
Las premisas toman cada vez más adeptos, defienden teorías vanguardistas e insuflan aire para remover las críticas cuando los resultados debilitaron sus propuestas. Se busca dominar, marcar los tiempos, entorpecer al rival e incomodarle buscando superioridad numérica en zonas determinantes. Puede sumar el condicionante de la presión en la salida de balón rival o bien, achicar espacios en una línea defensiva contundente. Puede desequilibrar con talento puro en acciones de asociación medular o, por el contrario, enturbiar la circulación de balón rival con un desgaste titánico en la zona de creación rival. Incluso, pueden unir teorías en la velocidad, potencia e individualidades en su ataque para marcar diferencias ofensivas.
Las primeras claves hablarían del modelo Barcelona-Selección Española, que agiganta sensaciones de circulación rápida de pelota, presión desde los primeros hombres de su ataque y capacidad desequilibrante con los mejores jugadores del planeta siempre en base a dominio absoluto de posesión. Las segundas claves, hablan del ejemplo modelo del último Corinthians campeón de Libertadores, que amplifica sensaciones extremas en defensa, competitividad con dos mediocentros de fuerza y equilibrio, unidos a una línea contundente sin excesos de carrileros y velocidad improvisada en sus atacantes. Dos modelos drásticamente opuestos aunque aliados al éxito en los últimos tiempos, pero que guardan una relación, una clave que les hace similares: Juegan sin ‘nueve’. Una dinámica creciente, desarrollada en cualquier epicentro del planeta pero que aún encuentra detractores en forma de goles de antaño. Fuerza, corpulencia, centímetros y contundencia que sigue exponiéndose como siempre en Alemania. Allí, todo queda reflejado en su tabla de goleadores para comprobar que se siguen construyendo ‘tanques’ de área. Seguir leyendo…
























