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Stanley Matthews, un Balón de Oro en Malta

Stanley Matthews con el Stoke

Por Andrés Cabrera (@Andres_inter

Eco. Aquel hombre sólo podía pensar en el eco que producía el estadio vacío. Dentro del mismo unos pocos jugadores, con pinta de todo menos de profesionales del balón y unos cuantos operarios que ultiman los detalles finales, eran los causantes de estas réplicas. Las voces de los futbolistas charlando retumbaban en cada recoveco de aquel campo, cada cimiento de hormigón, que hace la vez de asiento, replicaba como si de un loro se tratase las palabras provenientes desde el rectángulo. El campo impresiona vacío, imaginárselo lleno, erizaba los pelos de aquel hombre. Distante, apartado del resto del equipo, camina pensativo hacía la portería sur. Se detiene. Aún se pone nostálgico al ver esos tres trozos de madera, envueltos por una red. No sabe por qué, pero esa imagen le recuerda a su casa. Echa de menos el sabor del césped, el barro, hasta los moratones. Añora su vida anterior. Retoma el paseo con más tranquilidad que antes, no hay prisa. Los pensamientos le inundan en este momento. El fútbol es el denominador común en su mente. Aquel hombre que ahora viste unos zapatos marrones y traje color pardo, aunque es el fedora que lleva a la cabeza lo que le caracteriza, sigue atrapado en sus pensamientos, mientras el eco del estadio retumba en sus oídos…

“Quince años, sí han debido pasar quince años” pensaba aquel hombre tan peculiar. Una década y media desde que visitase con Inglaterra aquel campo. Las gradas estaban a rebosar entonces, algo que no se esperaba en el día de hoy. Nada tenía que ver un partido con el otro. Entonces acudía a aquel campo unos Three Lions que venían con serias dudas sobre su liderazgo en el fútbol. Más realidad que conjetura, todo sea dicho. Aunque el partido finalizó con empate a uno, este hombre ahora engalanado, guarda un buen recuerdo de aquel partido amistoso ante España. Una selección que contaba con jugadores como Ramallets, Kubala, Rial o Gento, precisamente este último debutaba como internacional aquel día. Era el partido número cien de la selección española, el escenario era el Bernabéu, como en aquella tarde, pero el contexto era bien distinto. Un estadio que impresionaba solo con pisarlo, solo con tocar su césped. Volvían a encontrarse quince años después.

Mientras los jugadores siguen comentando detalles de aquel estadio, alguno incluso lo hace sin cerrar la boca por el asombro. Ninguno había visto antes un campo tan grande y menos aún jugado en uno así. Lo que más comentarios generaba era la luz artificial, ¡se podía jugar de noche en aquel campo! Los futbolistas estaban en una nube, era uno de sus momentos cumbre como trabajadores de la pelota. Sin hablar de que por fin jugarían en un terreno de juego con césped. No estaban acostumbrados a jugar así, algo que les atraía, pero al mismo tiempo les complicaba el partido. Eran jugadores aficionados que entrenaban dos veces por semana después de salir de sus trabajos, los que les aseguraban un sustento. Aquellos jugadores y cuerpo técnico mostraban la misma ilusión que un niño pequeño al entrar a una chuchería. Todas sus caras brillaban de la emoción, ese brillo que solo puede dar la felicidad. Todas menos una. Mucho más curtida, mucho más marcada por los años. Aquel hombre trajeado era Stanley Matthews, el primer Balón de Oro de la historia. Aquellos jugadores eran los del Paola Hibernians Football Club, el campeón de Copa de Malta de 1970. Y aquella tarde era la tarde de sus vidas.

