Secciones Edición: 13

Harry Lowe, el más veterano del fútbol español

NOCHE

Por José Hernández (@rainerbonhof)

Un lustro sin colocarse el pantalón corto y los borceguíes, pero todavía seguía sintiendo el deseo de pisar la hierba. Sus tardes en el Tottenham o el Fulham formaban parte del pasado, pero ese día los papeles iban a intercambiarse y Harry Lowe, el hombre de Northwich (una localidad inglesa a mitad de camino entre Liverpool y Manchester), protagonizaría un hecho sin precedentes y difícilmente superable en el fútbol actual. Cuando Lowe escuchó el pitido inicial por parte del colegiado Guillermo Comorera, era consciente de que había comenzado el partido más singular de su vida.

17 de marzo de 1935, una derrota más en Atocha. Con el gol del delantero del Betis Timimi, volvía a la grada la misma sensación de tristeza y resignación que había acompañado a los jugadores del Donostia durante toda la temporada. Donostia Foot-ball Club era la denominación de la Real Sociedad desde la instauración de la segunda república española, un periodo en el que varios clubes abandonaron el título Real en su nomenclatura. En 1935, el aficionado habitual perdió gran parte de su pasión por el fútbol, y para entender el esfuerzo de aquellos que todavía acudían a los estadios es conveniente puntualizar el contexto global y político del momento. A mitad de la temporada 1934-35 ya habían acontecido hechos tan decisivos para el país como la Revolución de Asturias o la proclamación del Estado Catalán por parte de Lluís Companys. Además, son habituales las reyertas y enfrentamientos entre falangistas y miembros de extrema izquierda que enturbian el funcionamiento de la sociedad. Un año después comenzará la guerra civil española.

1376Pero en San Sebastián, un grupo de fieles seguidores acude religiosamente cada dos domingos a Atocha (estadio del Donostia, cabe puntualizar para los jóvenes) con la esperanza de presenciar una reacción de los hombres entrenados por Harry Lowe. Las duras condiciones de la época provocan que cada vez exista menos piedad con unos futbolistas que en la mayoría de ocasiones compaginan su empleo con la devoción y el respeto a los colores. Respeto que para algunos aficionados y redactores quedaba mancillado cada vez que ciertos jugadores firmaban una nueva y desastrosa actuación. Es el caso del portero Rojo (Félix Salvador Rojo, fusilado cuatro años más tarde con solo 26 años). Metalúrgico de profesión, un diario llegó a escribir de él que era capaz de desayunar ocho ensaimadas, por lo que cínicamente indicaban que no había que preocuparse por su estado físico a pesar de que en el campo acumulaba un desastre tras otro, las leyendas sobre personas siempre se vuelven verdaderamente crudas en época de hambre. Con todo, la mayor parte de las críticas se las llevaban los delanteros, y entre ellos el más censurado, por emplear vocabulario de la época, era sin duda Manuel Olivares.

El mal rendimiento del Donostia se achacaba a la poca capacidad de ciertos jugadores más que a una hipotética falta de entrega o cuestiones tácticas, emocionales, etc. A veces incluso se hablaba de mala suerte a la hora de emitir un juicio sobre el equipo de Lowe, pero todos estos elementos no entraban en acción cuando el protagonista era Olivares. Nacido en la isla de Mallorca en 1909, el jugador se convirtió en una celebridad gracias a su certero remate a gol. Triunfó en el Alavés antes de ser el primer máximo goleador de la liga que tuvo el Real Madrid (16 goles en 1932-33). Un año después el Donostia (la Real Sociedad) le incorporó a su plantilla para que fuera la guinda de un equipo pensado para ser alternativa al Madrid, al Athletic o al Barcelona. Y es que la inestabilidad del país había hecho más vulnerables a los clubes de las grandes ciudades y, además, la nueva ley que autorizaba la alineación de dos extranjeros por equipo permitió al resto de clubes de primera división reforzarse con más garantías y en un mercado más amplio. Así, por ejemplo, el Español de Barcelona llegó a firmar al costarricense José Quesada, una decisión más que exótica.

