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La mano del Adiós

La mano del adios (¿AD10S?)

Por Francisco Ortí (@franciscoorti)

Maradona detuvo en seco su carrera. Galopaba embriagado hacia la grada oteando los rostros de los aficionados preso de una alegría exagerada, cuando el tajante pitido del árbitro secuestró de golpe su sonrisa. Quedó congelado al ver la bandera del juez de línea izada, desafiante en lo más alto, y sus temores quedaron confirmados con tres cortantes palabras. “¡Ha sido mano!”, repuso con tono autoritario el colegiado tunecino Ali Bennaceur, sucumbiendo a los ruegos de los jugadores ingleses. Maradona quedó perplejo, negando la mayor y declarándose inocente de un crimen del que era obvio culpable. “La cabeceé. Fue legal”, mintió. Pese a que sus palabras se apresuraban en distorsionar la verdad, los hechos le dejaban en evidencia. Era inequívoco. Se había ayudado de la mano para trepar lo suficiente para superar a Peter Shilton, descolgar un balón encalado en el cielo y mandarlo al fondo de la portería. Ali Bennaceur descubrió el engaño y anuló el gol. En cuestión de segundos Argentina pasaba de estar celebrando el 1-0 a quedarse sin su jugador estrella. Maradona vio la primera amarilla por tocar el balón con la mano y, acto seguido, la segunda por protestar. Sin él, Argentina perdió el norte.

Maradona en el campo“La mano del Adiós”, fue el titular con el que abrían al día siguiente las portadas de los periódicos argentinos para describir uno de los momentos más trágicos de la historia de la Albiceleste. Después de haberse marchado del Mundial de 1982 por la puerta de atrás, Argentina buscaba revivir en México la gloria del 78. El rendimiento en la fase de grupos y el triunfo frente a la Uruguay de Enzo Francescoli en octavos de final alimentaron un sueño del que se despertó de un manotazo. Maradona representaba la gran esperanza de la Albiceleste. Era el hombre clave en los herméticos planes de Carlos Bilardo y sin él, Argentina apagó su alma. La mano de Maradona provocó el hundimiento de Argentina y, al mismo tiempo, el lanzamiento de Inglaterra. Los Three Lions todavía recuerdan aquel Mundial como el que más cerca estuvo de reverdecer los marchitos laureles del 66. No desaprovecharon el regalo de Maradona y acabaron ganando el partido con un gol de Gary Lineker. Luego llegaría la mítica tanda de penaltis contra Bélgica en semifinales en la que Peter Shilton fue el héroe, pero fracasaron en el último paso. Alemania acabó derrotándoles en la final, lo que provocó que Lineker pronunciara las palabras que pasaron a la posteridad: “el fútbol es un juego en el que se enfrentan once contra once y siempre gana Alemania”.

Ni Maradona ni Argentina lograron recuperarse nunca de esa mano infernal. Su carrera quedó marcada para siempre por ese episodio. Durante las semanas posteriores la prensa argentina cargó tintas contra Maradona. Se le atacó criticando su forma física. “Es un barrilete cómico”, le criticó con dureza Víctor Hugo Morales en televisión. También se señaló su escaso compromiso con la Albiceleste. Mientras que con el Napoli se había mostrado como uno de los mejores jugadores del mundo, con Argentina no terminaba de explotar y su carácter acababa siendo contraproducente para la selección. Se señalaba que con el Nápoles brillaba tanto que era considerado el mejor futbolista del mundo, pero cuando se enfundaba la Albiceleste se transformaba en un jugador cualquiera. Su magia era rehén de una simple camiseta. ¿Por qué Maradona rinde con el Nápoles y no cuando juega con Argentina? Esa era la pregunta que se repetía una y otra vez en las calles de Buenos Aires. No faltaban teorías en busca de la respuesta correcta. Unos decían que era argentino de nacimiento pero no de corazón, que se había acostumbrado a la vida en Europa y no se sentía identificado con la selección nacional. Algunos apuntaban que le podía la presión de tirar en solitario de un equipo con escasa calidad. Otros, por el contrario, directamente esbozaban que Maradona no era tan bueno como el universo futbolístico creía.

