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Thomas Schaaf en rueda de prensa

Por Francisco Ortí (@franciscoorti)

La historia del fútbol se escribe a través de episodios inesperados que cambiaron el curso de los acontecimientos. Para cualquier aficionado resulta sencillo marcar momentos clave que supusieron un punto de inflexión en la forma de entender el deporte rey. El Inter de Milán de Helenio Herrera fortificó los conceptos defensivos durante la década de los sesenta. En los setenta, la Holanda de Rinus Michels y su Fútbol Total nos trasladaron a un escenario en el que existía la presión y la resistencia física alcanzaba una dimensión todavía más importante. Arrigo Sacchi cambió -aunque de manera momentánea- los herméticos conceptos defensivos de los italianos, mientras que Pep Guardiola lideró otra reinvención a finales de la primera década del Siglo XXI abanderando una apuesta por el toque. Todas estas revoluciones estuvieron enmarcadas dentro de los límites del rectángulo de juego. Sin embargo, la más determinante tuvo lugar lejos de un estadio. En uno de los muchos despachos de la sede de la FIFA en Zúrich, el 16 de diciembre de 1995 el fútbol se transformó para siempre. La Ley Schaaf cambió la forma en la que se entendía el mercado de fichajes.

El día antes, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea había dictado la famosa sentencia que daría lugar a la Ley Bosman, por la que abría el libre mercado entre jugadores de países de la Unión Europea. Jean-Marc Bosman había puesto contra las cuerdas a la FIFA para abandonar el RFC Liège y fichar por el US Dunkerque. La justicia le dio la razón al jugador e impuso la bautizada como Ley Bosman. En ese momento, la FIFA tomó una decisión radical. Impuso su propia normativa en el mundo del fútbol, lo convirtió en un producto cerrado donde solo ella tenía jurisdicción para dictar las leyes. Revocó la Ley Bosman para decretar su propia Ley Schaaf, que impedía a los jugadores cambiar de club salvo que cumplieran una larga lista de equipos. Actualmente resulta difícil imaginar un fútbol en el que los jugadores cambien constantemente de equipo, pero entonces era lo habitual. Se comentaba que los One Club Men (futbolistas que completan su carrera en un único club) eran una especie en vías de extinción, pero todo cambió con la Ley Schaaf. A partir de ese momento, ningún jugador con contrato en vigor podía salir de su club.

Thomas Schaaf fue quien inspiró el nombre de esta ley. La FIFA eligió al futbolista alemán para bautizar su nueva norma porque encarnaba la esencia de la misma. Después de haber vestido durante 17 años en el Werder Bremen, Schaaf representaba los valores de lealtad que quería imponer cerrando las fronteras del mercado de fichajes. Valoró el nombre de otros One Club Men pero Schaaf personificaba mejor que nadie esa idea romántica de ser fiel a un mismo equipo con independencia de lo que sucediera. Con los años el nombre de Schaaf cobró todavía más valor puesto que el alemán cambió las botas por la tiza y dio el salto de los terrenos de juego a los banquillo. Convertido en entrenador, Schaaf continuó siendo fiel a sus valores y también entrenó al Werder Bremen durante más de una década.

Desde un principio, con la Ley Schaaf la FIFA pretendió acercar la figura de los futbolistas a la de los aficionados. Inyectar ese sentimiento de pertenencia de un seguidor en los propios futbolistas. Para un aficionado resulta imposible cambiar de equipo. Ni siquiera se lo plantea. Cuando se elige un equipo se hace para siempre y no hay posibilidad de cambiar a pesar de los resultados o los altos y bajos que experimente el club. La FIFA quiso que los futbolistas siguieran el mismo proceso. Una vez elegido un equipo se hacía para siempre. Una idea de compromiso irrompible similar a la del matrimonio eclesiástico.

La Ley Schaaf cambió la forma en la que se entendía el mercado de fichajes. Ningún jugador con contrato en vigor podía salir de su club.

Paradójicamente, el primer beneficiado de la Ley Schaaf fue el propio Jean-Marc Bosman. El futbolista belga continuó creciendo en el RFC Liège, mientras que el US Dunkerque se hundió en las profundidades del fútbol francés. De haberse producido el traspaso, Bosman se hubiera hundido con ellos y quien sabe cómo hubiera acabado su vida. “Hoy doy gracias por que la FIFA impidiera mi traspaso”, reconoce quien se convirtiera en un símbolo del RFC Liège y del fútbol belga. Años después, Bosman reconoció que durante el proceso legal había comenzado a coquetear con la bebida y su relación se había resentido, pero recuperó la autoestima con los buenos resultados en el RCF Liège y evitó caer en el pozo. “No sé que hubiera sido de mí de no ser por la Ley Schaaf”, ha asegurado Bosman en más de una ocasión durante las charlas de autoayuda que imparte en colegios y prisiones estatales.

