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Manchester: Sons of United

Manchester United 2014

Por José David López (@elenganchejd)

El organigrama deportivo de todo club actual requiere un detallado cuidado y mantenimiento de sus categorías inferiores. Poseer una notable estructura de fútbol base que gestione la identidad del club desde edades muy tempranas, que establezca una misma filosofía de trabajo en todas sus categorías y que facilite la adaptación educativa de sus integrantes es el sueño de todos aquellos que abogan por una cultura propia de club. Rápida adaptación de conceptos, mayor capacidad de profesionalización, un cariño exclusivo al escudo del club desde niños y un ahorro exponencial de los gastos derivados en refuerzos y traspasos que nunca habrá que cubrir salvo urgencias puntuales que no puedan resolverse con la cantera. En esa idealización del trabajo con el fútbol base se mueven muy pocos equipos del mundo, pero si existe alguno que haya soportado las inclemencias económicas y resultadistas ante cualquier obstáculo o generación, ese es el Manchester United. No por casualidad los Red Devils son el mayor generador de canteranos de Inglaterra. No por casualidad han salido de sus categorías inferiores el mayor número de One Club Man del país (junto al Liverpool). Y, desde luego, no es casualidad que la mezcla entre ambos registros genere una sintonía mística en defensa de los valores y principios fundamentales del origen del club. Todo el que sale de allí pertenece a una idiosincrasia atávica, consanguínea y privilegiadamente hereditaria. Todos son Hijos del United (Sons of United).

Un dato concluyente y reflejo como ningún otro: desde el 30 de octubre de 1937, el Manchester United ha alineado al menos unos minutos en cada partido un jugador generado en su cantera, acumulando un total de 3.696 encuentros consecutivos hasta el día en el que escribo estas líneas (si las previsiones no me fallan, el inicio del nuevo curso debe situar esa cifra en 3.713 partidos cuando lean este reportaje). Un increíble acto de fe en su identidad, de confianza en sus directrices básicas, de predilección por aquello que crece de su trabajo diario. Lograr mantener esa línea de reproducción juvenil ha creado un impacto absolutamente impensable e incomparable en la actualidad, pues allí donde la maquinaria financiera más capacidad tiene para explotar la palabra del fútbol y donde adinerados empresarios-mecenas han mancillado el don tradicionalista es donde el Manchester United radicaliza su sentimiento. “We created players. We create feelings. We create our identity” (Nosotros creamos futbolistas. Creamos sentimientos. Creamos nuestra identidad), se podía leer en las gradas del vetusto Old Trafford durante décadas pasadas en clara referencia a generaciones de canteranos convertidos en One Club Man en base a tan reflexiva y asentada cultura de club.

Desde el 30 de octubre de 1937, el Manchester United ha alineado al menos unos minutos en cada partido un jugador generado en su cantera

Steve Hobin y Tony Park son hinchas devotos del Manchester United. De aquellos que ya viven hace suficiente tiempo como para contextualizar diferentes épocas. Hace mucho que se enamoraron de los datos, de las cifras más singulares, de los encuentros menos recordados y de cómo todos ellos lanzaban mensajes. Saber interpretarlos históricamente y leer aquello que las cifras pretenden contar fue su ardua labor durante 18 largos años donde visitaron fuentes, documentación, bibliotecas, personajes, historiadores y hasta exjugadores que pudieran ampliar su detallada bibliografía. Hoy, casi dos décadas más tarde, completaron un fascinante viaje sobre el fundamento primario del engranaje de la cantera mancuniana y mostraron la determinante importancia de la misma para el club. Su obra, Sons of United, muestra la maquinaria al detalle y cómo cada paso fue fundamental y especialmente cuidado para no derruir las arterias del corazón Devil.