Stanley Matthews recoge premio como mejor jugador

Stanley, que ya cuenta con 55 años, reúne a todos los jugadores en el círculo central. Falta poco más de una hora para que el balón eche a rodar en Chamartín. Si se suma la experiencia de todo los hombres que allí escuchan, no consiguen alcanzar la sabiduría futbolística de aquel hombre. Un jugador que guerreó hasta los 50, una especie única del balón. Durante 25 minutos, nada menos, estuvo aleccionando a aquellos muchachos. Que atónitos, como no podía ser de otra manera, escuchaban a su manager. No llevaba demasiado en la entidad, había llegado ese mismo verano. Poca experiencia en los banquillos, solo el Port Vale había conocido al Matthews entrenador. Curiosamente Stanley había triunfado en el otro club de Stoke-on-Trent, el Stoke City. En esta segunda andadura desempeñaba el papel de manager y asesor técnico, mientras que Joe Attard era el entrenador y preparador físico. Traduciéndolo debidamente esto significaba que Joe dirigía los entrenamientos, en los que incluso Stanley se ejercitaba, tan solo hacía cinco años que se había retirado y como reconocía: “55 años son pocos y son muchos, a veces aún juego al fútbol”. Si bien Joe les tenía preparados físicamente, era Stanley el que dirigía al equipo desde el banquillo en los partidos. El espíritu de aquel equipo era ese inglés de buena porte, la única personalidad reconocible de aquel combinado de jugadores amateurs. Durante la charla motivacional, el ex internacional inglés les habló de cuando el Real Madrid visitó a su equipo, el Stoke City en 1963. Un duelo amistoso entre el pentacampeón de Europa plagado de estrellas y un Stoke que tenía como máximo representante a un hombre de 48 años. Matthews les habló de la heroicidad que fue empatar contra aquel Real Madrid. Amancio o Gento que jugaron frente al Matthews jugador, ahora lo hacían ante el entrenador. Stanley recordó que Gento ya no es el que era y que por velocidad era vulnerable. Pese a ello seguía siendo un jugador diferencial. Les dijo que era posible dar la machada en el Bernabéu, aunque para ser sinceros, ni él mismo se lo creía. Tras la charla, les mandó a los vestuarios y allí se quedó aquel hombre, pensativo. Nostálgico, quizás.

smfirmandoSu mente, de repente, viajó exactamente dos semanas atrás. Era la ida de los dieciseisavos de final de la Recopa de Europa. El sorteo había deparado que el Hibernians se enfrentase al Real Madrid. Aún recuerda la felicidad que sintió cuando se enteró de su rival. Stanley había decidido ir a Malta para hacer labores formativas, sabía concienzudamente que se apartaba de los focos, pero de repente estos volvían a mirar hacia él, con ese duelo ante un equipo que hasta ese momento había jugado siempre la Copa de Europa, ganando seis títulos. El Hibernians sería el primer rival europeo del Real Madrid, en competición oficial, fuera de la Copa de Europa. El ajetreo en el modesto despacho aquel día fue brutal. Varias fueron las personalidades que le dieron la enhorabuena a Stanley. El Real Madrid nada menos para estrenarse en Europa. Eso sí, la andadura por el continente de este modo sería muy corta, pero valdría la pena, seguro. Representaba la oportunidad de vivir unos de esos partidos soñados por cualquier futbolista y medirse a uno de los mejores equipos del mundo.

Lo primero que tenían que hacer era terminar de adecuar al estadio a las pretensiones de la UEFA. Lo hicieron, pese a que el campo no tenía césped y en él había unos baches a tener en cuenta, pero los requisitos de seguridad los cumplían. Buena noticia, el Real Madrid viajaría a Malta. Los dos años precedentes en primera ronda de la Copa de Europa el Real Madrid jugó los dos encuentros, tanto ida como vuelta, en el Bernabéu. Debido a que ni AEL Limassol, ni Olimpiakos Nicosia tenían campos adecuados. Los resultados globales fueron los esperados, 12-0 a uno y 14-1 al otro. Las pretensiones de Matthews eran mejorar las participaciones de los equipos chipriotas y jugando en casa un partido, podría conseguirse, pero tocaba trabajar. El encuentro que se iba a disputar en Malta era el más importante hasta ese momento disputado en aquel diminuto país del mediterráneo. Unos trabajadores humildes tendrían que frenar a los Sanchís, Gento, Amancio, Zoco, Grande o Pirri. Complicado cuanto menos.