En el caso del Donostia no hizo falta recurrir a futbolistas foráneos (al menos al inicio de la temporada). Mr. Lowe cumplía su quinta temporada en “La bella Easo” como técnico de la Real; era un entrenador respetado por sus conocimientos y cuentan quienes lo vieron entrenarse junto a los Ipiña, Olivares o Insausti que no desentonaba lo más mínimo entre sus jugadores e incluso muchos aficionados afirmaban que su estilo en la conducción de pelota era único. El gusto por el estilo británico en el juego seguía teniendo en el norte de España su mayor foco de influencia, pero pese a este detalle solo dos clubes de primera división de esta zona del país mantenían entrenadores ingleses: el Racing de Santander (Mr. Galloway) y el Donostia (Mr. Lowe).

La trayectoria se torció muy rápido en la liga. Una derrota en San Mamés el 3 de febrero de 1935 hizo saltar las alarmas. El Athletic Club de Bilbao venció 7-0 en una tarde aciaga del meta Rojo (el de las ensaimadas). Sumidos en la más profunda de las crisis, un mes después el Betis les visitó en el estadio de Atocha. Los andaluces eran uno de esos equipos que habían sabido pescar en río revuelto; de hecho acabarían ganando esa liga, la única de su historia. En el partido de San Sebastián fueron claramente inferiores al conjunto de Mr. Lowe en el juego, pero la falta de efectividad del Donostia llevó el resultado a un 2-4 muy doloroso para la parroquia local. Para entender la pesadumbre que vivieron los aficionados (el equipo quedaba condenado aún más al descenso), reproducimos algunos fragmentos publicados en el diario local “El día”. Al equipo se le criticaba su excesiva tendencia a jugar el balón por el centro y a ras de hierba, utilizando poco los interiores; el Donostia representaba fielmente en el campo la idea futbolística de su entrenador británico. La crónica se inicia así:

“Como guipuzcoano y como donostiarra siento con toda el alma la derrota del Donostia con el Betis. Empero, no soy de los que pienso que nuestro equipo haya perdido porque la suerte no estuviera de su lado (…) los jugadores donostiarras se empeñaron en llevar el juego a base de pases rasos que en la mayoría de los casos quedaban cortados por el barro, únicamente había un hombre que sabía lo que estaba haciendo, Ayestarán, que sirvió juego en abundancia y no a base de pases bajos, sino por alto y a las alas”.

Más duro todavía fue el diario “El pueblo vasco”:

“Algunos amigos nos decían el domingo: ¡A ver cómo los pones el martes, que ya se lo merecen! No amigos, nada de eso. No merece la pena. El Donostia no tiene arreglo (…) y que conste que no somos pesimistas, pero tampoco ilusionistas. No queremos mostrarnos irritados, limitémonos a reseñar esta impresión arraigada en nosotros desde algún tiempo, ya que con censuras no vamos a remediar el mal que nos lleva a la segunda división” (19-3-1935).

Pocas opciones le quedaban a Harry Lowe para recuperar el tono del equipo y engancharse a la liga. El Donostia era penúltimo en la tabla clasificatoria cuando solo restaban seis jornadas para el final del campeonato. Las condiciones físicas no eran las mejores y el pesado terreno de juego de Atocha había sobrecargado demasiado a unos jugadores que debían soportar crónicas tan duras como las reproducidas anteriormente. ¿Dónde quedaba el orgullo de un club que poco tiempo atrás pudo ser campeón de liga?, ¿y los goles de Olivares?, ¿las soluciones mágicas de Mr. Lowe?, ¿dónde?

El siguiente partido debía jugarse en Valencia, un encuentro que, aunque terminaría siendo histórico para el libro de récords de la liga, no representaría un punto de inflexión para el Donostia. Harry Lowe, su entrenador, saltó al césped para disputar ese partido con 48 años y 226 días, convirtiéndose en el jugador más veterano de primera división hasta ese momento (cifra aún no superada). Pero aunque es cierto que el técnico se vio forzado a disputar el encuentro debido a una plaga de lesiones (tenemos constancia de las bajas de Insausti, Amadeo Labarta, Francisco Amunárriz y Juan Cruz Artola), no lo es la versión contada en decenas de ocasiones. Harry Lowe no decidió su alineación a última hora una vez en Valencia, como se ha escrito muchas veces, sino que tenía claro que iba a jugar el partido antes de viajar. De hecho, y como podemos comprobar en una nota del diario El Pueblo Vasco, Lowe tuvo que firmar su ficha antes de emprender el viaje a la ciudad del Turia.

