Sabemos que los años no pasan en balde ni tan siquiera para las ‘viejas glorias’ del fútbol y que la edad es ese mal endémico que nos equipara sea cual sea nuestro rango social, fama o equilibrio mental (que también hay que tenerlo en cuenta). Sin embargo, aquellos que durante años fueron esclavos de gimnasios, entrenamientos diarios y fisioterapeutas de prestigio, casi siempre mantienen una visión de la vida muy natural, eternamente vinculada con el amor propio a su cuerpo. Y digo ‘casi’ porque casos como el de Mats Magnusson echan por la borda tal raciocinio.
Una entidad que lidera la tabla en cuanto a número de socios por el mundo (nada menos que 200.000), no puede sino considerarse un ‘gigante’ universal, más cuando le respaldan dos Copas de Europa, equipos legendarios y 31 campeonatos nacionales como en el caso del Benfica. Sin embargo, hace muchos años que la actual Liga Sagres quedó instalada en un segundo escalón respecto a las principales competiciones ligueras del continente, lo que provoca que sus jugadores más salientes (casi siempre jóvenes promesas), acaben dando el salto tarde o temprano a un campeonato de mayor protagonismo y reputación.
Da igual que el Oporto gane la Champions como hace seis años, que la Academia del Sporting de Lisboa siga curtiendo generaciones de internacionales o que el propio Benfica reúna con regularidad a 65.000 Águilas en los graderíos de Da Luz. Los obstáculos son enormes e insalvables hoy en día. Allí, en el corazón lisboeta, el ‘equipo del pueblo’ está viviendo un año de renovación diferente, próspero en lo anímico tras años de decepciones varias y esperanzador en cuanto a resultados. El culpable máximo de esta bonanza y de la renovación satisfactoria de la parte roja de Lisboa, es Jorge Jesús, un técnico enérgico, singular en sus formas y peculiar en sus gestos sobre el césped.
El Benfica, líder de la liga portuguesa, tiene una buena defensa. En las 14 jornadas sólo ha encajado 9 goles y ha marcado 38, toda una proeza. Recuerdo que ya os hablé de dos zagueros de 20 años, Sidnei y Miguel Vítor, que prometen pero esta temporada no se les está viendo mucho. Hoy quiero que desfile uno de los centrales jóvenes que sí está siendo titular. Se llama David Luiz Moreira Marinho, es brasileño, tiene 22 años y forma pareja con su compatriota Luisao. El post, recomendado por José David López, es de Iván Alvarez. Os gustará.
David Luiz es un central de gran presencia física que, pese a su juventud, nunca se achica y siempre da la cara. Su temperamento determina su forma de juego, ya que su capacidad de liderazgo se refleja en sus acciones durante el transcurso del partido. Posee alma de líder y está constantemente dando órdenes a sus compañeros. Concentrado, destaca por su inteligencia táctica, colocándose bien y saliendo con contundencia a realizar las coberturas del lateral de su zona. Dominador del juego aéreo gracias a su altura (1,88) y a su potencia de salto, sus marcajes al hombre son impecables y se siente cómodo buscando la recuperación del cuero por medio de la anticipación. Seguir leyendo…
En la década de los cincuenta el Benfica aún dirigido por el brasileño Otto Gloria comenzó a formar el embrión de un equipo que llegó a la cima del éxito y que con una perfecta fusión de grandes futbolistas lusos y mozambiqueños se codeó con lo más granado del fútbol mundial. Este equipo llegó a ser conocido como Benfica Mozambique FC puesto que en sus filas estaban los mozambiqueños Arnaldo, Coluna, Costa Pereira, Vicente …
Bela Guttman y la “Pantera de Mozambique”
A todos los grandes futbolistas ya citados y con la posterior llegada de un técnico legendario como el húngaro Bella Guttman se les unió la gran figura y el mayor icono de la historia de Benfica y del fútbol portugués: Eusebio, un futbolista que encajó a la perfección en las ideas de un técnico que tuvo mucho que ver en la creación de este excepcional delantero.
Obligada a subsistir a sombra de sus hermanas mayores (Liga, Premier, Bundesliga, Ligue 1…) pero consciente de ser una de las mejores plataformas para el progreso del fútbol europeo, la Liga Sagres portuguesa explota mejor que nunca ese rango en el que ha quedado encuadrada desde hace más de una década. Jugadores de nivel secundario, estrellas rebotadas de destinos más jugosos que no marcharon por el camino positivo y jóvenes que intentan lucirse en su primer escaparate continental, aglutinan la base de un campeonato que buscará campeón entre los de siempre.
