La última finalísima de la ya extinta Copa de la UEFA encumbró un proyecto millonario con altas perspectivas de futuro que llevaba años asomándose al Olimpo sin la suerte que todo valiente necesita para dar el salto definitivo. La cita de Estambul, que coronó al Shakhtar Donetsk como una institución en pleno desarrollo y expansión, volvió a centrar las miradas del segundo escalón continental en el siempre atrayente fútbol del este. Desde allí, como antes habían logrado CSKA o Zenit (mucho antes aún su principal rival, el Dinamo de Kiev), se sigue reclamando atención a golpe de talonario, juventud y una apuesta tajante por volver a colocar a su fútbol en el escalón más alto de Europa.
El equipo del singular Mircea Lucescu, que ejemplifica a la perfección el crecimiento de un club en concordancia con el dinero que se invierte en el mismo, ha ido dando pasos lentos pero firmes hasta plantarse, por fin, en su primera final continental. El culpable de todo ello es Rinat Akhmetov, un multimillonario que preside la empresa SCM Holding y que está entre las 50 personas más ricas del mundo. Parte de sus beneficios los ha destinado a un equipo de segunda línea al que ha situado en el escaparate mundial con sus últimos éxitos. Al contrario que su rival, los orange son una pequeña sociedad cosmopolita creada con un mismo patrón, el dinero de una economía saludable. Seguir leyendo…





















