Análisis e historias del fútbol internacional contadas por los mejores especialistas.

Etiqueta: Chelsea

Brasil: El duende David Luiz

davidluiz

Por Fran Alameda (@Fran_Alameda)

Antes de empezar a escribir fui a la Twitter que diría Clemente como el que busca desesperadamente un abrazo en el momento previo a una ruptura matrimonial. Casi más de enhorabuena que de consuelo. Nada que se parezca a un paquete de pañuelos con forma humana. Estas cosas pasan en la red, que resulta ser el sitio con personas más cercano. Mis padres ya debían de estar cerca del salón. Pregunté por el hombre en cuestión, David Luiz. Mi tuit resultó impactar en la comunidad. Sin cortesía, alguno me argumentó que era un buen central. Ahondó en mi pena. Como si en el amor uno se pudiera conformar con algo bueno y no magnífico. Excelente. Quiero decir, pues, que poco que ver con el tipo de rizos dorados, que tiene un no sé qué a desaliento natural. A ser un espíritu felizmente atormentado. Un volcán helado. Un iglú ardiendo. Naturalmente, alguien para llevar la contraria. Como los que pueden, pero no quieren. O no saben.

Cuando juegan con mi fibra siempre cojo el atajo más próximo para plantarme con cara seria y hablar de fútbol. Evasión y victoria. Y contesté que podía ser el mejor de los centrales. Era un bucle. La misma respuesta de siempre. Su equipo respira cuando frunce el ceño. Hoy el rizos nos aguanta el partido. Con suerte incluso nos lo gana”, le decía Terry a Frankie Lampard de la misma manera que se lo cuenta Scolari a Thiago Silva. Pero David Luiz es protagonista de los que me gustan. De los malos de las películas. De los que siempre pierden simplemente con tal de ver a los espectadores suspirando. Uno gana, muchos lloran. También a los malos les gusta maximizar su rendimiento. Cosas de la (no) ficción, imagino. A mí me recuerda al Duende Verde de Spiderman. Sobre todo porque cuanto más sonríe, más alboroto genera. Cuando nuestro hombre esboza una sonrisa, significa que algo va a pasar. Más a menudo de lo que un delantero cualquiera. Por ejemplo, aparece a cuarenta metros y golpea. Seguir leyendo…

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Brasil: David Luiz, el gigante que no sabía crecer

Si la pobreza es una inagotable escritora de sueños, Diadema, uno de los municipios más humildes de Sao Paulo, es una extensa biblioteca. En sus calles, la realidad golpea tan duro que la única escapatoria es la imaginación y en Brasil esa imaginación la monopoliza un único sueño. Todos sin excepción fantasean o han fantaseado con convertirse en futbolistas profesionales. Incluso un niño desnutrido, enclenque y bajito al que el Sao Paulo quiso devolverle a la realidad cuando tan sólo tenía 14 años. Eres demasiado delgado y pequeño para triunfar”, le comunicó el conjunto brasileño a uno de sus jugadores antes de anunciarle que debía abandonar la disciplina. Ese niño canijo que no podía crecer -aunque parezca mentira- era David Luiz, el colosal defensa del Chelsea que ha enamorado a Stamford Bridge.

“Me dijeron que no valía para jugar a fútbol por mi físico, que nunca crecería, pero no me rendí y trabajé muy duro para desarrollarme”, confiesa el defensa brasileño. Tuvo que hacerlo lejos de casa. Tras ser apartado del Sao Paulo, David Luiz se negó a renunciar a su sueño y con el apoyo de sus padres se mudó a Bahia, en el norte de Brasil, para hacer una prueba con el Vitoria, que le fichó para sus categorías inferiores y, a los 19 años, le hizo debutar con el primer equipo. “Desde entonces siempre que me llega una oportunidad la cojo“, reconoce David Luiz. Ese espíritu es el que le llevó al Benfica primero y luego al Chelsea, por el que los Blues pagaron 25 millones de euros durante el pasado mercado de invierno. Seguir leyendo…

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Chelsea: Schwarzer, el héroe de las antípodas

