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La Hoya Lorca: El Brócoli Mecánico

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Por Andrés Cabrera (@Andres_inter)

El ambiente era ya bastante distendido. El orden y el decoro de los primeros minutos de la cena se habían ido perdiendo paulatinamente. Pasando platos de comida, botellas de vino e inmerso en gratas conversaciones, la elegancia se iba difuminando y se perdía ese comportamiento excepcional hacia la normalidad. A punto de concluir, los estómagos repletos de comida amortiguaban los posteriores excesos de la boda en La Hoya, Murcia. Cada mesa, habitual cónclave de personalidades con ganas de hacerse notar, acaba siendo un micromundo con conversaciones ajenas a todo lo demás. Solo los niños, cansados de estar sentados y con la comida en la boca, corretean de mesa en mesa, jugando y dando muestras de su inocencia mientras las madres desesperan a gritos por el salón. Uno de los chicos tropieza y, tras él, se abalanzan varios adultos en su ayuda, pero ninguno de la mesa más próxima al desliz. Nadie sabía qué estaba pasando en ese tablón de conversaciones, pero los minutos de debate abierto, ya habían presagiado un matiz tan serio como ilusionante. Algo grande se gestaba en la sala de bodas ante los novios y suegros y con la tarta a punto de llegar. Antes de que fuera cortada por la pareja, aquél coloquio inmune a ruidos externos, decidió crear un club que representara a la pedanía, algo que sirviera de hobby para aquellos hombres que compartían mantel. Unos querían un club formador para los chicos de la zona y otros un club recreo para los hombres aburridos del entorno. La dirección de un club entre amigos parecía un hobby que podían afrontar sin ningún problema. Distracción tras el trabajo, excusa para reunirse en torno a una pelota y asegurar unas cervezas en compañía después. El entretenimiento empezó allí, entre risas, cigarrillos y algo de cava. Un club creado en la mesa de un banquete de bodas… Convertido hoy en un ejemplo de gestión.

El teléfono no paró de sonar en el complejo deportivo Ángel María Villar (no estamos en el centro de la meseta ni en la capital del fútbol español; el nombre fue puesto tras el terremoto de 2011 en Lorca), donde la actividad desde aquella tarde, encontró su apogeo más solidario a través del deporte. Las carreras en las oficinas eran constantes. Las llamadas procedían de todas partes del mundo. El patrocinador principal del club, Sakata (empresa japonesa de semillas), habla con el presidente tras asombrarse de que absolutamente todo el planeta hable del club que patrocinan. Pasar en horas de interpretar un papel sencillo como club representativo de Lorca a nivel comarcal a ser noticia de impacto a nivel internacional es un cambio radical. Fronteras destruidas en segundos que, desgraciadamente, ninguna relación tenían con la pelota, con sus goles o con un resultado imprevisible de los murcianos. Pero aquella tragedia sí sirvió para colocar en el mapa un estadio, un proyecto y un grupo unido en busca de metas que no habían hecho sino empezar.

camiseta01El impulso definitivo se disparó tras jugar en el Ramón de Carranza de Cádiz en octubre de 2013. Pasar por uno de los estadios con más historia del país, provocó interés inusitado en aquellos chicos que habían superado momentos duros no demasiado tiempo atrás y que, aun superándolos en algunos casos, atrajeron el interés de los principales medios del planeta. Partido a partido, gol a gol y domingo a domingo, el equipo encontró capacidad para subir peldaños clasificatorios, ascendiendo con celeridad y jamás retrocediendo. Un Play-Off de ascenso a Segunda División y la clasificación directa para la Copa del Rey extendieron aún más la aureola mediática y doce años después de aquella boda, la unión persiste con el fútbol como elemento de debate (La Hoya Lorca) y un singular ingrediente alimenticio como excusa. El resultado, la camiseta más atrevida (o fea ¿¿FEA??) de la historia del fútbol: El brócoli mecánico.

En ese proceso de crecimiento, los principales sponsors o inversores procedían del sector hortofrutícola, concretamente del cultivo del brócoli, un producto del que vive la mayoría de la población de la zona. Este apoyo quiso ser recompensado por el club. La entidad que dirige Luis Jiménez Moya habló con el proveedor de indumentarias deportivas del club, Daen Sport (que tiene un escorpión como imagen de marca), para la creación de una camiseta verde con la que se sintieran identificados los aficionados del club y además favoreciera la venta de su producto. No podían imaginar el diseño final. No hubo bocetos previos, no hubo correcciones posibles ni tampoco críticas previas ante el desconocimiento general. Aquello era bochornoso.

