Cuarenta y dos años arrastraba España sin lograr ganar en Francia. Ventiún minutos tardó la Roja en romper el gafe. Esta generación de futbolistas se está acostumbrado a romper todos los maleficios de la Selección. Primero superó la maldita barrera de los cuartos de final, luego levantó una Eurocopa. Ahora obtuvo por fin una victoria en territorio francés (0-2) y en junio viaja a Sudáfrica con el objetivo más grande de todos: convertirse en campeones del mundo por primera vez en la historia del fútbol.
La Roja visitaba Saint-Denis como prueba de fuego de cara al próximo Mundial. La idea era enfrentarse a una de las grandes selecciones en su territorio para medir la verdadera dimensión de la Roja sin estar escoltada por su afición. En su lugar se encontró con una Francia desdibujada y un ambiente de crispación contra la selección gala. Los aficionados franceses se mostraron muy críticos con su equipo, especialmente contra Thierry Henry, a quien le acompañó una pitada cada vez que tocaba el balón, y Raymond Domenech, al que la grada le pidió la dimisión.
La Selección española visita este miércoles París, territorio hostil para la Roja. Y es que España no gana en Francia desde hace más de 40 años. Los duelos entre españoles y franceses traen malos recuerdos, especialmente en las dos últimas décadas, en el que el balance es muy favorable para los galos. Destacamos cuatro enfrentamientos clave entre España y Francia.
Francia-España (1-3) (Lyon, 17-10-1968):
La últimavictoria de España en territorio francés tuvo lugar hace más de 40 años. La Roja visitaba el estadio Gerland de Lyon para enfrentarse a Francia en partido amistoso. El encuentro se puso de cara para Les Bleus gracias a un tanto de Blanchet a la media hora, pero tras el descanso la Roja reaccionó y acabó ganando de manera holgada con tantos de Pirri, Ufarte y el ex seleccionador español Luis Aragonés.
Hay pocas muestras parar explicar mejor el rendimiento histórico de una selección nacional que el palmarés cosechado. Este suele reflejar perfectamente y por igual, los momentos estelares, los de inflexión y los de desolación. Todos unidos en un orden cronológico que, en el caso de Francia, no encuentran una interpretación demasiado lógica. Les Blues dejaron nombres para la posteridad como Lucien Laurent (el primer goleador de un Mundial), Just Fontaine (máximo goleador de una fase final mundialista) o cracks del tamaño de Platini o Zidane, pero no fue hasta la eclosión de estos últimos, cuando verdaderamente Francia sacó la cabeza de su oquedad histórica.
Participó en los primeros mundiales, vivió su primera época dorada a finales de los 50 y principios de los 60 con dos semifinales consecutivas en Suecia 58 y la Eurocopa dos años después como anfitrión. Se perdió por completo del panorama durantes dos décadas y volvió a lo grande con una semifinal en España 82 y un título continental en la Euro 1984, también disputada en Francia. Sus momentos gloriosos siempre estaban vinculados a campeonatos donde actuaba como local y Francia 1998 era su gran oportunidad. La generación de Zidane, bien acompañado por Petit, Barthez, Blanc, Thuram, Henry o Deschamps, tocó el cielo en el estadio Saint Denis (donde España acudirá este miércoles), exclusivamente preparado para festejar un final como el que la historia les tenía deparado. Esa tarde de domingo veraniego en el barrio parisino cambió su epígrafe para siempre. Ya eran grandes. Ya eran campeones del mundo.
Con motivo del encuentro amistoso entre España y Francia del próximo miércoles recuperamos este artículo dedicado a la figura del seleccionador galo Raymond Domenech.
Un reciente estudio científico así como la mayoría de las películas de Disney aseguran que la necesidad de sentirse amado es inherente al ser humano. Sin embargo, no es una regla que se cumpla en su totalidad. Existe un pequeño estrato de la sociedad que se encuentra cómodo con el odio. Mientras durante su infancia la mayoría ha deshojado la margarita deseando que el azar respondiera “me quiere” hubo un niño que ansiaba el “no”. Ese niño era Raymond Domenech y como adulto ha encontrado el lugar ideal para convertirse en diana humana de críticas: el banquillo de la selección francesa.