No cambian las ubicaciones donde se dilucidará el campeonato ni tampoco los equipos obligados a luchar por el título pero, rompiendo la dinámica general de los últimos años, el campeonato portugues sí ha revolucionado las plantillas de los aspirantes. El Oporto busca su quinta conquista consecutiva con una cara nueva que recalca su estilo vendedor, el Benfica inicia su enésimo proyecto en busca de la regularidad que se le resiste en los últimos lustros y el Sporting de Lisboa apuesta de nuevo por la continuidad en un esquema sobradamente conocido que no acaba de explotar como se esperaba. Tres clásicos que se reparten nada menos que 73 de los 75 títulos ligueros que se han disputado en Portugal donde sólo Boavista y Os Belenenses rompieron una dinámica prácticamente imposible de quebrantar. Seguir leyendo…
Bangu, una humilde barriada situada en el extrarradio de Rio de Janeiro, es el escenario donde se desarrollaron los primeros años de vida del protagonista de la historia. Era enclenque, débil y sufría problemas para dominar un balón con los pies. En definitiva, el niño de Bangu no reunía la mejor colección de adjetivos para triunfar en el mundo del fútbol. Sin embargo, su sueño era llegar un día a vestir la camiseta de la selección brasileña y estaba decidido a pelear por ello.
Durante su adolescencia probó suerte en las categorías inferiores del Botafogo y el Flamengo, aunque en ambos casos vio como le cerraban la puerta. Las contantes negativas no lograron apagar el sueño del niño de Bangu, sino todo lo contrario. Decidió aliarse con la ciencia y gracias a unas inyecciones de hormonas desarrolló un físico impresionante y creció diecisiete centímetros. En menos de diez meses, el niño de Bangu se había transformado en un espigado joven de aspecto intimidador. Su nombre de guerra sería José Carlos Mozer.
A finales del siglo XVIII fue fundada la ciudad de Lourenço Marques (nombre que recibió por el comerciante portugués que exploró la bahía en 1544), actualmente conocida como Maputo. La capital del África Oriental portuguesa, lo que posteriormente sería Mozambique, marcada por una violenta historia y una notable nostalgia portuguesa, una metrópolis en la que en cada esquina resplandecen los ritmos más latinos de África. Esa ciudad que mantuvo una larga lucha por la libertad contra los colonizadores portugueses en los años sesenta y setenta y que sigue luchando por borrar las cicatrices de una cruenta Guerra civil. Un mágico enclave que quedó impregnado por el aroma latino pero que surgió de la más pura y profunda tierra africana, un punto geográfico que puso su nombre en el mapa futbolístico mundial gracias a una generación dorada de futbolistas que un día emprendieron viaje hacia la tierra materna de aquellos colonos lusos. Una generación iniciada con el legendario Matateu, continuada con Mario Coluna y que vivió su momento cumbre con la llegada de un chico nacido en el 42 en el distrito de Mafalala de Lourenco Marques. Su nombre Eusébio da Silva Ferreira.
Allí en la citada Mafalala, uno de los primeros barrios que surgieron alrededor de la ciudad, en el puerto de la mano de obra indígena negra que emigró de diversas partes del país para suministrar mano de obra a la ciudad blanca, nació, el “genio de Mafalala”, un chico con cuerpo y piernas de velocista, campeón junior de atletismo de 400, 200 y 100 metros lisos con la gran marca de 11 segundos.
El Benfica de Quique Sánchez Flores está luchando mano a mano contra el Oporto por el título portugués y parte de la clave de su éxito está en una joven y prometedora defensa, sobre todo en los centrales. Son titulares en el medio de la zaga los brasileños Luisao (28 años) y Sidnei (19), un tipo contundente del que os hablaré hoy.
Pero como suplentes con un buen puñado de partidos a sus espaldas están el también brasileño David Luiz (21), que incluso ha jugado como lateral izquierdo en vez de Jorge Ribeiro (26), y la última perla de la cantera benfiquista: Miguel Vitor (19), un chaval serio y muy atento al corte. Vitor es el suplente habitual de Sidnei, aunque también puede estar en banda derecha sustituyendo a Maxi Pereira (24) o como doble pivote.
Entre todos ellos, Sidnei Rechel da Silva es el que más presencia y proyección tiene. Es un defensa de imponente físico (1,85 y 80 kg), rápido y pegajoso. Sobresaliente por arriba y con técnica. Es de los que no esperan a ser regateados, se anticipa bien y es atrevido para entrar a por todas, aunque parezca duro, como en este vídeo.