Secciones Edición: 08

Rogerio Ceni: El milagro de ser portero y celebrar goles

paralaxrogerio

Por Fran Alameda (@Fran_Alameda)

7 de la mañana. Hoy es un día más, pero nunca lo es del todo. Parece que puede ser el último. Es lo que tienen los límites, que de repente un día se colman. Todo se derrama o se acaba. La rutina no ha conseguido devorar a la pasión, pero todos los días suena el despertador y Rogerio Ceni siente la necesidad de consultarse: ¿quiero jugar al fútbol? Ni una duda. Sí. Sí, sí y sí. Pero, como dijo el poeta, siempre es todavía. Esta sección podría ser “La noche de”. O tal vez el texto podría enrolarse en la de clubes, porque Rogerio Ceni no conoce la élite más que en uno, su Sao Paulo. Incluso podría corresponderse con la delirante obra de Francisco Ortí (‘Realidad alternativa’), puesto que el asunto de Ceni es tan excepcional que si hoy bajara un alienígena y alguien le explicara el fútbol, no entendería su caso.

Cómo explicarlo. Rogerio Ceni es un hombre en su familia, un sentimiento en Sao Paulo, un nombre propio en Brasil y una leyenda en el fútbol mundial. Y no solo es una percepción personal de quien escribe o pasional del hincha. Lo acredita su carrera (¡42 años tiene!), su oficio entre los palos, una nominación al Balón de Oro (2005), cuatro Récords Guinness y… Los goles marcados. El mito de Ceni ha crecido porque efectivamente ha tocado la flauta del gol. Pero el portero, sin los goles anotados, también sería historia, he ahí su mérito. Rogerio Ceni no es solo “el portero que mete goles”, lo cual ya supone un mérito evidente, sino que es el jugador que más partidos ha jugado con un club (superó a Giggs) y el que más veces ha portado el brazalete de capitán con cualquier club. Sus méritos no son baladí.

El asunto de Rogerio Ceni es tan excepcional que si hoy bajara un alienígena y alguien le explicara el fútbol, no entendería su caso

rogerio01Cuando Rogerio Ceni empezó a jugar en Sao Paulo, al capitán de su selección, Neymar, le quedaban dos años para nacer. Como a Götze e Isco; a Pogba, Varane, Lukaku o Jesé, tres. Sterling, Deulofeu, Marquinhos o Laporte nacerían cuatro años después de empezar Ceni su carrera profesional. Y Héctor Bellerín, Januzaj, Meyer o Giménez, cinco años después. Incluso en su equipo hay jugadores que nacieron después de debutar Ceni (Pato, Ganso, Ademilson…). Cabe recordar un matiz: Rogerio Ceni aún permanece en activo. Puestos a imaginar, el brasileño podría ser abuelo y estar en activo. Su rostro, sin arrugas pero apagado junto a su alopecia que galopa, lo acreditaría sin problema.

Rogerio Ceni no tiene recetas para haber llegado, pero sí encuentra diferencias que va marcando la edad. En una entrevista a ESPN confiesa: “Antes llegaba a entrenar quince minutos antes de empezar; ahora necesito llegar una hora y media. ¿Por qué? Porque tengo que calentar, vendarme el pie, hacer ejercicios, musculación… Si no hago todo esto no puedo entrenar”. Solo los que aman algo por encima de sí mismos pueden entender este tipo de sacrificios. Su amor por el deporte explica parte de su presente.

Sus primeros deportes fueron el volei y el tenis, donde aprendió a competir y a reconocer cosas. Por ejemplo, que aquello no era lo suyo. En su pueblo, Pato Branco, el fútbol no era el deporte más popular. No se trata de un inconveniente, pero dificulta las cosas, empezando por buscar amigos con los que jugar. Rogerio no es un ejemplo de precocidad absoluta, no se trata de una promesa del fútbol que llevaba asomándose desde los trece años. De hecho, para poder ganar algo de dinero, el portero hacía las veces de becario en un banco de la zona. Estaba estudiando economía. Aquello, como mínimo, le serviría para contar los goles marcados y negociar por sí mismo los contratos.