El Real Madrid llegaba a Malta un 16 de septiembre de 1970, dispuesto a golear en su primer partido europeo fuera de la Copa de Europa. Ya no era el Madrid que maravilló al mundo, pero sí un equipo muy superior al Hibernians. A las cuatro de la tarde y con un calor de justicia comenzaba el partido. El horario se debía a que en Malta, se tenía que jugar con luz natural, debido a las precarias instalaciones. Hasta 20.000 personas llenaban el campo más grande y mejor preparado de La Valetta. Aunque el equipo era de Paola, una población que no llegaba a los ocho mil habitantes, debía jugar este gran partido en el mejor estadio posible. El Real Madrid no estaba en un buen momento, había sido sexto el año anterior en Liga, aunque eso sí ganando la Copa que le permitía jugar esta competición. Pero era un equipo sin ritmo que arrastraba la carga de unos éxitos que ahora no se veía capacitados para igualar. El partido iba avanzando y el Real Madrid no mostraba su teórica superioridad. Incluso el Hibernians lanzó un balón al poste. Para la segunda parte, Miguel Muñoz trató de refrescar a su equipo dando entrada a Fleitas y dejando a Gento en el banquillo. La estrella madridista aprovechó el descanso para cambiarse y reaparecer de largo en la banqueta. La ovación que recibió por parte de 20.000 malteses al sentarse le emocionó. El cambio no solucionó nada y el encuentro terminó 0-0 entre el júbilo de aficionados y jugadores. Matthews tras dar la mano a Miguel Muñoz felicitó a todos sus jugadores. Conseguir un empate ante el Real Madrid era una machada. Que digo una machada, una heroicidad.

cronica

Al término del encuentro el entrenador blanco justificó el empate por las condiciones del terreno de juego y el asfixiante calor. Pese al conocimiento del batacazo, Miguel Muñoz señaló: “Un empate sin goles es un buen resultado en el partido de ida, para la vuelta ganaremos, solo falta saber por cuantos tantos de diferencia”. La soberbia del entrenador se entendía en el conocimiento de amateurismo del rival, así como la sospecha de que el Bernabéu sería demasiado para ellos: “No digo que el Hibernians sea flojo, pero sí inferior al Madrid”. Miguel Muñoz trató de afrontar con naturalidad este empate, naturalidad rota por las declaraciones del equipo contario. Matthews hablaba desde la incredulidad: “No me esperaba este resultado, creía que perderíamos por 10-0, teniendo en cuenta que entrenan muy poco, se comportaron muy bien. Para el Hibernians este resultado es un triunfo, aunque en Madrid los normal es que perdamos por más de dos goles”. El portero del Hibernians, Mizzi, iba más allá, y ya de paso mostraba sus preferencias entre los dos equipos de Madrid: “El Real Madrid dista mucho de ser el gran equipo de hace diez años, yo jugué en 1962 ante el Atleti y aquí perdimos 4-0. Eran muy buenos, recuerdo a Griffa, Adelardo, Jones, Mendoza, Calleja y Ramiro, éste último me impresionó especialmente. Un gran equipo aquel Atlético, muy superior a este Madrid al que nos enfrentamos hoy”. La machada para la ida estaba hecha, ahora tocaba el imposible, repetir hazaña en el Bernabéu.

Mientras Sir Stanley Matthews recordaba los acontecimientos del encuentro de ida, sus jugadores ya estaban vestidos de corto. Y un Bernabéu que ni de lejos se iba a llenar ya mostraba algo de color en las gradas. Unas 25.000 personas decidieron ir a la castellana aquel día. Buena cifra teniendo en cuenta el rival y que el encuentro era televisado para toda España. El manager poco les tenía que decir ya, varias palabras de aliento y un “disfrutad, esto es único”, es de lo poco que se atrevió a pronunciar en un momento de tanta tensión para sus hombres. La palidez de sus caras, nada tenía que ver con la ilusión de una hora atrás. Iban a jugar en el Bernabéu y eso les impactaba. En contraste los jugadores del Real Madrid con total parsimonia. Bueno, no todos, Miguel Ángel debutaba como titular con el conjunto blanco y quería dejar su portería a cero. Poco a poco los jugadores malteses desfilaban por el túnel de vestuarios, mientras Stanley se tomó un último momento para pensar lo que en las horas previas había vivido. Por primera vez en toda la tarde, una sonrisa asomó de la comisura de sus labios, una sonrisa que sólo pudo disfrutar él, ya que nuevamente se había rezagado del resto del plantel. Necesitaba esta tranquilidad interior, que le hacían volver a sentirse futbolista. Recuerda la comida con la directiva del Real Madrid y las gratas conversaciones futbolísticas, con interlocutor mediante, que había tenido en aquel día. Incluso en un momento, fuera de focos, le habló al presidente blanco, Santiago Bernabéu, no era necesaria demasiada traducción: “Si nos marcan seis goles vamos bien, si obtenemos uno tan solo, satisfechos. La diferencia es notable a favor del Real Madrid”. Toda esta situación le entretenía, le hacía ver el fútbol desde una perspectiva que no estaba acostumbrado, pero de esta forma lo vivía, que bonita sonaba esa frase en su cabeza: “Vivir fútbol”. Su sonrisa fue a más cuando recordó como en la tarde precedente se acercaron varios de sus jugadores y le pidieron permiso para asistir a la corrida de toros de Guadalajara, en la que el cártel principal contaba con ‘El Cordobés’. Los jugadores estaban encantados de estar en España y él más. Eran unas pequeñas vacaciones para ellos, para que negarlo.

