El fútbol es una obra esférica cuyo destino principal es ser representada por lo que visto desde este perfil, es una representación o puesta en escena cuyo guión es independiente de su escenificación, calidad y tipo de representación. Por lo tanto la escenificación tiene una relación externa con el objeto que se pone en escena y sobre todo con el individuo que lo escenifica, en este caso el actor principal, aquel que logra con su talento y calidad dar forma y vida a una obra esférica. Y el nº10 de la albiceleste dio vida y forma a su obra en el año 1986, convirtiendo de forma definitiva el fútbol en arte escénico y espectáculo.
Recuerdos que nos trasladan a la visión de un estadio mexicano Azteca ejerciendo por segunda vez -la primera en 1970 con Pelé- como escenario histórico de la consagración de un mito mundial del fútbol. Su nombre Diego Armando Maradona, México 86 la obra, el guión escrito por Bilardo, la escenificación única e independiente de Diego. Momentos estelares, la composición coreográfica de un genio que nos regaló el “Gol del siglo” inmediatamente después de una “mano de Dios”. Seguir leyendo…
El Mundial de España lo vivimos intensamente todos, en mi caso de forma especial porque en aquel verano del 82 mi memoria se inundaba de flashes de niñez que disparaban retazos de un pasado en el que una alargada figura surgía de una maraña de piernas y rebotes para hacer un gol bañado en un mar de papelillos cuatro años atrás. Un torneo este de 1982 que a diferencia de lo sucedido en Argentina y por edad, guardo un vivo e intenso recuerdo.Naranjito se convirtió en un buen zumo pero de variado dulzor, puesto que el Mundial español fue un torneo en el que soñamos con lo que pudo haber sido pero acabamos comprobando lo que realmente fue.
Lo que pudo haber sido si Maradona no hubiera recibido la terrible marca de Gentile o no se hubiese sentido impotente ante ‘la Brasil de Telé’. En esa línea me pregunto qué hubiera sucedido si ‘laBrasil de Telé’, -que jugaba al fútbol como los dioses- hubiese tenido arriba a un verdadero estilete y no a Serginho, o si la magia de los Zico, Sócrates, Cerezo, Eder y Falcao no se hubiera topado con la estela goleadora de Paolo Rossi. O en su caso si en el camino de la Francia de Platini y Giresse no se hubiera cruzado Alemania. Algo similar a lo experimentado por la selección polaca de Lato y Boniek, que sucumbió ante la inspiración de Pablito, que los mandó a casa con dos goles. De la misma forma me pregunto que hubiese sucedido si la selección española hubiera estado a la altura de su condición de anfitrión. Seguir leyendo…
Desde hace algún tiempo, tengo la suerte de debatir entre cuatro paredes que emanan años y años de batallas futbolísticas. Siempre es más divertido contrastar ideas con aquellos que comparten esa visión alocada por este deporte, y cuando el Real Madrid fichó este martes a Mesut Ozil, la redacción de deportes de la Cadena Ser donde ahora tengo el gusto de trabajar, empezó a echar humo. Una llamada cambia el planning previsto y entre horas, siempre queda hueco para tertulias. Hay quien defiende que Ozil no hace falta en este equipo, que es una compra basada en la intención de fichar mediáticos que siempre busca Florentino Pérez y que, además, es una opción B pues sólo se le buscó cuando Maicon quedó descartado como fichaje estrella del verano blanco.
Mi postura es mucho más sencilla, aunque evoca a tiempos algo pasados, aunque perfectamente recordables para la mayoría. Ozil ha alterado el estilo del fútbol alemán con su sola presencia. Lo hizo en la Selección Sub 21 que lideró para conseguir la Eurocopa de la categoría hace ya dos veranos y repitió, a lo grande y en escenarios de primerísimo impacto mundial, en Sudáfrica 2010, empujón definitivo para reseñar todo lo que ya se preveía en él. Hasta su llegada, Alemania casi siempre defendió un patrón básico en su juego, el físico, la insistencia, el poder de su juego aéreo y la gran pegada de los mejores rematadores de la historia del fútbol. Sólo conozco un jugador que produjera en mí la sensación de transformación sobre el guión básico del jugador germano (tosco, potente y experimentado), un tal Mehmet Scholl. Él en los noventa y Ozil ahora (jugadores fetiche para quien escribe) son la antítesis del fútbol alemán. ¡Bendita transformación! Seguir leyendo…
¿Qué les provocaría saber que en este mundo hay un club de fútbol que tiene como bandera la Jolly Roger pirata (Fondo negro, calavera cruzada por dos huesos blancos); que tiene Hells Bells de ACDC como himno de apertura de sus partidos en local o entona Song 2 de Blur con la consecución de cada gol.
