Secciones Edición: 15

Rik Coppens: El verdadero inventor del penalti indirecto

camiseta15

Por Irati Prat (@iratiprat)

Contextualicemos para entender todo mejor. Bélgica disputaba la clasificación para la Copa del Mundo que se celebraría el próximo año en Suecia, una Copa del Mundo donde se estrenó el sistema de clasificación que evolucionó hasta convertirse en el que tenemos en la actualidad, aquel que se dividió en federaciones dependiendo de la localización geográfica del país. Distinguimos entre la UEFA, Europa; la CONMEBOL, Sudamérica; la NAFC, América del Norte; la CCCF, América Central y Caribe; la CAF, África; y la AFC, Asia y Oceanía. En Europa clasificaban once equipos, dos de ellos ya tenían billetes directos pues Suecia acogía el Mundial y Alemania Federal era la vigente campeona, las otras nueve plazas se debían de repartir entre veintisiete equipos que se distribuían en nueve grupos de tres equipos cada uno, clasificando solamente el primero para la Copa del Mundo.

Bélgica quedó encuadrada en el grupo dos, junto a Francia e Islandia. Los norteños, antaño fieros vikingos que llegaron a aquella isla para poblarla y explotar sus recursos naturales, no dieron muestra alguna de competitividad en aquella fase clasificatoria, el fútbol era aún demasiado precario en Islandia (algo que choca con el buen numero de jugadores interesantes que salen de allí en la actualidad). Corría el minuto cuarenta y cuatro de la primera parte cuando el combinado local afrontaba una nueva oportunidad de gol, esta vez desde el punto de once metros. Bélgica ya ganaba 6-1 a Islandia. Aquel 5 de junio de 1957, frente a poco más de cinco mil espectadores y en un estadio Heysel que nada tiene de parecido al actual, un futbolista pasó a formar parte de la historia del fútbol mundial gracias a la peculiar forma con la que decidió anotar aquel lanzamiento. Rik Coppens inventó…. el penalti indirecto.

camiseta01

‘’Puse la pelota sobre el punto de penalti y yendo hacia atrás veo detrás de mí a Pieters. Le dije en francés ‘en deux temps’ y él entendió rápidamente. No tiré, le di el pase, él me la devolvió y marqué. Fue fácil. No me preguntes por qué y cómo sucedió. Estábamos felices por la goleada pero aquello no lo habíamos acordado de antemano. Como dijo Johan Cruyff posteriormente, fue algo único, no lo pude imaginar’.’ Así define Coppens aquella jugada del minuto cuarenta y cuatro, el 7-1 de un partido que acabaría 8-3 y significaría la primera victoria de Bélgica en una fase de grupos donde acabaría segunda tras Francia y, por lo tanto, no conseguiría llegar al Mundial de Suecia.

Pero su jugada quedaría para la eternidad. Sobre todo desde que uno de los mitos del fútbol y en un contexto más mediático, repitiera aquella acción y quedara como el teórico inventor de la ‘obra’. Fue en un partido de Eredivisie cuando Johan Cruyff decidió emular a Rik Coppens, veinticinco años después y en un 5-0 del Ajax sobre el Helmond Sport. Cruyff tocó para Jesper Olsen que llegó desde fuera del área y, tras controlar, entregó a Cruyff para que anotara el tanto. Desde entonces, el imaginario popular otorga a Cruyff la inventiva de aquel lanzamiento y son pocos los que se acuerdan de Coppens. Injusto. Por eso, queríamos hacer justicia porque… ¿quién es Rik Coppens? ¿Su leyenda se agranda más allá de aquel penalti que años después repitió Johan Cruyff? Es sencillo responder a esta pregunta, basta hacerlo con repasar su trayectoria en el club de su vida, el histórico Beerschot de la ciudad de Amberes.

