La adolescencia de la gran mayoría de quienes por aquí nos encontramos, supuso el contacto directo con el fútbol desde un punto de vista más pasional. Pero a esa edad, las obligaciones académicas tienen un peso enorme y ser capaz de aprobar historia al son de los domingos futbolísticos, nos llenaba de orgullo (he de decir que era mi asignatura favorita). Guerras, motines, jefes políticos y soldados de alta enjundia que perturbaron el orden de las cosas para llegar hasta la ansiada libertad. De todos aquellos movimientos, sería imperdonable no dar constancia de la Revolución Francesa, el proceso socio-político que renovó por completo al país y que ahora, nada menos que 221 años más tarde, se ha reactivado en la figura calamitosa de su selección de fútbol.
Aquella iniciativa llegó en una situación caótica, similar a la que se presumía durante los días previos al Mundial en el combinado galo. Francia era el país más poblado en Europa Occidental, el más próspero y el que gozaba de mayor prestigio intelectual como centro de iniciativa de la revolución ideológica del S XVIII. En idioma Jabulani, esas premisas se traducen en grandes individualidades, optimistas recuerdos pasados cubiertos de gloria y una larga lista de opciones para volver a ser referencia tras algún traspié. En 1789, la revolución marcó el fin del Antiguo Régimen y el surgimiento de una nueva organización. Ahora, supone el paupérrimo desplome de un país con enorme cultura futbolística y el paso hacia un nuevo proyecto con mucho estiércol que remover. Seguir leyendo…




















