El empate sin goles le aseguraba, por fin, la obtención de un postergadísimo título al Cruz Azul, uno de los equipos más populares de México. Minuto noventa, todo bajo control. Muchos nervios. Balones maltratados. Ganas de que el tiempo pase rápido y el maleficio se rompa. Minuto noventa y uno, lágrimas de emoción contenida en la sufrida afición de la Máquina. Minuto noventa y dos. Gol. Imposible de soportar. En tiempo de descuento el delantero paraguayo Edgar el Pájaro Benítez hace estallar a los locales, los hinchas del Pachuca. Los Tuzos fueron los responsables de rematar el sueño Celeste, que suma nada más y nada menos que cinco finales perdidas en los últimos dos años.
Hace una semana, en su casa del Distrito Federal, el Cruz Azul podría haber dejada vista para sentencia la serie final de la Liga de Campeones de la CONCACAF. Al término de la primera mitad en el partido de ida la Máquina Cementera se imponía cómodamente al Pachuca por 2-0. Parecía muy claro que los jugadores de Enrique Meza conseguirían ampliar el marcador, y dar tranquilidad a la afición que había llenado el Estadio Azul. Los hinchas venían de pasarlo muy mal en la goleada de los Gallos Blancos de Querétaro, por la anteúltima jornada de la temporada regular del Torneo Bicentenario. Pero el equipo de la camiseta celeste se confió demasiado, y permitió que en el segundo tiempo los Tuzos descontaran. Con una mínima ventaja en la final internacional, Cruz Azul comenzó el pasado fin de semana con la clasificación a la Liguilla Final al alcance de su mano. Con la posibilidad de revertir el mal resultado en la Concachampions en su casa, Pachuca no dependía de sí mismo para poder jugar los play-offs de la primera división mexicana. Seguir leyendo…