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Análisis Liechtenstein: Un paraíso sin fútbol de nivel

Es uno de los países más pequeños del mundo, el idioma oficial es el alemán y es sobradamente conocido por ser un paraíso fiscal apetecible para quien domina los temas financieros en tiempos de crisis. Su gran vinculación con Suiza le obligó a usar el franco helvético como moneda oficial y en materia política, el querido e idolatrado príncipe Hans-Adam, lidera la monarquía constitucional reforzada tras la crisis de 2003. Son datos transcendentales para conocer a un país, Liechtenstein, pero, sobre todo, para entender las costumbres y el día a día de un pueblo cuyo amor por el fútbol es secundario, lo que degenera en una selección nacional humilde por naturaleza y con el futuro tristemente encarrilado hacia la oscuridad.

No es que el país sea el centro de grandes deportistas, pues su máximo representante es el ex esquiador Hanni Wenzel, doble campeón olímpico en 1980, pero los futbolistas ni tan siquiera tienen un campeonato al que acudir sino que se instalan en la Federación Suiza. No existe profesionalidad y aún está en sus primeros años de integración UEFA puesto que pese a que disputó su primer partido en 1981, no fue hasta 1996 cuando entró oficialmente en el organismo del fútbol europeo y a regirse por sus competiciones. Dos años más tarde lograron su primera victoria a imponerse a Azerbaiyán 2-1 pero, desde entonces, la situación ha mejorado levemente dentro de un margen siempre ligado a la máxima humildad. Hasta el punto que haber sumado ocho unidades en la última fase clasificatoria al Mundial 2006, tras sacar puntos ante Eslovaquia, Portugal y ser capaz de vencer dos veces a Luxemburgo, se ha considerado un salto notable. Seguir leyendo…

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Sus quince minutos de gloria

Aquellos que seguimos diariamente el fútbol internacional como principal referente de entretenimiento o de faceta laboral, solemos tener una tendencia muy arraigada y generalizada respecto a proteger a los débiles. A veces se trasparenta en cosas simples como no querer herir aún más a un equipo o selección cuyo máximo mérito puede ser, en la mayoría de los casos, perder de manera honrada y digna. No recibir una goleada, evitar que cada una de sus citas se convierta en un récord para otros o, simplemente, poder salir con la cabeza alta de haber dado todo.

Para todos ellos, la selección de Kazajistán -verdugo el pasado sábado de la Serbia de Clemente- fue, el ejemplo más reciente de que el fútbol actual, siempre dentro de un nivel medio, está demasiado igualado y salvo selecciones con potencial consumado en títulos y experiencia, hoy en día nadie gana de manera holgada. Almaty, donde el otro día se escucharon más titulares en contra del ‘gigante’ serbio que a favor del ‘pequeño’ kazajo, reclama una mayor atención hacia sus progresos que, aunque lentos y mínimos a simple vista, son una realidad.

Animados por la idea de tres puntos mágicos e históricos, Azerbaiyán y Liechtenstein se unieron a la causa con dos victorias que pocos esperaban y que bien merece un análisis. Por sacrificio, por un juego en bloque que pocas selecciones pueden igualar, por lucha en cada balón por ese metro de más y, ante todo, por hacer que la igualdad predomine a base de trabajo en unos momentos en los que el talonario y lo mediático olvidan que lo que nos entretiene y apasiona es un deporte, no un negocio.

Azerbaiyán, vecino de Kazajistán, tomó buena cuenta del éxito que aún sobrevolaba la zona y logró imponerse a Finlandia. Era casi una utopía pensar que los finlandeses podían caer en Bakú, porque llegaban en segunda posición en un grupo complicado (Serbia, Portugal y Polonia), aunque siendo a su vez sorpresa positiva y dispuesta a dejar fuera a alguna de las potencias antes citadas. Es cierto que las únicas premisas locales fueron el empuje y la constancia, pero esas limitaciones evidentes, no fueron aprovechadas por Finlandia, que dejó escapar ocasiones claras de Eremenko y Johansson. Pero, a falta de ocho minutos Imamaliev remataba un saque de esquina para enloquecer al estadio de la República.

Esta victoria, primera en toda la fase de clasificación y tercera en su recorrido en las mismas, llega cuando mayores ingresos se han efectuado en la Federación del país. Desde la llegada de Ramiz Mirzoyev, la ilusión ha aumentado y pese al desastre que fue la contratación de Carlos Alberto para dirigir a la selección -ahora Diniyiev-, se han logrado progresos que no son enormes pero que para su propuesta es más que un éxito. Así mismo, al fútbol nacional han llegado entrenadores foráneos y, con ellos, jugadores que deberían poder mejorar la calidad en los futuros azerbaijanos.

Algo parecido sufren en la impronunciable Liechtenstein que, habían depositado buena parte de sus esperanzas para puntuar en el choque de este miércoles ante Letonia. Con un buen ambiente, Vaduz se preparaba para la que sería su segunda victoria en 25 años de historia en partidos oficiales. Al igual que Azerbaiyán, su receta es práctica, trabajar por decreto e intentar disminuir así las grandes debilidades defensivas y de remate que padecen aunque, en este último aspecto, Frick, un semi-dios en el país, del que ya hemos hablado en alguna ocasión, lograra adelantarles en el primer cuarto de hora.


Cierto es, como era lógico, que Letonia tuvo en su mano la victoria porque Pahars, Stepanovs o Kacanovs, erraron su múltiples ocasiones. Así, con el tanto del punta del Siena recordando la anterior victoria (4-0 ante Luxemburgo), de hacía casi tres años, Liechtenstein reflejaba, una vez más, la tónica general entre selecciones de este nivel, que cualquier cosa puede pasar dada la enorme igualdad existente.

Malta
, que sólo cayó por un tanto de penalti ante Grecia, Armenia, cayendo en Varsovia pon la renta mínima e incluso Andorra, que obligó a Inglaterra a forzar en la segunda parte para doblegarles, también merecieron mejor suerte pero demostraron que con sacrificio y trabajo, todo es posible.

Foto: Yahoo
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Un desarrollo de Pedro Puig