Chap-1-Roccas-Revolution2-Sons-of-UnitedPese a que en el fútbol moderno el club ejemplifica la fuerza económica (fichajes millonarios e ingresos como ningún otro en todo el planeta), a principios del siglo pasado la situación era diametralmente opuesta, pues representaban una institución menor en categorías más humildes y tenía, además, graves problemas financieros. En los años 30, la grave crisis de la ciudad arrastró al club en sus comienzos, obligando al presidente James Gibson a encontrar nuevas fuentes de inspiración entre los futbolistas jóvenes que aparecían en su ciudad. “Si no podíamos comprar buenos jugadores, había que crearlos”, lanzó a su junta. El enfoque, el de un visionario, fue impulsado por el ya entonces nombrado secretario del club, el escocés Scott Duncan (exfutbolista de Newcastle o Rangers con un ojo ávido para trabajar con promesas, pues consiguió ascender al modestísimo Cowdenbeath en la liga escocesa con solo jugadores nacidos en su área, tras rastrearlos personalmente). El dúo leyó la estrategia a la perfección y creyó oportuno llevarse consigo al cazatalentos Louis Rocca (un genovés, exfutbolista fracasado, que llegó a Inglaterra por la Revolución Industrial, cuya única misión fue ver y ver jóvenes jugando cada día en Lancashire).

Ese trío, unido en torno a la idea de encontrar aquellos chicos talentosos del condado, fundó el que para muchos es el mejor sistema de fútbol juvenil de la historia: Manchester United Junior Athletic Club. Los MUJACS (siglas aún utilizadas con cariño para referirse hoy en día a sus nuevos chicos) aún representan el primer intento del fútbol profesional por dar continuidad a su labor entre las nuevas generaciones. “El sistema de las escuelas de fútbol era mucho más dinámico y duro que ahora. Los futbolistas jóvenes que alcanzaban la élite llegaban directamente desde las escuelas. Eran muchos, pero no se podían contratar chicos menores de 15 años porque tenían que estudiar o, al menos, ayudar en casa a su familia. Los que llegaban al primer equipo eran niños pese a todo. Y, claro, los más veteranos les miraban con sorna. ¿Podías ver un policía de 15 años intentando impartir justicia? No, pues con los jóvenes futbolistas pasaba lo mismo. No era normal. No se estaba preparado para eso”, comenta Tony Whelan, asistente de la academia del United y autor del libro ‘Birth of the babes’.

“Hasta los profesores de la escuela nos avisaban de que estaban buscando chicos para jugar al fútbol. Yo tenía 8 años cuando empecé a jugar para la escuela. Me seleccionaron en unas pruebas realizadas en Stretford y Gorse Hill. Disputábamos muchos partidos por toda la zona. Luego nos tenían ‘cercados’ bajo su dominio, pero a mí me dejaban jugar en el equipo de mi iglesia, St. Cuthbert. Cuando cumplí 16, pasamos unas últimas pruebas decisivas y a unos cuantos afortunados nos seleccionaron para el primer equipo. En esos años el United estaba en Tercera División pero estar en el estadio con Tom Manley, Billy Bryant, George Roughton y Bill McKay, que eran mis ídolos, fue lo máximo”, recuerda aún hoy Jack White, de 91 años y uno de los primeros chicos del mecanismo canterano del Manchester United. White nació en Trafford Park que está justo “en el camino de Old Trafford, y recuerdo que no podíamos ni comprar periódicos en esos días, así que no sabía nada de los otros equipos”. Tan limitados eran esos días que “el club nos pagó las tarifas de autobuses para ir a entrenar y a los partidos”. Feliz, sonriente y absolutamente enamorado de sus días como pionero del MUJACS recuerda que fue de los primeros grandes artilleros de la historia del club: “Yo era defensor, pero me fueron adelantando la posición hasta que jugué de delantero y marqué 80 goles en 1939, por lo que me llamaba el ‘intruso’. Aún intento recordar por qué me pusieron ese apodo”, explica en Sons of United. “Poco después, nos hicimos fotos con los trofeos en Old Trafford, pero estalló la guerra, el estadio fue bombardeado y cuando era titular y jugador importante se cancelaron los partidos. Acabé siendo ingeniero amateur con mi padre hasta que me llamaron a filas en 1942 y trabajé como detector de minas en el Mar del Norte y en el Canal Inglés. Hasta estuve en Normandía el día famoso, porque estaba desactivando minas allí antes del aterrizaje. Éramos un gran equipo y de no haber sido por la guerra ahora todos seríamos famosos…”, recuerda con cariño.

