Sabemos que los años no pasan en balde ni tan siquiera para las ‘viejas glorias’ del fútbol y que la edad es ese mal endémico que nos equipara sea cual sea nuestro rango social, fama o equilibrio mental (que también hay que tenerlo en cuenta). Sin embargo, aquellos que durante años fueron esclavos de gimnasios, entrenamientos diarios y fisioterapeutas de prestigio, casi siempre mantienen una visión de la vida muy natural, eternamente vinculada con el amor propio a su cuerpo. Y digo ‘casi’ porque casos como el de Mats Magnusson echan por la borda tal raciocinio.




















