En ocasiones, hay equipos que se rebelan contra su destino. Afortunadamente, el fútbol, quizá el único deporte no limitado por el reglamento a la equidad y alternancia de posesiones de balón, de tiempo ni espacio, permite abandonar el guión preestablecido y, aunque sea por un momento, paladear el éxito reservado a otros. Porque si de algún equipo era imposible esperar el liderato de la Liga BBVA tras las ocho primeras jornadas, ese era el Levante UD. El presupuesto más bajo de toda la primera división, apenas 25 millones €, una plantilla con una media de edad quizá excesivamente elevada para la exigencia de la competición, jugadores rebotados de otros equipos, cesiones y un entrenador como Juan Ignacio Martínez, con prestigio en categorías más modestas y un buen hacer reciente en el Cartagena pero sin experiencia alguna en la élite.
Tras dos empates iniciales ante Getafe y Racing, los dos consecutivos fuera de casa tras el aplazamiento de la primera jornada, llegaba el Real Madrid al Ciutat de Valencia. Optimizando sus armas al máximo, con Ballesteros erigido en cacique defensivo y azote desquiciante de los rivales, un gol de Koné proporcionó al equipo levantinista la primera victoria del curso y, lo que el día de la fiesta ante el Madrid aún no se imaginaban, inicio de una racha de seis triunfos consecutivos, hasta el primer puesto de la tabla. Seguir leyendo…
























