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Los tres penaltis fallados de Palermo

nochede15

Por José Hernández (@rainerbonhof)

La seguridad demostrada por el lanzador de un penalti es vital para conseguir que la acción termine en gol. El penalti depende de la habilidad técnica, pero sobre todo, conecta de manera directa con las sensaciones mentales del lanzador. Es difícil atajar el disparo de un especialista. Él sabe que sus opciones de marcar son altas, por eso se acerca a la pelota con la convicción de que el esférico terminará en la red; tiene decidido el lado de la portería y el tipo de golpeo con mucha antelación, y aunque no existe razón que asegure que el lanzamiento terminará en gol, lo cierto es que son muy pocas las veces en las que el balón se estrella en la madera, es repelido por el portero o se pierde entre las nubes. Eso sí, cuando esto ocurre, la supuesta seguridad del especialista desaparece. Al menos durante unos minutos.

¿Cuantas veces hemos visto a un equipo cambiar a su tirador de penaltis en un segundo lanzamiento tras haber fallado el primero? Es imposible que en pocos minutos un futbolista pierda su clase, pero este ejemplo ilustra a la perfección el embotamiento que puede sufrir un jugador cuando falla un penalti. Puede que haya marcado muchos durante su carrera, puede incluso que sea uno de los mejores especialistas del mundo, pero cuando ocurre un fallo desde los once metros, los fantasmas son inevitables, llegan incluso a las cabezas de los más fríos. Pero la historia que nos ocupa es precisamente la contraria, la del jugador que hace frente al fallo asumiendo la responsabilidad en el siguiente lanzamiento. Aunque el momento protagonizado por Martín Palermo en 1999 supera cualquier atisbo de valentía y riesgo. El argentino pasó a la historia del despropósito y de la selección argentina al fallar tres penaltis en un mismo encuentro. Resulta casi imposible encontrar un caso similar, pero el delantero sudamericano ocupó portadas por culpa de sus errores. En este caso, la falta de prudencia tras el primer fallo y su exceso de ego provocaron su noche deportiva más triste.

La Copa América llegó a Paraguay en 1999. Con la Brasil de las tres erres (Ronaldo, Ronaldinho y Rivaldo) como gran favorita, Argentina se presentaba como alternativa en el caso de que los vigentes campeones no lograran revalidar el título. Se trataba de una selección argentina en pleno periodo de evolución. Daniel Passarella salió del equipo tras el mundial de Francia 1998, siendo sustituido por un Marcelo Bielsa que renunció a su cargo como entrenador del Espanyol para cumplir su sueño y dirigir a su país. La selección que viajó a Paraguay era un conjunto de jugadores carismáticos y prometedores, hombres que en muy pocos años deberían dar una gran cantidad de éxitos a la albiceleste. A los Zanetti, Simeone o Mauricio Pochettino, se unieron jugadores como Samuel, Gustavo López, Kily González, Pablo Aimar, Riquelme o Martín Palermo. Este último se había convertido en la gran estrella atacante del fútbol argentino, siendo inminente su salto a Europa en un breve espacio de tiempo. Los más románticos soñaban con la posibilidad de que el entonces miembro de Boca pudiera jugar en el Napoles, siguiendo así los pasos de Maradona. Pero para que ese momento llegara todavía tendrían que pasar unos meses más, y la Copa América de 1999 se presentaba como un excelente banco de pruebas para medir el rendimiento de Palermo y todos sus compañeros.

Marcelo Bielsa había dado un nuevo aire al equipo nacional. Su visión futbolística distaba mucho de la que había ofrecido en años anteriores Passarella, ya que Argentina pasó de convivir en un ambiente de estricta disciplina a trata de explotar la personalidad y la calidad propia de cada futbolista. Poco tenían que ver Martín Palermo o Javier Zanetti en su carácter, de la misma forma que Pablo Aimar y Riquelme representaban polos opuestos en la relación con sus compañeros; la solidaridad de uno contrastaba con el espíritu individualista del otro, pero en el terreno de juego conseguían compenetrarse. La Copa América no pudo comenzar de mejor forma para la albiceleste, sobre todo para Palermo. El delantero fue la estrella del primer partido entre Argentina y Ecuador marcando dos goles, tantos que mantuvieron su cotización al alza y le permitieron liderar la tabla de goleadores junto al futbolista del Inter Ronaldo. Pero el exitoso Martín no podía imaginar lo que iba a ocurrir en el siguiente partido del campeonato, el Argentina-Colombia.

El duelo entre el delantero centro de la selección y el guardameta cafetero Miguel Calero sería vital en el desenlace del encuentro. Pero al margen del relato dramático relacionado con los penaltis que se iban a lanzar, el partido también pasaría a la historia por la aparición estelar de Johnnier Montaño, el joven atacante de 16 años recién cumplidos que había acudido a la Copa América para batir todos los récords. Montaño fue el polo apuesto a a Palermo; ellos dos representaron la dualidad de un partido que estuvo muy cerca de costar la clasificación a la selección argentina. Colombia ganó 3-0 al equipo de Bielsa, pero Martín Palermo, con sus tres penaltis fallados, fue el gran damnificado del encuentro. Fue tan impactante la situación que se vivió que incluso las acciones de Boca Juniors descendieron un 3,5% tras la noticia. Sin duda, los tres errores de aquel día fueron negativos para la imagen que el club Xeneize quería proyectar de un gran activo de venta futura.