“Los veteranos miraban a los jóvenes con sorna. ¿Podías ver un policía de 15 años intentando impartir justicia? No, pues con los jóvenes futbolistas pasaba lo mismo. No era normal. No se estaba preparado para eso” – Tony Whelan

Tras unos primeros años de adaptación y búsqueda, la transformación definitiva de los MUJACS llegó en 1946, cuando Matt Busby fue nombrado nuevo entrenador con la clara misión de reconstruir el club. Y cito literalmente reconstruir porque Old Trafford estaba severamente dañado por años de bombardeos, no tenía césped, estaba lleno de arena y los graderíos se caían a pedazos. Carey, Rowley y Chilton, tres futbolistas que aguantaron en forma durante el parón, así como una banda de juniors exitosos liderados por John Aston, Stan Pearson, John Ander, Joe Walton, Charlie Mitten y Johnny Morris, heredaron el protagonismo de la entidad. El nuevo proyecto rápidamente notó que sus labores internas generaban entusiasmo y competitividad, pues logró ganar dos años después la FA CUP (en 1948 ante el Blackpool) con nada menos que siete chicos formados en su cantera. En esos años de ascensos y progresión, rozó la gloria nacional siendo subcampeón en dos ocasiones, pero en 1951, con protagonismo absoluto para Roger Byrne, Don Gibson y Billy Redman, otros tres chicos criados en sus escalones inferiores, alzaron su primera campeonato liguero desde 1911.

Portada periódico del desastre aéreo del Manchester United en MunichEsa evidente ascensión en sus pretensiones y la masiva llegada de jóvenes talentosos a su primer equipo respondía a la gran salud generada en los MUJACS, donde la aportación del gran Jimmy Murphy estaba dando sus frutos rápidamente. Murphy había sido futbolista e internacional galés hasta la guerra. Fue allí donde pudo mostrar su capacidad para entusiasmar e impulsar a los jóvenes con el fútbol, donde ofrecía charlas improvisadas que levantaban la moral de los soldados. Tanto que en uno de ellos, con presencia de Matt Busby, se ganó la confianza del míster del United, que decidió llevárselo a su organigrama deportivo.

Numerosos títulos juveniles y premios al mejor trabajo con promesas durante muchos años sirvieron para encarrilar el éxito mancuniano de chicos como Jackie Blanchflower, Bill Foulkes, Mark Jones, Geoff Bent, Freddie Goodwin, Cliff Birkett o Brian Birch. Su labor le acercó mucho más al profesionalismo, comenzó a ser asistente personal de Busby y formaron el dúo clave de la época. Tal fue el éxito generado por sus promesas, que empezaron a llegar chicos de todo el país con intenciones de unirse al club y la regeneración del primer equipo se convirtió en una realidad. A los últimos citados se unieron jóvenes locales tales como Eddie Colman, Wilf McGuinness, Dennis Viollet, John Doherty, Eddie Lewis, Albert Scanlon y, sobre todo, sus últimas grandes aportaciones en aquellos años: Duncan Edwards y Bobby Charlton, los dos mejores futbolistas de los enigmáticos Busby Babes. Llegaron triunfos, se aumentó el palmarés y se empezaba a rivalizar en Europa. Tal reserva de talento para el futuro dejó una plantilla con una media de edad de 21 años (durante cinco años solo se acudió una vez al mercado de refuerzos para contratar a Tommy Taylor) y cinco tronos consecutivos como mejor cantera del país con títulos ligueros y coperos. Se había logrado una planificación perfecta, a coste cero y logrando desarrollar más que nunca las lecturas originales y propias de su club. Todo estaba mecanizado. Ya nadie podía competir con ellos. El desastre aéreo de Múnich, donde fallecieron 23 miembros del club (ocho futbolistas clave perdieron allí la vida y nueve se salvaron aunque lastrados de por vida por lo ocurrido) rompió la generación más brillante de jóvenes que jamás se ha creado en el fútbol inglés.