Un equipo que todavía huye de la tecnología en su marcador, manualmente gestionado por un humilde trabajador. Un equipo que declaró oficialmente su afiliación antifascista (especialmente antinazista), antirracista, antisexista y antihomofóbica, que ha trascendido cultural y socialmente por su ideología de izquierdas y globalizadora. Un equipo que tiene la mayor comunidad de fans femeninos de todo el fútbol alemán, símbolo de la cultura punk y otras culturas alternativas. Un club que estando en Tercera División llenaba un estadio con 15.000 espectadores y que ha cambiado radicalmente la imagen de todo un distrito de la urbanita y tecnológica ciudad de Hamburgo. Seguir leyendo…
Intensa jornada de amistosos internacionales la que presenciamos ayer. Al mismo tiempo que España empataba con México, otros combinados nacionales de los llamados “grandes” tampoco mostraban su mejor cara. La nueva Francia de Laurent Blanc cayó derrotada por 2-1 frente a una selección noruega que de la mano de Erik Huseklepp dio el primer toque de atención a la nueva selección francesa.
Mundial de Alemania de 1974, 7 de Julio. El Estadio Olímpico de Munich con 75.200 espectadores en sus gradas fue testigo de una de las finales de la Copa del Mundo más vibrantes de la historia. El colegiado inglés John Taylor se encargó de dirigir una final en la que dos conceptos diametralmente distintos de juego se vieron las caras frente a frente. Como sucedió veinte años atrás, Alemania se enfrentó a una selección que enamoró por su fútbol, en la anterior ocasión fue la Hungría de los ‘Mágicos magyares’ y en esta la Holanda del ‘Fútbol total’.
El otro gran atractivo del choque fue poder contemplar a dos mitos del fútbol frente a frente, ‘el flaco’ Cruyff y‘el Kaiser’ Beckenbauer, o lo que es lo mismo, el cambio de ritmo, la personalidad, el talento y el gol, frente a la fuerza, la elegancia, la inteligencia y la arrogancia de un alemán inigualable. Seguir leyendo…
30 de junio de 1966, el mítico estadio de Wembley acoge por primera vez una final de un campeonato del Mundo. Sobre la ‘sabia hierba’ del estadio de Las Torres Gemelas dos grandes selecciones: ‘la Inglaterra de Charlton’ y ‘la Alemania de Beckenbauer’. Dos equipos excelentes, de las mejores versiones de la historia que han podido gozar sus respectivas aficiones, partiendo de un estilo muy parecido en la concepción del juego, con una defensa sólida, un buen director de orquesta y un ataque rápido y eficaz.
El equipo dirigido por Alf Ramsey dispuesto sobre el terreno de juego con un 4-4-2 dinámico, con una leyenda en la portería llamada Gordon Banks, para mí el mejor portero de la historia del fútbol inglés, con una defensa de cuatro formada por Wilson y Cohen, en los laterales, más Bobby Moore y la Jirafa Jackie Charlton en el centro. Destacando de forma especial la figura de Bobby Moore, el gran capitán, para muchos el mejor defensa inglés de la historia al que además de adornarle todas las virtudes de un gran defensor había que sumarle su enorme sentido táctico y su desbordante clase. Por delante Nobby Stiles un tipo duro donde los haya, con un juego sistemáticamente basado en el arte de la intimidación. Seguir leyendo…
La selección de Alemania cierra su participación en el Mundial de Sudáfrica 2010 como tercera clasificada después de vencer a Uruguay en la final de consolación. La Mannschaft se impuso en un partido abierto en el que revivió gracias a la poca contundencia de Muslera defendiendo la portería de Uruguay.