Domenech asumió el cargo de seleccionador francés tras la Eurocopa del 2004. Era un periodo complicado para Les Bleus, que necesitaban un cambio generacional, y para el país, dividido por los disturbios que explotaban con intermitencia en los suburbios. En el primer problema no reparó. En el segundo posiblemente tampoco, pero sí ayudó a solventarlo. Francia volvió a unirse gracias a Raymond Domenech. O, mejor dicho, se unió en su contra. Y es que el seleccionador francés se ha convertido en un personaje tan odiado en su país que en una cita tan importante como la de este miércoles en la que Francia se jugará la clasificación para el Mundial ante Irlanda los jugadores galos preferirían jugar de nuevo en Irlanda para escapar del ambiente que se genera en las gradas.
En las pasadas navidades de 2008 nos llegaba una noticia procedente del sudoeste de Francia, de un humilde pueblecito de la bella Aquitania francesa llamado Biganos que nos generaba potentes sensaciones. Sorpresa y nostalgia nos inundaban a partes iguales cuando conocíamos que un exfutbolista de 45 años volvía a vestirse de corto diez años después de su retirada para jugar en la Décima División. Un ilustre futbolista que honró a la humilde localidad francesa con la posibilidad de contemplar los últimos días como jugador de todo un Balón de Oro, su nombre Jean Pierre Papin.
Delantero de adjetivos pequeños para describir su estatura pero de grandes adjetivos para describir su capacidad para hacer gol. Adjetivos tales como destructor, devastador o aniquilador, disfraces lingüísticos a la medida para un delantero veloz, de gran remate y definición, un tipo frío en los metros finales que solía disparar antes de preguntar y que se ganó a pulso su fama de ‘anéantir la zone’ (aniquilador de área). Un diamante, una joya anónima fabricada en los laboratorios futbolísticos del INF Vichy, donde se curtió la piel del goleador y cerca de donde una famosa marca de la localidad trabaja en la belleza y salud del citado órgano vital.
Su negra mirada apunta con altivez a las gradas. Las desafía al mismo tiempo que reclama su atención. Disfruta del momento. Se relame. Los brazos en horcajadas y el cuello de la camisa apuntando al cielo completan el perfíl chulesco. Esta reacción es antónima al gran momento que acaba de protagonizar. Ha recibido un balón en el centro del campo. Ha sorteado a uno, dos, tres rivales, tira una pared con Mc Clair y en potente carrera toma cuerpo de manada. Recibe en la frontal del área y parece que desatará su rabia animal con un violento disparo, pero no. Inventa una sutil vaselina que traza una preciosa parabola para besar la red.
La escena corresponde al famoso gol logrado ante el Sunderlandy el protagonista no es otro que Éric el Rojo, Le Roi Cantona, Mad Éric o Cantona el rebelde, como prefieran llamarle. En definitiva Éric Cantona, la dualidad convertida en futbolista. Detestado por uno, amado por otros, elegante en ocasiones, tosco por momentos, Cantona nunca ha dejado indiferente a nadie y siempre sorprende. “Para sorprender a los demás primero hay que sorprenderse a sí mismo”, asegura este francés de 46 años que ahora se muda con su arte de los terrenos de juego a los platós de cine.
Con demasiada frecuencia la política africana adolece de una inoportuna fragilidad y se convierte en una mera excusa para que los problemas germinen en violencia. A finales del siglo XX lo que para Angola iba a ser una fiesta por lograr su independencia de Portugal mutó en uno de los conflictos más cruentos que se recuerdan en África, con un resultado de 500.000 muertos y 100.000 mutilados. Hasta cuatro millones de personas tuvieron que huir al extranjero en condiciones infrahumanas para salvar su vida. Entre los millones de refugiados se encontraba Nacimento Ricky Mavuba Mafuila.
Diez años antes de su huída Mafuila se había convertido en una leyenda del fútbol africano. Formó parte de Les Léopards de Zaire que logró clasificarse para el Mundial de Alemania 74, convirtiéndose así en el primer equipo del África negra que firmaba tal gesta, pero poco importaba eso en medio de un conflicto armado y decidió escapar en patera junto a su esposa embarazada. Por si navegar el Atlántico a lomos de cayuco no fuera lo suficientemente complicado a Mafuila se le sumó un nuevo problema: su mujer había roto aguas e iba a dar a luz.
Primera parte de la prórroga, Francia contrae la respiración tras ver como Robbie Keane había empatado la eliminatoria al filo de la media hora. El Stade France apoya pese a las críticas que debe llevarse sin dilación el singular Domenech y en esas, cuando más sufrían los galos, cuando Govou y Malouda habían aparecido como revolucionarios y justo después de que Lloris salvara a Les Bleus en un mano a mano ya mítico ante Duff, Thierry Henry se inventó la mano más famosa de los últimos tiempos. Seguir leyendo…