Cuando se acerca un duelo entre el Valencia y el Deportivo de la Coruña la mente nos acompaña irremediablemente hasta 1994 para mostrarnos lo cruel que fue el fútbol ese año con el conjunto gallego. La escena es conocida por todos. El Superdepor está a un gol de ganar la Liga y dispone de un penalti para proclamarse campeón. Miroslav Djukic se acerca al punto fatídico con el rostro descompuesto. Preso de los nervios el serbio disparó mal. El balón y los sueños de gloria acabaron en las manos del inexperto portero González.
El fallo hundió a los coruñeses. La celebración de González les enfureció. El Valencia no se jugaba nada en ese partido y la reacción del portero fue entendida en Riazor como un gesto poco deportivo. Fue el inicio de una rivalidad entre dos equipos que todavía hoy perdura, especialmente cuando se cruzan en Copa del Rey, como sucederá este miércoles sobre el césped de Mestalla a partir de las 20.00 horas.