El presidente, uno de los fundadores del club en aquella boda (ligado a La Hoya Lorca desde su fundación aunque encargado de la dirección desde hace unos años), se negó en primer término a jugar con aquella indumentaria. Le parecía bastante estrambótica, vergonzosa e impropia de un club que pretende virar en sentido profesional. Nadie abanderaba la idea, los diseñadores fueron criticadísimos y las previsiones de venta cayeron en picado, rompiendo cualquier pretensión positiva. La afición explotaba. Una tarde, el club tenía un partido de exhibición, el rival tenía una camiseta de idéntico color y el colegiado les obligó a cambiar de elástica para poder iniciar el encuentro. Uno de los utileros recordó que, metidas en casas sin abrir y empaquetadas todavía, en el salón cercano estaban las camisetas que nadie se había atrevido siquiera a probar. Sin tiempo para la reacción, la obligación para cumplir con el partido hizo que esa camiseta viera por fin la luz. Atípico, cargante y hasta de difícil interpretación futbolística, el encuentro no pasó a la historia por el resultado, pero la repercusión en redes sociales y en los medios comarcales derribaron cualquier imaginación. Derrocaron opiniones meramente tradicionalistas y encontrando elementos mediáticos positivos. El presidente, incapaz de explicar aún hoy qué pasó por la cabeza de sus hinchas, cambió de opinión y acabó asumiendo que aquella camiseta sería su segunda equipación oficial de la temporada. No se equivocó. La elevada repercusión se ha traducido en ingresos para la entidad murciana y un hueco en la historia de la originalidad futbolera. La web del club, que pone a la venta el singular artículo para todo tipo de aficionados, la ha vendido a más de 100 países, con unas 10.000 vendidas por todo el mundo. “Catalogada” como una de las más feas del mundo, el universo futbolístico la levanta a los altares y los coleccionistas no pueden dejar escapar la opción. Tal fue la acogida que una tienda especializada de Londres se ha convertido en uno de los distribuidores principales, con encargos de 40-50 camisetas cada algunos meses. Una difusión indescriptible e imposible cuando militas en las catacumbas del fútbol español.

La web del club, que pone a la venta la singular camiseta para todo tipo de aficionados, la ha vendido a más de 100 países, con unas 10.000 vendidas por todo el mundo

¿Cómo es la camiseta? Es fácil. Es difícil. Una amalgama de brócolis. Muchos, demasiados, un puñado, casi interminables, verdes, pequeños y uno encima de otro. Pequeñas muestras de esta hortaliza se reparten por todo el cuerpo extendiéndose también por los pantalones de la indumentaria como una enredadera por la pared. Los únicos rincones sin brócoli son las medias y el lateral de la camiseta, dotados de un color verdoso más suave con matices que sí logran resaltar atención con respecto al color más oscuro de la hortaliza de la camiseta. El estampado del brócoli es una serigrafía con una imagen del producto, no de un dibujo o un icono que lo represente, sino una imagen real del tan manido alimento. De hecho, seguramente sea esto lo que da mayor realismo a la indumentaria, a la vez que la convierte en antiestética a simple vista. En cambio, en el uniforme titular azul sí que podemos vislumbrar el dibujo de un brócoli en el lado derecho del pecho, al lado opuesto del escudo de la entidad. El idilio entre club y esta curiosa hortaliza de la que España es la cuarta productora del mundo va más allá, ya que hasta la mascota del club es un brócoli. Solo bastaba el ingenio de un buen juntaletras para crear la mezcla definitiva. Desde medios de comunicación regionales se empezó a apodar al club como Brócoli Mecánico. El nombre gustó mucho en la institución. Atrás quedaban otros productos alimenticios como la Naranja Mecánica holandesa de los setenta o el Queso Mecánico en referencia al Albacete que dirigía Benito Floro allá por los años noventa. Ahora, el producto de moda en el fútbol es el brócoli, aunque a diferencia de sus antecesores, el simbolismo entre producto y club es total. Para el club esta indumentaria ya es emblema de humilde creatividad y una seña de identidad exportable a todo el mundo.

Con los años, los chicos de Lorca lucen con alegría esta camiseta y la afición al equipo ha crecido exponencialmente desde que el Ayuntamiento de Lorca decidió que el club fuera el encargado de representar a la ciudad (en detrimento de otros clubes con sonados fracasos deportivos como el Lorca Deportiva, que llegó a estar en Segunda División junto a Real Murcia y Ciudad de Murcia en un año único para el fútbol de la zona). Tras varios proyectos desastrosos, se confió en un proyecto saludable, autogestionado y sin números rojos. Un club vivo, sostenible e independiente. Un grupo de amigos de la región, un hobby que seguir desempeñando y unos 4.000 fieles que visitan sus gradas cada domingo. No son números aún extravagantes, pero hablan del crecimiento de un club criado desde cero. Un club donde el éxito es la humildad. Una familia de jugadores a los que se les proporciona vivienda, dietas y cualquier cuidado deportivo necesario, centrando sus pensamientos en la pelota y en sentirse en deuda con la institución. La ambición no se ha frenado, los resultados han seguido llegando. Y sin estrellas, todos miran en la misma dirección. El Brócoli Mecánico traspasó fronteras con una de las camisetas más feas de la historia y ahora sueña con repetir, pelota al suelo y marcador victorioso, aunque tenga que ser con el gol más feo de la historia.

 


 

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