‘’Puse la pelota sobre el punto de penalti y yendo hacia atrás veo detrás de mí a Pieters. Le dije en francés ‘en deux temps’ y él entendió rápidamente. No tiré, le di el pase, él me la devolvió y marqué” – Rik Coppens

Coppens nació en Amberes, en el seno de una familia de pescadores. Nació en mil novecientos treinta y vivió en plenitud la ocupación nazi de Amberes, históricamente uno de los centros comerciales e industriales de Europa central. Sin embargo, su juventud le salvó en aquella ocasión de participar de forma más activa en la lucha contra el régimen de Adolf Hitler y, a la edad de dieciséis años, se unió al club más importante de la ciudad: el Beerschot VAC. Por aquel entonces, el club malva ya había resultado campeón de la liga local en siete ocasiones y, de hecho, no volvió a proclamarse campeón de liga tras su último campeonato en mil novecientos treinta y nueve. Tardó poco el bueno de Rik en hacerse un hueco dentro del vestuario gracias a su carácter extrovertido, algo que traspasaba a su fútbol dentro del rectángulo de juego. Diez goles en quince partidos la primera temporada fueron su carta de presentación y su explosión a principios de la década de los cincuenta lo acabaron confirmando como uno de los grandes jugadores del campeonato de fútbol belga al convertirse en el máximo anotador del torneo con treinta tres goles, alcanzando el tercer puesto en unos años en los que el Beerschot había decaído en competitividad y calidad de sus jugadores. De hecho, los treinta y seis goles que marcó tres temporadas después solo sirvieron para acabar decimoprimeros aquella campaña.

Durante su estancia en Kiel, el Beerschot no ganó ningún título pero nunca pasó por la cabeza de Coppens abandonar al club de su vida. Eran años donde el único aliciente que tenía el espectador del club malva era ir a ver a Coppens, el primer delantero verdaderamente extravagante del fútbol belga. Un delantero que ‘’se atrevió a hacer lo que nunca se había visto antes’’, como lo definía el periodista belga Rik De Saedeleer. Llegaban ofertas del exterior pero él no se movía. En mil novecientos cincuenta y cuatro, Coppens se presentó ante su primera gran cita internacional, el Mundial de Suiza, donde anotó un tanto en el 4-4 de Bélgica ante Inglaterra. Sin embargo, el conjunto belga no superó la primera ronda aunque se fue del país transalpino con la sensación de haber hecho historia pues sumaban el primer punto belga en unos campeonatos del mundo de fútbol. Poco después de aquella cita, el diario L’Equipe eligió a Coppens como el mejor delantero centro del torneo pese a que solamente había disputado dos encuentros en los cuales Bélgica encajó ocho goles. Estaba claro, Coppens era una de las mayores estrellas del fútbol belga por aquellos años y el mejor delantero del país sin duda para nadie. Por si aún quedarán escépticos, pocos meses después anotaría un tanto en la victoria por 2-0 de Bélgica sobre Alemania Federal, que meses antes había resultado campeona del mundo en Suiza. También aquel año se llevó a cabo la primera edición de la Bota de Oro o Soulier D’Or, premio que se otorga al mejor jugador, nacional o extranjero, del año en el campeonato local belga. Podemos equipararlo al Balón de Oro del fútbol local belga, vaya. Obviamente, Rik Coppens ganó la primera edición.

Todos aquellos años vistiendo y anotando para el Beerschot pasaron rápido, quizás demasiado para sus aficionados. En total, 362 partidos oficiales donde anotó 258 goles hasta que, en mil novecientos cincuenta y uno, ocurrió lo que nadie que tuviera afecto alguno por el club de Amberes quería que pasara: a la edad de treinta y un años, Coppens rompía con el Beerschot por una serie de diferencias con los que por entonces eran los máximos dirigentes del club.

camiseta02Ocurrió lo que ocurre siempre que se rompe una pareja que no debía de terminar así. Él quiso comerse el mundo, demostrar al otro lo equivocado que estaba por haber pensado que podría seguir adelante sin su ayuda, pero no pudo, la aflicción era demasiado fuerte. Coppens nunca recuperó el nivel que mostró en Amberes durante su paso por Charleroi, Bruselas y a su vuelta a Amberes, para jugar en equipos regionales donde colgó las botas tras más de 550 partidos y más de 300 goles entre clubes y selección. Sin embargo, Rik siguió ligado al fútbol, empezaba entonces una carrera como entrenador que no se prolongaría mucho más de una década.

Ascendió al Berchem Sport a la primera división del fútbol belga antes de retornar a Kiel para hacerse cargo del Beerschot con el cual tampoco consiguió lo que no había logrado como jugador: ganar el campeonato local. Sin embargo, llevó al equipo grande de Amberes a una quinta, una séptima y una novena plaza en sus tres temporadas que permaneció allí. Tras aquello, volvía a un Berchem que había vuelto a descender y, contra todo pronóstico, lo devolvió a la máxima categoría del fútbol belga. A comienzos de los ochenta llegó la inesperada llamada de socorro de un Club Brugge que había resultado campeón pocos años antes pero que se encontraba a la deriva, sin un patrón de juego establecido, y con unos resultados que provocaron la destitución del entrenador a mitad de temporada. Confiaron en Rik Coppens para realizar un rescate casi imposible del equipo flamenco pero no fue capaz y no terminó la campaña en Brujas. Sería en Amberes donde, tres temporadas después, diría de forma unilateral adiós al fútbol. Aquella etapa de su vida había terminado y ahora tocaba observar desde fuera.