Anelka con el PSGLa Ley Schaaf no estuvo bien acogida en un principio por ninguno de los estamentos futbolísticos. Tanto clubes como jugadores se opusieron a las restricciones ideadas por la FIFA puesto que éstas ponían en peligro sus vías de ingresos. Los clubes vendedores perdían una forma de financiación, los poderosos debían encontrar una alternativa a los fichajes para mantener su supremacía, mientras que los jugadores perdían su principal arma para forzar contratos más jugosos. Sin embargo, también surgieron voces favorables al cambio de reglamentación. Nicolas Anelka fue uno de los principales defensores del nuevo sistema. El delantero francés se ha convertido en un mito del Paris Saint-Germain después de completar toda su carrera en el conjunto de la capital de Francia y desde muy joven tenía claro que ese sería su destino. “Me he formado en el Paris Saint-Germain, me siento como en casa y quiero llegar a lo más alto con esta camiseta”, dijo a los 16 años antes de dar el salto definitivo al primer equipo parisino.

Tampoco faltaron apoyos desde Sudamérica. El eterno delantero de Defensor Sporting Sebastián Abreu señaló que era un acierto de la FIFA imponer la Ley Schaaf y destacó que se trataba de una apuesta clara por el fútbol más romántico. El primer efecto de la nueva Ley, fue aumentar la igualdad entre equipos y favorecer el desarrollo de ligas con buenas canteras pero que acostumbraban a dejar escapar a sus estrellas, vendidas siempre a clubes de competiciones más potentes. Suecia fue una de las más favorecidas. “Zlatan no necesita cambiar de equipo para mejorar. El equipo en el que juegue Zlatan será el mejor equipo”, vaticinó un jovencísimo Zlatan Ibrahimovic, quien se proclamó posteriormente campeón de la Europa League con el Malmoe en 2005. Desde entonces, Ibra se ha consagrado como uno de los símbolos más recurrentes de la FIFA para promocionar el éxito de su decisión. Y es que la figura del singular delantero, marcó el resurgir del fútbol sueco, en franca decadencia hasta que se cerraran las fronteras del mercado de fichajes.

“Zlatan no necesita cambiar de equipo para mejorar. El equipo en el que juegue Zlatan será el mejor equipo” – Zlatan Ibrahimovic

Por el contrario, no todos los clubes aceptaron de buena gana el cambio. Algunos, incluso, intentaron aprovechar la coyuntura para recuperar a nuevos talentos que habían dejado escapar de sus canteras. Ese fue el caso del Atlético de Madrid, quien reclamó el regreso de Raúl González a la disciplina rojiblanca, pero la FIFA no lo aprobó. La única excepción que se ha hecho a la Ley Schaaf en el fútbol español la protagonizó Andrés Iniesta en 2008. Se formó en la cantera del Barcelona, pero tuvo problemas de adaptación al formar parte de “un vestuario repleto de jugadores catalanes que hablan únicamente en catalán”. La FIFA consideró que se trataba de un motivo que podría desencadenar en problemas sociales y le permitió fichar por el Albacete, con quien ha rozado durante varias temporadas el título de campeón en la Liga BBVA. En la Premier League se vivió un caso similar y se hizo una excepción con Ryan Giggs para que pudiera regresar al fútbol galés. Era un extraño en el césped de Old Trafford.

Chicharito Hernández con Chivas de Guadalajara

Pero los grandes beneficiados de la Ley Schaaf fueron los clubes contaban con las mejores canteras o generaban el mayor sentimiento de pertenencia entre sus jugadores. Quizás sin la Ley Schaaf nunca habríamos visto al Athletic Club de Bilbao levantar la Copa de Europa tal y como hizo en 2006 y 2007 de manera consecutiva. O Chivas de Guadalajara jamás habría conquistado la Copa Libertadores o se habría visto obligado a vender a su estrella Javier Hernández. Hoy en día resulta imposible pensar en Chicharito vistiendo otra camiseta, pero sin la Ley Schaaf tal vez hubiera abandonado la potente liga mexicana.

Casi 20 años después de la imposición de la Ley Schaaf es prácticamente imposible imaginar una realidad alternativa a la actual. Los más jóvenes son incapaces de entender que los jugadores cambiaran varias veces de club a lo largo de su carrera, primando cuestiones económicas sobre valores sentimentales. Aquel 16 de diciembre de 1995 el fútbol cambió para siempre.

 


 

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