Domingo, 21 de junio de 1970. El estadio Azteca de la Ciudad de México se convierte en marco incomparable y escenario de una representación artística casi perfecta. Sobre la cancha dos grandes selecciones, una terrenal y la otra sobrenatural, la Italia de Facchetti, Rivera, Riva, Mazzola y Boninsegna y la Brasil de cinco números diez que no tocan el suelo sino que lo sobrevuelan por el verde tapete del caluroso estadio mexicano. El colegiado alemán Rudolf Gloeckner encargado de silbar al viento Azteca los goles verdeamarelhos.
Italia llega a la final haciendo como siempre un ejercicio brutal de eficacia y conocimientos del juego en una fase final de un torneo. Oficio, talento y beneficio, un equipo dirigido por Valcareggi con Albertosi en la portería, arropado por una excelente línea defensiva en la que Burgnich y Rosato, son los firmes guardianes de la zona central, con el magnífico Giacinto Facchetti, a la izquierda, con el interista Sandro Mazzola y Domenghini aportando la calidad en la media y una pareja fantástica compuesta por Boninsegna y Gigi Riva, arriba que marcan el camino hacia el gol. Una selección con mucha prosa, con trazos de prosa poética pero en la que la poesía contempla desde el banquillo el despliegue futbolístico de sus compañeros aguardando impaciente unos minutos en los que brillar: Gianni Rivera. Seguir leyendo…