Como futbolista había vivido con la pelota pegada al pie, había sido considerado uno de los mejores delanteros de toda Europa gracias a su habilidad para anotar, para regatear al rival y su capacidad para aguantar la pelota con un tren inferior tan potente que pocas veces se había visto algo igual en el fútbol de la época. Como entrenador fue exigente, de aquellos que aún sienten viva la llama que les prendía en el interior cuando eran futbolistas, aquella llama que les lleva a entrenar con sus jugadores como si fueran uno más. Como ídolo, fue el referente de toda generación belga que pudo contemplar su fútbol. Le llamaron el John McEnroe del fútbol belga y sirvió de inspiración para la generación de oro del fútbol belga, que hizo historia en México’86.

Se llamaba Henri Coppens, en realidad, pero todos lo conocían como ‘Rik’. Fue un futbolista que rompió con todo lo establecido, alguien que demostró que el fútbol se hacía para el espectador y como tal, el deber del futbolista era dar espectáculo. Sus anécdotas son numerosas como aquella vez que le lanzó un pelotazo en la cabeza al primer ministro belga, Paul Vanden Boeynantes, para que, como él dijo, entendería la diferencia entre una albóndiga y un balón de fútbol. O aquella en la que inventó el término ‘mano de Dios’ de cara al asistente, regalando a un compañero el gol tras una jugada desde el suelo, digna de una disputa por la posesión en pleno partido de baloncesto.

Pero a Rik Coppens aún le quedaba una prueba por superar y era la de ver a su amado club sucumbir al monstruo financiero que aún asola el fútbol europeo y que acabó con el Beerschot relegándolo al infrafútbol belga. Anterior a aquella fatídica temporada de 1990/1991, el Beerschot solo había descendido en dos ocasiones en casi cien años de historia y tras aquello solo pudo retornar a la máxima categoría mediante una fusión con otro de los clubes de la ciudad, el Germinal Ekeren. Durante aquellos años de principio de siglo, cierta estabilidad volvió a la vida que Coppens mantenía como hincha hasta que en 2013 el club volvió a hundirse y la quinta categoría del fútbol belga fue su nueva casa. Sin embargo, allí estaba Rik, cada fin de semana, a sus ochenta y dos años, viendo jugar, viendo ascender al equipo que le había dado todo, por el que él dio todo.

camiseta03

En Bélgica, Rik Coppens es considerado uno de los mejores jugadores de la historia de su fútbol. En Amberes, Rik Coppens es lo más parecido a un dios, una entidad divina a la que todos conocen, grandes y pequeños. Es por ello que, cuando, con ochenta y cuatro años, expiró su último aliento, Amberes quedó en silencio, el tiempo se paró un instante, la ciudad se vistió de malva y salió a la calle, para darle su último adiós. Se había ido el más grande, una de las personas que más había amado Amberes y el Beerschot; alguien que, cuatro semanas antes de fallecer y pese a su estado, se empeñaba en asistir a Kiel para ver jugar a su equipo. Su funeral tuvo todos los honores y se llevó a cabo en la catedral de Amberes para, después, ser escoltado hasta el estadio de Beerschot y escuchar cómo, desde las gradas, la afición que había coreado sus goles ahora le despedía con cánticos que lo convertían en alguien eterno. A él estuvo dedicado el ascenso a la tercera división.

Rik Coppens inventó el penalti indirecto pero no fue por aquello por lo que quedó en el recuerdo de todos los belgas, de todo ciudadano de Amberes. Aquello solo será una anécdota más en su carrera, otro de sus cientos de goles, otro de los éxitos de un fútbol belga que empezaba a ver la luz.

 


 

Otros contenidos en esta misma edición:

Contacta con El Enganche




Nuestras redes sociales

 

Contacta con nosotros

Puedes ponerte en contacto con El Enganche a través de este formulario.

Envíanos tus consejos, dudas, quejas o sugerencias para ayudarnos a mejorar. Rellena el formulario y haznos llegar tu mensaje. #yosoyenganche