
En el centro de Inglaterra, entre Derby y Birmingham, se encuentra una de esas ciudades que hace que uno no pueda evitar pensar que la vida es hermosa. Por supuesto, el que sea la cuna de la cerveza inglesa (y de un extraño y dudoso potingue llamado Marmite), con cinco cerveceras, y el lugar donde se fabrica la tan “futbolística” carling, no tiene nada que ver. El lugar fue escogido por el destino para convertirse en tan refrescante paraíso debido a la calidad de sus aguas, que permitían que la dorada bebida se conservara durante más tiempo. Es difícil sobrellevar tan gran honor sin tener que pagar algo a cambio, y es que es complicado que exista algo más interesante en la población, en cualquier ámbito. De hecho, no lo hay, pero ya que estamos en una web futbolística, intentaremos abandonar por un instante la dorada caricia del amargo néctar de los dioses, y centrarnos un poco.
Es Burton una localidad de pequeño tamaño (unos 60,000 habitantes), a pesar de lo cual tiene una antigua (más que larga) relación con el futbol. Llegó a disponer, a finales del siglo XIX, de dos equipos en la Football League inglesa, por entonces de tan solo dos divisiones, el Burton Swifts (que jugo en 2º división entre 1892 y 1901) y el Burton Wanderers (en 2º entre 1894 y 1897), que posteriormente se unieron para formar el Burton United, que ocupando el lugar de los Swifts siguió jugando en segunda hasta 1907, cuando debido a sus malos resultados fue expulsado de la liga, para desaparecer tres años después. Y no fue hasta 1950 cuando nace el dueño del escudo que vamos a mostrar hoy, el Burton Albion, que tras décadas de jugar en divisiones inferiores, se alzó a principios del nuevo siglo hasta la football conference, el top del balompié amateur inglés, en la que se encuadra desde entonces, habiendo aumentado poco a poco su nivel, y estando ahora en una histórica situación, viendo su holgada primera posición en la tabla de la conferencia nacional, con la posibilidad de, 100 años después, hacer retornar a la liga de futbol a la ciudad de la cerveza… Seguir leyendo…




“Supongo que Sheffield podría reclamar con justicia ser considerada como una de las ciudades mas feas del Nuevo mundo”. Si a esta frase del perspicaz George Orwell, autor de las inolvidables “1984” y “Rebelión en la Granja”, le unimos las palabras del historiador de Arte Nikolaus Pevsner, en 1959, comentando que “arquitectónicamente (la ciudad) es una miserable decepción”, mas sus industrias, sobre todo las metalúrgicas, que le han dado el titulo honorífico de “ciudad del Acero”, entenderemos que como nuestra ultima protagonista, Gateshead, Sheffield no era precisamente una de esas “Città d’Arte” a la italiana, tan difíciles de encontrar en la industrializada Inglaterra. Si se junta esto a los bombardeos sufridos durante la segunda guerra mundial (muchos, debidos entre otras razones a ser la ciudad sede de diversas fabricas de armamento), y la recesión provocada por la reconversión industrial y el cierre de muchas de las factorías (algo que recoge muy gráficamente la película 






















