
Exteriorizar alegría y optimismo es el mejor bálsamo para afrontar problemas. Lo recomiendan expertos en psicología pero, evidentemente, en tiempos de recesión económica mantenerse fresco y emocionalmente activo es una tarea al alcance de unos pocos dadivosos. Pese al mal momento financiero que atraviesa el planeta, jamás faltarán rincones para regocijarse. Uno de ellos está enclavado históricamente en Río de Janeiro. Enormes montañas de granito emergen de doradas playas, impecables edificios coloniales conviven con los modernos rascacielos de cristales, así como bosques esparcidos en medio de grandes zonas residenciales. Una ciudad de contrastes.
Tierra de diversión y frivolidad, calles peligrosas e imprevisibles bajo la protección del impotente Cristo Redentor, un símbolo del amor y una llamada a la fraternidad de un pueblo enloquecido y pasional con todo lo que le identifica. La capital mundial del calor es una ciudad llena de vida, que adora la playa, la samba, el carnaval y, por supuesto el fútbol, que desde hace años tiene un lugar reservado a su propio Rey en la misma cúspide del Cerro de Corcovado. Allí, junto al Cristo, defensor de la ciudad, aparece Joel Santana, el guardián del fútbol carioca. El Rey de Río. Seguir leyendo…



















