
Por David Fernández, analista especializado en fútbol asiático
Con la llegada del mes de marzo se inicia una de las ligas más igualadas del mundo en los últimos años, la J-League japonesa. La mejor liga de Asia arranca solo siete días después de la apertura oficial de la temporada anual con la Supercopa, conquistada por el vigente rey del campeonato de la regularidad, Sanfrecce Hiroshima, el pasado 23 de febrero (1-0 sobre Kashiwa Reysol). El fútbol japonés inicia el 2013 asumiendo que ha perdido una lujosa forma de promocionar su fútbol a nivel internacional: el campeón local no jugará por el hecho de serlo el Mundial de Clubes, puesto que el ganado por Corinthians en diciembre fue el último disputado en suelo nipón como mínimo hasta 2015. Durante el invierno se han dado las cada vez más habituales exportaciones de jugadores japoneses talentosos y prometedores a Europa, causando bajas importantes a equipos grandes y no tan grandes que pelearán por levantar el título liguero en los próximos 9 meses.
Para exponer la igualdad mencionada anteriormente y darse cuenta de que la “grandeza” de un club japonés está relacionada de forma primordial y casi única con su historia y masa de aficionados, basta con repasar lo ocurrido en las últimas ediciones. La edición de 2010 la ganó el 9º clasificado del año anterior (Nagoya Grampus), la de 2011 la ganó el campeón de la J.League 2 de 2010 (Kashiwa Reysol), y la que acabó en diciembre fue ganada por Sanfrecce Hiroshima (7º en 2011) y peleada por Vegalta Sendai (subcampeón, 4º en 2011), cuyo mejor puesto antes del inicio de esta década era el 13º en una de las pocas temporadas que no jugó en segunda división. Además, como demostró Gamba Osaka el año pasado, equipos grandes e incluso con éxitos continentales y mundiales no están exentos de perder la categoría si hacen malas temporadas, algo impensable en Europa. Seguir leyendo…




La expansión, un reto excesivamente ambicioso para su inestabilidad histórica, siempre fue el pensamiento de raíz de 





