Stanley Matthews como entrenador en el  Santiago BernabéuCinco, cero. Así se resume el partido del Bernabéu. No hubo emoción, ya que al minuto nueve los blancos ya ganaban por 2-0. Lo siento, por los que veían posible la heroicidad, pero suficiente machada es sacarle un empate al Real Madrid y jugar con honor en un campo que les superaba en todos los sentidos. Como declaró Joe Attard: “Los jugadores no están acostumbrados a la hierba”. Eran tan amateurs que no tenían ni hierba, que diría aquel. En el encuentro poco a destacar, hat-trick de Planelles, otro tanto de Pirri y un último de Marañón que debutó en la segunda mitad y que solo tardó diez minutos en marcar su primer gol con el equipo de Chamartín. El polémico Mizzi, le detuvo un penalti a Bueno, un jugador que era el habitual sustituto de un Gento que ya no estaba para jugar noventa minutos. Fin de la andadura del Hibernians por Europa, pero cabeza al cielo. Habían perdido con mucho honor.

Las crónicas de entonces se cebaron con los malteses, que suficiente habían hecho: “Si el Madrid hubiera sacado al equipo aficionado, estoy seguro de que el partido hubiera sido más bonito”, “Eran un conjunto de aficionados, un equipo de segunda también debería golearlos” o “parodia de partido” fueron algunos de los extractos del día siguiente. Miguel Muñoz también quiso opinar: “El Hibernians podemos considerarlo un equipo de la cola de 2ª división. El partido de anoche fue para nosotros poco más que un entrenamiento”. Seis días después el Real Madrid conocería su próximo rival en esta Recopa de Europa, el Wacker Innsbruck austriaco. Precisamente, el protagonista de la anterior eliminatoria, Stanley Matthews, declaró que los dominadores del fútbol eran los brasileños, alemanes y austriacos. De la liga de estos últimos provenía el Wacker. Al final el Real Madrid se plantó en la final tras dejar fuera a los austriacos, al Cardiff y al PSV, pero no pudo con el Chelsea. Los blues tenían en Osgood su principal estrella. Aquella fue la ocasión que más cerca tuvo el Real Madrid la Recopa de Europa, junto a la final que disputó ante el Aberdeen de Ferguson. El torneo se le escapó definitivamente en 1999 con su desaparición.

Pocos de los que vivieron aquella eliminatoria, recordaran tan carismático club, el Paola Hibernians. Ni que detrás de ellos estaba el primer Balón de Oro de la historia, un hombre que ya escribió su nombre en letras doradas y que solo defendió dos colores, humildes ambos, Stoke City y Blackpool. Sir Matthews recordó siempre con cariño esta temporada en Malta, la 70-71, era previsible que volviera a Inglaterra. Incluso estando en la isla del mediterráneo, declaró que su casa era Inglaterra. Casualidades de la vida, en 1971, Malta e Inglaterra se enfrentaron en La Valetta en partido oficial, clasificatorio para la Eurocopa. Stanley fue el mejor anfitrión. En el recuerdo quedaba ya aquellos jugadores vestidos de negro, con pequeñas rayas horizontales blancas que surcaban una camiseta por la mitad. Una camiseta que ya habrá sido olvidada en el Bernabéu, pero que jamás podrá ser denostada en Malta. Una eliminatoria para la historia del pequeño país. Una camiseta que es digna de nuestro armario. El Paola Hibernians de Stanley Matthews, ya tiene su hueco en El Enganche.

 


 

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