La sorprendente decisión no contó con la aprobación de todo el mundo. Y es que es posible que Lowe no tuviera una necesidad real de alinearse en este partido, pero la angustiosa situación del Donostia en ese momento le hizo reflexionar y pensar que quizá todos sus años como profesional en un fútbol mucho más avanzado que el español (el inglés) podrían permitirle jugar a buen nivel a pesar de llevar más de un lustro retirado. La excentricidad no pasó desapercibida para los diarios nacionales e incluso el ABC le envió un curioso recadito utilizando un símil entre la decisión tomada y el delicado estado de su equipo: “El domingo próximo en Valencia es probable que el Donostia presente un nuevo jugador: su entrenador míster Lowe. Hay algo peor que perder puntos y es perder la cabeza“.

Harry Lowe es el futbolista más veterano que ha disputado un partido en la historia de Primera División, saltando al terreno de juego con 48 años y 226 días

Y así fue como Harry Lowe formó parte de los once jugadores que saltaron al césped del estadio de Mestalla el 24 de marzo de 1935. La incredulidad del público al observar a un futbolista de casi 50 años golpear el cuero en el calentamiento era manifiesta. No lo sabían, pero la escena no iba a repetirse en la historia, y es que aunque Lowe estaba convencido de haber acertado con su idea, el fútbol no iba a ser generoso con esta demostración del auténtico abuelo de la liga. En la crónica del encuentro aparecida en El Diario Vasco puede leerse un rotundo “Ni contigo ni sin ti…”. O sea ni con Lowe ni sin él (sobre el campo). El equipo donostiarra ofreció una imagen más caricaturesca todavía de la que había mostrado en los campos españoles en los meses anteriores.

Un Valencia a medio gas se hizo dueño de la situación muy pronto, aunque Lowe luchaba por ganar la batalla en la zona ancha del campo. El inglés ordenó rasear la pelota como de costumbre, aunque esta vez él era el encargado de comenzar los ataques del Donostia. A los 20 minutos de juego el Valencia ya vencía 2-0 y no lo hacía por un tanteo más amplio gracias a la excelente labor del defensa Goyeneche. Para Lowe, el experimento de alinearse no podía tener peor resultado; su intención fue la de intimidar al contrario y conseguir que sus jugadores se relajaran, pero en la práctica logró todo lo contrario. Antes del descanso llegó el tercer gol del Valencia (protestado por Lowe y sus hombres por un presunto fuera de juego), pero sería en la segunda parte cuando los aficionados de Mestalla asistirían al funeral anticipado del conjunto vasco. Iturraspe marcó el 4-0 y Goiburu el quinto. Lowe no tenía aliento y por supuesto tampoco olía el balón (a Olivares se le esperaba como en toda la temporada). El despropósito total llegó a falta de 14 minutos, cuando el donostiarra Arana introdujo el balón en su portería para llevar el marcador a un escandaloso 6-0.

Harry Lowe pidió tranquilidad a los suyos, una tregua en el esfuerzo. Su misión había concluido con un rotundo fracaso. Sabía que jamás volvería a pisar un terreno de juego como futbolista en activo, pero lo cierto es que durante los últimos minutos disfrutó de su efímera nueva condición. El resultado era sonrojante y sus días al frente del Donostia estaban contados, pero sufrir una derrota como esa era parte del juego y del riesgo. Decepcionado como profesional pero ilusionado como un niño que juega al fútbol por primera vez, Lowe intentó una última jugada. A sus casi 50 años seguía conduciendo el balón de forma elegante; el fútbol no es nada más que un juego en el que siempre hay que volver a intentarlo.

Harry Lowe se introdujo en el campo valencianista y pasó el balón a Olivares; una maravillosa asistencia. Esta vez el goleador no perdonó e hizo bueno el pase al hueco de su técnico. El inglés no celebró aquel tanto pero su corazón de futbolista dibujó una sonrisa, la alegría íntima de quien sabe que ha vivido algo único. A pesar de que el Valencia ganó ese día 7-1, de que el Donostia descendió y de que fue su última temporada en San Sebastian… La noche en la que se convirtió en el jugador más veterano de la liga fue la suya, porque jamás nadie ha igualado una gesta como la que protagonizó Harry Lowe.

 


 

Contacta con El Enganche




Nuestras redes sociales

 

Contacta con nosotros

Puedes ponerte en contacto con El Enganche a través de este formulario.

Envíanos tus consejos, dudas, quejas o sugerencias para ayudarnos a mejorar. Rellena el formulario y haznos llegar tu mensaje. #yosoyenganche