El once que Marcelo Bielsa sacó al terreno de juego era lo suficientemente competitivo como para dar batalla y buscar la victoria con garantías. Germán Burgos era escoltado por Vivas, Sorín, Walter Samuel y el Ratón Ayala. El centro del campo era de una calidad asombrosa, con Simeone y Riquelme llevando la manija, Javier Zanetti por la derecha y el Kily gonzalez por el flanco izquierdo. Schelotto y el Killer Palermo esperaban su momento en punta de ataque para convertir en goles el trabajo de sus compañeros. Pero la noche iba a ser cafetera desde el primer momento, ya que los hombres de Leonel Álvarez se hicieron pronto con el control de la pelota, pero en la primera acción de peligro de los discípulos de Bielsa, un defensa colombiano despejó la pelota con la mano, fue el primer penalti del encuentro y la primera posibilidad para Argentina de situarse por encima en el luminoso. Palermo llegó con su inconfundible cabeza con el pelo tintado y muchas ganas de reventar el balón; este debía ser su campeonato. El jugador de Boca lanzó y la pelota se estrelló en el travesaño de la portería de Miguel Calero. Su disparo fue certero, con mucha seguridad, pero el efecto llevó el esférico directamente a la madera. Palermo no pidió perdón ni sacudió la cabeza en señal de desconsuelo. Sabía que el encuentro no había hecho más que comenzar y tendría más oportunidades.

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Pero minutos después Iván Córdoba situó por delante a Colombia gracias a otra pena máxima que en esta ocasión sí terminó en la red. Este iba a ser el partido de los penaltis, ya que el colegiado venezolano Aquino Valenzano señalaría nada menos que cinco penaltis, de los que solo entró el transformado por Iván Córdoba que hemos mencionado. Hubo que esperar al segundo tiempo para que la situación se desatase, primero con otro penalti atajado por Germán Burgos que permitía seguir albergando esperanzas a su selección. Fue entonces el momento en el que comenzó de verdad el festival Martín Palermo. A falta de 15 minutos para finalizar el encuentro, el delantero de Argentina fue objeto de un penalti inexistente en el área colombiana. Todos creían que el jugador se escondería después de su error en la primera parte, pero su personalidad ganadora le impedía renunciar a tomarse venganza. Tenía en sus botas el empate, pero un error le colocaría directamente en el disparadero de la prensa y los aficionados de su país. Palermo lanzó con fuerza, pero en esta ocasión el balón ni tan siquiera rozó el poste. Con dos penaltis fallados, terminaba de convertirse en el gran culpable de la derrota de la albiceleste. Restaban pocos minutos y Argentina comenzaba a caer en la resignación e impotencia. Zanetti fue expulsado y también Bielsa vería el camino de los vestuarios. Pero la tragedia iba a ser todavía más dolorosa para el gran favorito de la noche, ya que Congo estableció el 2-0 a falta de once minutos y en medio de la fiesta cafetera, Jhonnier Montaño, el niño de 16 años, sorprendía a Germán Burgos con un disparo desde fuera del área que elevó el marcador a un rotundo tres a cero.

Argentina tendría que luchar en el último encuentros ante Uruguay para hacerse con un lugar en los cuartos de final. Para ello debería recomponer su equipo, pero sobre todo salvar anímicamente a su delantero centro, quien antes del final ante Colombia tendría tiempo de redondear su noche más negra Se cumplía el tiempo reglamentado y el francotirador de Boca Juniors volvió a intentarlo por última vez. Córdoba le derribó dentro del área y el árbitro señaló el quinto penalti de la noche, el tercero cometido sobre Palermo. De poco le serviría a Argentina marcar ese gol, quizá de algo más a Palermo, quien a pesar de un posible gol tendría que cargar con las culpas de la derrota. Ajeno al miedo, o puede que movido por la inconsciencia o la rabia del momento, asumió la responsabilidad. Toda América presenció la escena, sabiendo que si Palermo lanzaba fuera o Miguel Calero tenía la fortuna de atajar el penalti, estarían presenciando un momento crucial en la historia del fútbol, el día en el que un mismo futbolista falló tres penaltis en el mismo partido. Palermo lanzó, aunque esta vez optó por un disparo colocado, consciente de que sus dos lanzamientos anteriores se le marcharon altos. Miguel Calero adivinó a la perfección y despejó el esférico. Tres errores en tres penaltis y una derrota dolorosa para Argentina. Fue la carta de presentación de Palermo ese verano de cara a un posible traspaso, aunque por suerte para él, era un jugador capaz de lo peor y de lo mejor, y solo un año más tarde lograría situarse en la cúspide del fútbol mundial al ser el gran protagonista de la Copa Intercontinental marcándole dos goles al Real Madrid; ese partido forzó su traspaso a Europa, pero la noche que le hizo pasar a la historia del fútbol en el plano negativo estuvo relacionada con los tres penaltis fallados. Algo casi irrepetible.

 


 

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