Es casi un hecho que River y Boca no participarán de la Copa Libertadores del próximo año. La debacle deportiva, económica e institucional que vive el equipo millonario tal vez hace que esta situación no resulte tan novedosa ni inesperada. Los del barrio de Núñez hace tiempo que no están ni se les espera en el ámbito de la alta competición internacional. Pero el universo xeneize está revolucionado, herido, y preocupado. El club de la Ribera ha sido el que más veces ha ganado el principal campeonato continental para los equipos sudamericanos en la última década, y quedar fuera de la Libertadores en 2010 puede implicar bastante más que un revés deportivo para Boca.
Las arcas del club -lógicamente- sufrirán sin los ingresos excepcionales que están acostumbradas a percibir cada temporada por su participación en la Copa. Y, como acaba de señalar el ex presidente Mauricio Macri, sin ese dinero a la dirigencia boquense se le muy difícil seguir pagando contratos como los de sus máximas estrellas dentro del terreno de juego -Juan Román Riquelme y Martín Palermo- y fuera del gramado -como Carlos Bianchi, quien actualmente es el manager o secretario técnico de la entidad porteña-.

