Comenzó a jugar en Sinop, donde duró una temporada. Los tentáculos de Sao Paulo se extendieron sobre él y nunca más conoció otros horizontes. Salir, para qué; sentir fue más importante. Veinticinco años después, Rogerio Ceni sigue en el club que lo vio crecer, madurar y lo verá jubilarse. Era portero, pero le gustaba jugar con el pie. Al fin y al cabo, es absurdo pensar que la tarea única del que está entre palos es parar. Eso solo ocurre en un futbolín. Para trabajar la precisión tuvo una idea, como cuenta a ESPN: “Después de entrenar me ponía 21 balones y trataba siempre de darle al larguero a balón parado”. La precisión del arquero mejoró. “Entonces me pregunté que por qué no la podría meter en la portería si es más grande”. Ceni bajó el punto de mira a la escuadra. Y, como el que pelotas de tenis a una piscina olímpica, el portero se convirtió en lanzador de faltas. No fue constante, sino un trabajo laborioso y constante tras cada entrenamiento. No bastaba con el talento, en entredicho además si se trata de un portero. Su primer gol oficial llegó contra União Sao João en un torneo Paulista. Era 1997, llevaba siete años jugando y aquel idilio acababa de comenzar. Incluso, por qué no decirlo, de manera ridícula: “No sabía cómo celebrar cuando marqué. No sabía porque nunca lo había hecho”.

“Antes llegaba a entrenar quince minutos antes de empezar; ahora necesito llegar una hora y media. ¿Por qué? Porque tengo que calentar, vendarme el pie, hacer ejercicios, musculación… Si no hago todo esto no puedo entrenar”

Perfilar a Rogerio Ceni es peculiar. Hay que ponerse delante del texto y comenzar a lanzar faltas hasta que den en la escuadra. La cantidad de años y sus peculiaridades lo convierten en alguien que posiblemente será irrepetible. Entre palos, Ceni nunca fue el mejor, pero siempre fue bueno. Durante su juventud le bastaban los reflejos. Siendo experto cambió los reflejos por el hábito. Es decir, por el conocimiento. Es un tipo inteligente y trabajador. Y uno no lo dice acogido al azar sino a su longevidad y talento, que van de la mano.

A sus treinta y nueve años, el mito de la portería de Sao Paulo ya acumulaba cuatro campeonatos brasileños y cinco paulistas. Y tres Copas Libertadores, dos Intercontinentales y un Mundial de Clubes, dos Recopas Sudamericanas, etc. Y con la selección logró bronce en los Juegos de 1996, la Confederaciones de 1997 y colofón del Mundial en 2002. Incluso había superado uno de los récords más singulares: ser el portero con más goles marcado (123 oficiales) por delante de Chilavert (62), Higuita (52) y Jorge Campos (50). Hoy incluso es el undécimo máximo goleador de la historia de Sao Paulo, a solo cinco del glorioso Raí, ídolo reconocido de Kaka’.

rogerio02

Y sí, con treinta y nueve años, esa edad de biblia futbolística con la que solo sueñan los porteros, Rogerio Ceni se lesionó el hombro de gravedad. Molestaba y tuvo que pasar por el quirófano. El doctor dijo: “Esperamos que pueda volver”; Rogerio dijo: “Esto no es el final”. Después de seis meses (operado el 27 de enero y alta el 18 de mayo), el capitán de Sao Paulo volvió a jugar. Y a parar. Y lo que es mejor: a marcar (contra Bahía en Copa de Brasil). No se trataba de un ejercicio de Ceni contra el destino o su cuerpo, sino la demostración de una pasión, el motor real que mueve al ser humano a disfrutar. El ejercicio perenne de querer y la voluntad del sueño de un niño… De 39 años.

A Rogerio Ceni solo le auguraba un camino hacia la posteridad, pero él volvió a elegir competir y volver a superarse. En noviembre de 2014 superaba por la derecha a Giggs como jugador con más partidos y más victorias en un club profesional. Y postergaba su retirada un tiempo más (¿meses? ¿años?) después de fecharla al final de dicha temporada. “No tuve problemas en seguir porque el club me lo pidió”, explicó, como si fuese posible explicar que su cabeza cuando abre los ojos cada día a las siete de la mañana aún le pide jugar. Y parar. Y marcar. Y seguir superando récords hasta la eternidad. “Sé que llegará, pero uno nunca está preparado para irse”. Por siempre, Rogerio.

 


 

Otros contenidos en esta misma edición:

Contacta con El Enganche




Nuestras redes sociales

 

Contacta con nosotros

Puedes ponerte en contacto con El Enganche a través de este formulario.

Envíanos tus consejos, dudas, quejas o sugerencias para ayudarnos a mejorar. Rellena el formulario y haznos llegar tu mensaje. #yosoyenganche