
En el Vicente Calderón no hay paquidermos, pero la presencia representativa del monarca o en su caso de su legítimo heredero, cobra vital importancia en el marco de esta competición que lleva el nombre de la institución a la que representa. Pese a que un león herido intenta dar un zarpazo a la historia en el estadio colchonero, la caza mayor ha dejado paso a la caza menor, a la caza de un balón que pretende ser protagonista de una final en la que se expone y pone en juego uno de los estilos más valorados del variado corolario futbolístico que existe para llegar al éxito. Para algunos (entre los que me incluyo) el más cercano a lo considerado como verdad artística de este juego, para otros los desvaríos estéticos de una secta de iluminados rapsodas que solo conciben un estilo de fútbol. Nada más lejano de la realidad puesto que el fútbol bajo mi punto de vista se puede expresar, trabajar, de diversas formas y maneras. Todas ellas loables, susceptibles de llegar con éxito a la meta final, pero no todas capaces de dejar la impronta histórica de un estilo por el que jamás se les olvidará.
En ese rodar de la pelota la Copa del Rey nos ha proporcionado el enfrentamiento de dos de los reyes de la competición, que en el camino de la libre expresión sobre un terreno de juego, difuminarán la filosofía técnica de dos entrenadores que enseñan a sus futbolistas a competir a la vez que a disfrutar. Bielsa y Guardiola, el primero maestro que aspira a reinar y al que el fútbol le debe un gran triunfo que se le resiste, una victoria que haga justicia con el enorme trabajo que ha desempeñado desde que es entrenador. Y el segundo la trepidante e intensa historia de un loco del fútbol al que este recompensó vertiginosamente con uno de los mejores equipos de la historia, cuyo excelso reinado quedará grabado para siempre en la retina de los aficionados. En cierta medida dos monarcas del fútbol y un modelo que indefectiblemente pasa por la pelota y el gol sin condicionantes previos, con la transparente filosofía vinculada al juego generado para crear ocasiones como vehículo para acceder al triunfo. Sin las obsesiones que genera el miedo a encajarlos, con un posicionamiento asentado en la idea de convertir y crear, de buscar la grandeza a través del fútbol y un modelo futbolístico. Seguir leyendo…






