Schwarzer - chelsea 2014

Medina Cantalejo hace sonar en tres ocasiones su silbato. El partido acaba de terminar. El público salta en una especie de alegría contenida, una alegría casi angustiosa. Se han terminado los 120 minutos de juego. Australia y Uruguay se van a disputar la vida en una tanda de penaltis. Digo la vida, porque como futbolista no hay nada más grande que jugar un Mundial. El contraste entre estar en Alemania y ver la cita desde casa, es abismal. Los socceroos han ganado en el tiempo reglamentario gracias al gol de Bresciano, que igualaba el tanto que consiguió Darío Rodríguez en el Centenario. La bicampeona del mundo se jugaba el pase en el lanzamiento de penas máximas. Enfrente una selección inexperta en lides mundialista, sólo una presencia precedente. Las miradas, como siempre llegados a este punto, se fijan en dos hombres. Por el lado uruguayo estaría Fabián Carini. Defendiendo la meta aussie se encontraba Mark Schwarzer. Dos protagonistas, sólo uno podía ser el héroe de la noche.

Era el 16 de noviembre de 2005. Fecha estipulada por la FIFA para las repescas mundialistas. Tanto las europeas, como las intercontinentales se disputaban en esa jornada. La mayoría de las eliminatorias estaban muy abiertas, a excepción del duelo entre España y Eslovaquia, dónde el equipo que dirigía Luis Aragonés había conseguido golear por 5-1 en la ida en el Vicente Calderón. El resto de eliminatorias aún respiraban esa tensión propia del que se juega el todo o nada. Ejemplo claro fue el Turquía-Suiza que terminó con un espectáculo bochornoso. Aunque el partido que daba el pistoletazo de salida  se disputaba en Sidney. Eran las ocho de la tarde hora local y el Telstra Stadium mostraba un lleno completo. El color amarillo y el fervor por la selección que dirigía Guus Hiddink envolvieron al encuentro en ese ambiente mágico que sólo el fútbol es capaz de conseguir. La tanda de penaltis debía hacer honor a la trascendencia del momento. Todo o nada desde los once metros. Seguir leyendo…

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Champions: El Atlético se estrella contra el Chelsea (0-0)


Empate a nada entre el Atlético de Madrid y el Chelsea en el partido de ida de las semifinales de la Liga de Campeones. Los rojiblancos propusieron un poco más, aunque sin arriesgar más de la cuenta, y no encontraron las vías para superar el planteamiento ultradefensivo diseñado por Jose Mourinho. Las espadas continúan en alto y todo se decidirá en Stamford Brige.

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Fernando Torres: Pensamientos de un niño atormentado

Fernando Torres - Chelsea

Ruido, mucho ruido, a cada paso el sonido es más atronador. El jolgorio de la cancha contrasta con el caminar mudo, pero vivo, de un jugador. Siente que cada paso es más pesado que el anterior. Atrás queda el estrecho túnel, casi por inercia comienza a subir unas pequeñas escaleras, y de repente esa luz, esa dichosa luz le es familiar. Los cánticos entran por los oídos del futbolista e inundan su cuerpo con una sensación, que tantas otras tardes vivió. Mira despreocupado hacia la grada, pero no es pasividad, es emoción, entre los nervios, dibuja una leve sonrisa, los que le querían, no le han olvidado. Un pensamiento aparece por su mente, siete años, siete años han pasado desde que me fui de casa. Su mente no deja de repetirlo. El tiempo pasa volando. Fernando Torres vuelve, como aquel que regresa a su pueblo tras lograr fortuna en una gran urbe. Mil sensaciones. Fernando retorna atormentado, no está bien, pero una sensación inmejorable le invade. Sabe que en este estadio, él es grande.

Faltan poco menos de cinco minutos para que arranque la semifinal de la Champions League. En un estadio que no vivía un acontecimiento así desde hacía 40 años. En cambio, Fernando, sí sabe lo que es un partido de esta magnitud, e incluso lo que es marcar en un duelo tan trascendental. Imposible olvidar la ‘orejona’ lograda en 2012. Cada milésima que pasa es un nuevo recuerdo. Sin razón alguna, o sí, le viene a la memoria una calurosa tarde de mayo. Torres debutaba en este campo, una semana después de marcar en Albacete, con el 35 a la espalda. Toda la afición le aclamaba y eso que aún no había pisado el verde del Calderón. Entonces tenía 17 años. Era 2001 y el Atlético de Madrid estaba en segunda. Nada que ver con su situación actual. Ahora, con la losa de los 30 acechándole, y tras convertirse en el futbolista español por el que más se ha pagado en la historia, vuelve. De repente, un niño que apenas alcanza los diez años, grita su nombre. Ese niño no le ha podido ver jugar. La esencia del Niño sigue presente en cada recoveco de las gradas. Un niño, acaba de hacer feliz a otro niño. Una sonrisa, consigue otra más grande. El himno de la Champions va a sonar, poco falta ya. Seguir leyendo…

