A comienzos de noviembre el mundo celebró el vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín. Lamentablemente la unificación de Alemania no provocó que otros paises siguieran su ejemplo. En Nicosia, capital de Chipre, un muro continúa siendo motivo de división y, sobre todo, de vergüenza. La Green Line, como así ha sido bautizada la separación entre los dos Chipres, se trazó en 1963 cuando el general Young, quien había sido enviado a la isla para controlar el alto el fuego de los coflictos entre griegos y turcos, decidió partir el país en dos mitades.
Por un lado quedaría la parte meridional, que se encuentra bajo control de la República de Chipre, y por el otro la autodenominada República Turca del Norte de Chipre, un estado de facto sólo es reconocido como país por Turquía. Los dos “estados” tienen por capital Nicosia y su frontera es la vergonzosa Green Line, levantada sobre la calle Ledra.






