“La mano del Adiós”, fue el titular con el que abrieron al día siguiente las portadas de los periódicos argentinos

Carlos Bilardo fue una de las víctimas que sucumbió en el fuego cruzado entre Maradona y la prensa argentina. Un daño colateral de la crisis desembocada por la Mano del Adiós. Se acusó al técnico de no saber aprovechar la magia de Maradona y que su imaginación se veía encorsetada en unos planteamientos tácticos demasiado estrictos. Bilardo pronto sucumbió a la presión y se vio obligado a presentar su renuncia al puesto de seleccionador argentino. Abandonó el cargo dejando la sensación de trabajo inacabado. Este fracaso supuso el punto y final de su carrera en Argentina, y se vio obligado a mudarse a Europa, donde sus conceptos tácticos eran mejor valorados, aunque nunca llegó a levantar el vuelo. Su relación con Maradona se rompió por completo. Bilardo, supersticioso hasta la médula, todavía considera a Maradona como una especie de gato negro que le contagió la mala suerte. Pero lo peor de todo fueron las burlas de sus rivales en los banquillos. El buen trabajo de Bilardo como entrenador en sus comienzos provocó que se le viera como el némesis de César Luis Menotti, quien había llevado a Argentina a ganar su primer y, hasta el momento, único Mundial. Sin embargo, el adiós prematuro en México ’86 evidenció que esta rivalidad no era más que un espejismo. “Mi fútbol se juega sin trampas”, declaró Menotti en un ataque velado pero directo contra la caduca doctrina bilardista.

Bilardo y Maradona

Maradona también tuvo que escuchar críticas de sus rivales. Pelé fue el más duro. El brasileño bromeó burlándose de quienes habían señalado al argentino como su posible sucesor en el trono de mejor jugador del mundo. “No hay debate posible. Maradona no es malo, pero para estar a mi altura debe subirse antes a una Copa del Mundo y, si no me equivoco, todavía no ha ganado ninguna. Si quiere le puedo prestar alguno. En mi palmarés hay tres”, presumía el campeón del mundo con Brasil en 1958, 1962 y 1970. Aunque las críticas que más escocieron a Maradona fueron las que llegaron desde dentro. Son inolvidables las imágenes del pequeño mediapunta vomitando insultos contra el público argentino mientras éste le pitaba durante un partido de Italia 90 contra Alemania. Cansados de los constantes fracasos de la Albiceleste y las nulas apariciones de su supuesta estrella, los seguidores argentinos explotaron en silbidos contra el diez y éste respondió vocalizando palabras malsonantes que la cámara capturó para la posteridad. Ese fue el último partido de Maradona con Argentina. Al sentirse traicionado por su propio país decidió abandonar la Albiceleste y centrarse en el Nápoles al que llevó a lo más alto tanto en la Serie A como en Europa.

Ni Maradona ni Argentina todavía se han recuperado de aquel desencuentro que comenzó con un simple manotazo en el Azteca de México. Las tragedias permanecen más en la memoria que los éxitos y Argentina recuerda nítidamente esa maldita ‘mano del Adiós’. Se han escrito más libros de lo sucedido aquella tarde que de la victoria en el 78. Se han hecho estudios al respecto, teorías de las conspiraciones y canciones nostálgicas. Incluso, en el 30 aniversario del Argentina-Inglaterra de México 86 se filmó un documental en el que Jorge Valdano contaba en primera persona como se había vivido la ‘mano del Adiós’ desde dentro. Seguramente, Argentina jamás podrá olvidar aquello. Y aunque lo hiciera, la carrera de Maradona ya quedó inevitablemente marcada por aquel manotazo en el Azteca. ¿Quién sabe lo que hubiera sido de él si aquel gol hubiera subido al marcador?

 


 

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