brera, tuvo su origen en los años treinta, desde que Juventus e Inter de Milan comenzaron a rivalizar por la supremacía del fútbol italiano y repartieron filias y fobias por el territorio nacional. De ahí que el genial Brera en la década de los sesenta, en el majestuoso ejercicio de su profesión calificara el histórico enfrentamiento como tal y otorgara al citado duelo el título de una novela futbolística que ha escrito páginas memorables desde aquel 14 de noviembre de 1909. Entonces, bianconeros y neroazurros redactaron sobre el césped del Estadio Corso Sebastopoli, la primera página en blanco de la histórica confrontación con una victoria 2 a 0 de la Vecchia Signora con goles de Borel.

Desde aquel día cientos, miles de historias tejieron la bandera legendaria de una contienda que tremola altanera entre el viento presente y un recuerdo que, como mirada al pasado os presento a través de estas líneas gastadas por el tiempo. Hacia un pasado que me sitúa en la vertical temporal de la década de los sesenta, cuando leyenda y novela versaron estrofas de un poema épico que marcó para siempre un antes y un después en la historia de la citada confrontación. Concretamente hemos de remontarnos al 16 de abril de 1961, cuando en un abarrotado estadio Comunale de Turín, Juve e Inter se enfrentaron con el título de Liga en juego. Cuentan las crónicas de la época que el Comunale aquella tarde hervía, que la multitud apenas podía contener su pasión al borde de los límites del terreno de juego, copando las pistas de atletismo e incluso haciendo incursiones por el banquillo de Helenio Herrera. Técnico hispano-argentino al que Angelo Moratti, presidente del Inter, había entregado la dirección técnica del club. Seguir leyendo…

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Balón de Oro: Los ‘humildes’ de oro

Reservado únicamente a los más grandes del planeta y a aquellos elegidos, el Balón de Oro representa (ahora desde un punto de vista más comercial y mediático que romántico) el galardón más importante que un jugador puede cosechar a nivel individual. La lista de premiados hasta el día de hoy, contiene gran parte de los quilates del deporte rey con nombres que son historia viva a nivel mundial. Hay lugar para campeones del mundo, de Europa y para auténticos mitos que incluso lograron repetir galardón, pero también hay los ‘humildes de oro’. Un selecto grupo de privilegiados que aún hoy mantienen la esfera brillante encima de sus televisores, alejada del glamour, torpedeada por los críticos y que atestigua la calidad real de su ganador, más allá de que éste, no lograra trascender a nivel global. Son los ‘Balones de Oro’ olvidados.

Omar Sívori (1961-Juventus):

Fue uno de los primeros iconos mundiales en compartir una doble nacionalidad (italo-argentino, siendo además internacional con ambas), que a posteriori generó debates entre ambos países y que abrió la veda a más casos. Se trataba de un jugador con mucha capacidad de llegada, pues sin ser delantero, sí lograba aparecer constantemente en zonas de remate, aunque su especialidad era driblar y gambetear, pues esta denominación de ‘potrero’ encontró su nacimiento a raíz del juego canchero de Sívori. Menudo (sólo medía 1.63), aprendió solo el oficio, como los grandes artistas de la época, pues cuando llegó a las inferiores de River Plate, lo situaron rápidamente en generaciones de mayor edad. Fútbol fresco, libre, espontáneo, de un chico pícaro al que tras un show en la Bombonera ante Boca, empezaron a llamar ‘Cabezón’. Seguir leyendo…

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Balones de Oro: Sivori: “Cabezón”, Carasucia y potrero (1961)

sivoriCuenta la historia del fútbol argentino que la fundación criolla comenzó en 1913, cuando el Racing Club, sin un solo jugador de origen británico, conquistó el campeonato de primera división por primera vez. Fue entonces cuando aquel fútbol de apellidos e influencias latinas se fue imponiendo al estilo sajón. Un fútbol ya más representativo del sentir del pueblo argentino, fútbol del potrero (espacios vacíos de la ciudad, de diverso tamaño, por lo general pequeños e irregulares). Terrenos en los que ante el amontonamiento de jugadores en un espacio reducido, la única posibilidad de conservar la pelota un cierto tiempo era siendo un “dribbleador” empedernido. Base desde la que el fútbol argentino se dio a conocer al mundo, ese fútbol rioplatense que exportaron aquellos primeros “dribbleadores” a Europa. Como dijo el legendario periodista Borocotto “productos populares”, esos pibes, que sin ningún tipo de enseñanza, inventaron el estilo “criollo” en el potrero.

Y uno de sus exponentes genuinos  fue Enrique Omar Sívori, “El Cabezón”, un crack sin época que labró su genialidad en los terrenos baldíos de San Nicolás, donde era conocido como “Chiquín” y donde vivió una pobre infancia.

Un chico con alma de “Carasucia” que fue acogido en el semillero inagotable de Núñez, donde deslumbró tras aquel debut en la primera de River un 4 de abril del 54 ante Lanus. Un partido en el que sustituyó a una leyenda como Labruna y en el que hizo su primer gol. Seguir leyendo…

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Un desarrollo de Pedro Puig