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Simeone-Mourinho: Elogio de la personalidad

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Por Fran Alameda (@Fran_Alameda)

Ser humano, en realidad, es ser otro humano. Decía Umbral que cada uno es los libros que ha leído, cada uno escribe lo que ha leído escrito, lo que le ha formado, lo que ha aprehendido. Por lo tanto, vivir es vivir del otro y no tanto de uno, una idea que fundamentó la filosofía de Ortega y Gasset (“yo soy yo y mis circunstancias”) y se puede extrapolar a cualquier ámbito de la vida, incluido el fútbol, que es el brazo más importante de las cosas menos importantes de la vida. Estas divagaciones sin importancia y casi sin contenido se podrían llamar ‘Tiempo recobrado’ porque no soy el que escribo, sino el que lee. Y ustedes, de alguna manera, leen lo que yo leo. Y lo que soy.

La personalidad, en realidad, son los detalles, por lo que no debemos sentir culpabilidad de ser lo que leemos o, en su defecto, estrictamente lo que consumimos. Parecerse no es copiar de la misma manera que imitar no es empeorar. Diego Pablo Simeone y José Mourinho son técnicos parecidos, en personalidad y detalle. O, directamente, en el amor por el detalle. Se dice, y con razón, que el fútbol es de los futbolistas, el activo que juega, decide, sufre, se equivoca y acierta, el que corrige y el que acata, el que niega, el que insulta, el que empuja y el que corre o deja de hacerlo. Pero el entrenador tiene el mérito de gestionar el vestuario, de incidir sobre el qué y el cómo, de poner a los jugadores y de establecer un plan de juego.

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Champions: ReMOUntada del Chelsea (2-0)


El Chelsea culminó otro milagro y fue capaz de darle la vuelta a la eliminatoria frente al Paris Saint-Germain pese a que lo tenía todo en contra. Después del 3-1 cosechado en París, había pocas esperanzas de que los Blues lograran el paso a semifinales, pero un gol de Demba Ba en el últimos instante dio la clasificación a los londinenses. Antes, Schurrle había marcado el 1-0 para los locales. Los de Mourinho dieron una exhibición de fe ante un PSG al que le faltó oficio.

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Chelsea: Delanteros difuminados

torreschelsea

Estar solo tiene su aquel. Entre otras cosas, era una proposición nietzscheana de Superhombre, una condición del genio. Entre algunas más, estar solo representa cierto heroísmo (triplicado en Twitter), incluso misticismo empático al modo Norman Bates en ‘Psicosis’. Estar solo es, en cualquier caso, un modo de vida definitorio. Rasga la personalidad, cultiva la autonomía y aumenta el riesgo de locura. Los porteros son los grandes solitarios, salvo en el Chelsea de Mourinho, donde solo algunas gotas de elixir de Eto’o han prendido la llama social del nueve, para lo demás apartado como un patito feo.

Ser delantero de un equipo que vive en transición (a nivel estructural de la plantilla y a nivel táctico, o sea, de juego) es un papel reservado para solistas y solitarios. O, parafraseando a Umberto Eco, para apocalípticos y no tanto para integrados, una dualidad complicada de digerir cuando los individuos, sencillamente, forman parte de un equipo. O sea, cada pieza, de manera individual, no vale más que el nombre y el apellido. Sin embargo, el delantero más mourinhista de todos los que el portugués ha tenido, llegó tarde de calendarios a Stamford BridgeEl Niño ha hecho adultas las expectativas antes que su acierto (juega bien, pero no tiene más de lo que ya dio) y Demba Ba es un integrador no tanto en el concepto integrador como sí de agradador.

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Un desarrollo de Pedro Puig