Esa cinta transportadora de jóvenes de fabricación casera rumbo a la élite necesitó, al igual que el club y la afición, volver a rearmarse. Busby no perdió la confianza, reanudó la labor con Murphy y en unos años la maquinaria comenzó a funcionar activamente con chicos de la talla de Giles, Brennan Nicholson, McMillan, Stiles, Moir, Chisnall o Lawton, lo que permitió que en 1964 volvieran a ganar la copa juvenil ya con ayuda de Bobby Noble, David Sadler, John Aston, John Fitzpatrick, Jimmy Rimmer y, por supuesto, el genio que empezaba a mostrarse en campos de adolescentes, George Best. Esos chicos se asomaron al primer nivel y se mezclaron con los restos del desastre de Múnich, futbolistas ya experimentados que tenían una clara misión: levantar la Copa de Europa en memoria de sus compañeros fallecidos. La obra se culminó en 1968 ganando en la prórroga al Benfica 1-4, pero la cantera volvía a ser clave con hasta nueve representantes en ese equipo que ya era el mejor del continente. Es decir, antes de que las generaciones juveniles de Ajax o Barcelona lograran éxitos similares, mucho antes, más de 45 años antes, la primera gran hornada de chicos inmersos en triunfos de primer calibre la abanderó el Manchester United.

Manchester United: The Class of 92

Cuatro entrenadores diferentes en apenas unos años debilitaron durante los 70 el premiado sistema del club y, aunque algunos nombres sí superaron la barrera hacia el profesionalismo, no fue hasta finales de esa década, con Dave Sexton como técnico, cuando se logró restaurar nuevamente el funcionamiento estelar de años anteriores. Scott McGarvey, Steve Pears, Norman Whiteside, Clayton Blackmore, Mark Hughes y Graeme Hogg atestiguan que así fue, recuperaron títulos adolescentes y alcanzaron el primer equipo junto a Billy Garton, Gary Walsh, Lee Martin, Russell Beardsmore y Mark Robins a finales de los 80. Pero el último gran impulso de los MUJACS hasta nuestros días fue a finales 1986 cuando en el cuatro día de trabajo de Alex Ferguson en el banquillo, el escocés repitió en rueda de prensa hasta en tres ocasiones el nombre de Jimmy Murphy para referirse al modelo que había que volver a restaurar para recuperar sus mejores días juveniles. El resto ya es historia moderna, pues además de conseguir nuevos galardones nacionales a su trabajo, logró el título juvenil más afamado de las últimas décadas, la FA CUP de 1992 con una generación de chicos irrepetibles liderados por Ryan Giggs, David Beckham, Paul Scholes, Nicky Butt, Gary Neville y Phil Neville: “Class of 1992”. Su palmarés global es abrumador pero individualmente forman pedazos únicos y exclusivos de la historia de un Manchester United que hoy sigue remando con sus ideas primarias, tal y como representan los últimos casos de Danny Welbeck, Paul Pogba, Tom Cleverley o Adnan Januzaj (hoy ya en la élite e internacionales absolutos).

Ese club que durante años fue capaz de formar más del 70% de su plantilla con sus propios canteranos, ese club que ganó una Copa de Europa con nueve chicos de su labor diaria, ese club cuyo Top 60 histórico incluye a 31 futbolistas generados en su organigrama juvenil y ese club que colocó a 85 internacionales ingleses desde sus campos de entrenamiento base. Tres Copas de Europa, 17 títulos ligueros, 10 Copas de Inglaterra, 4 Copas de la Liga, 1 Recopa de Europa, 1 Copa Intercontinental y 1 Mundial de Clubes siempre, absolutamente siempre, con al menos un canterano. Un total, insisto, de 3.696 partidos consecutivos. Un total, insisto, de 77 años ininterrumpidos. Duncan Edwards (debutó con solo 16 años y 185 días en el primer equipo), George Best (un obispo llamó a Busby para decirle que había “encontrado un genio”), Bobby Charlton (gran todocampista y parte integral de renacimiento de United), Paul Scholes, Ryan Giggs y David Beckham (mitos únicos del último gran United que arrasó en la Premier). De los Busby Babes a los Fergie Boys. Una rica cultura de club sin parangón ni comparación en Inglaterra ni en el planeta fútbol que abandera, a su vez, la creación de sentimientos naturales en pro de la defensa del club de cada uno. La raíz del One Club Man en su máxima expresión. Todos son y serán Sons of United.

 


 

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