Escribía hace tiempo mi compañero Martín Díaz Núñez: “Entre Rumania y Ucrania, cerca del mar negro y a orillas del Dniéster, y habitada mayoritariamente por un pueblo de lengua rumana, se encuentra Moldavia, una de las antiguas republicas soviéticas que formaban la URSS, creada durante la 2º guerra mundial con territorios arrebatadas a Rumania y Ucrania. Con la disgregación soviética, la pequeña republica -de una extensión similar a la de Cataluña-, se hizo independiente, aunque una parte importante de la población lo que deseaba realmente era su integración en Rumania -una situación similar a la Chipriota-. Sin embargo…
La zona oriental de la republica, la situada en la ribera izquierda de Dniester, de poco mas de 4000 kilómetros cuadrados de extensión, estaba -y está- habitada mayoritariamente por elementos eslavos -rusos y ucranianos sobre todo-, a los que no le hacia gracia alguna quedar englobados dentro de una “Gran Rumania”. Así que, apenas establecida la independencia moldava, ellos proclamaron a su vez la propia, apoyados sobre todo por la presencia en su territorio de una importante fuerza militar rusa. Tras una guerra civil en 1992, la situación quedo en una especie de limbo jurídico, en la que aun sigue, con Transnitria como país independiente de facto, pero sin reconocimiento oficial por parte de estado alguno. Seguir leyendo…


Los ‘gigantes’ del continente pasan examen cada partido pero es en su final de campaña cuando toca mirar atrás y analizar los objetivos cumplidos. Ese momento, espléndido si el curso ha alcanzado las metas o decepcionante si la presión te ha consumido, resume todo un año. Todas las competiciones, todos los resultados y aquellos momentos que, para bien o para mal, ya son historia. Para muchos otros, los más humildes y los que tan sólo quieren las migas de ese pan que otros devoran, ese resumen de la temporada depende exclusivamente de un par de encuentros y no precisamente en el mes de mayo, sino en pleno agosto y tras semanas de preparación (y no de playa). Las fases previas de la Champions League han dejado momentos únicos para equipos que ansían protagonismo a base de mesura y trabajo silencioso. Una receta que ha servido para que Poli Timisoara, Ventspils o el simpático 
















