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Heerenveen: Nenúfares por San Valentín

heerenveen

Por Fran Alameda (@Fran_Alameda)

Las apariencias son la primera fuente de errores en la Era de la Comunicación, donde tanto vale lo que parece como lo que es. A fuerza de hacer certera la famosa cita de Göebbels (“Una mentira repetida 50 veces acaba siendo verdad”) vemos como cierto algo que es falso, no tanto al contrario. Convendría por tanto ir sabiendo que la Power Balance no da equilibrio ni mejora la salud, sino que en el mejor de los casos adorna la muñeca, o que Ana Mato no se encontró un Jaguar en su garaje como si de repente apareciese una cucaracha. Son mentiras, de distintas maneras instauradas, que dan ganas de creer aunque sea por no escucharlo más.

En el fútbol hay más verdades preconcebidas que pululan por ahí sin que nadie las cuestione: que se ha de jugar con mediocentro defensivo para ser equilibrados, que los mediapuntos son intermitentes, que los porteros no forman parte del colectivo… Este tipo de convicciones son el atajo directo para encontrar a los mediocres, los que nunca dudan. Y siguiendo entre verdades y apariencias nos podríamos encontrar con la camiseta del Heerenveen, regalo ideal para San Valentín. Tiene “corazones”, es de un equipo underground y la mezcla, aunque cursi y empalagosa, merece aceptación para la vista.

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Sin embargo, esos corazones no son corazones como tales ni la camiseta del Heerenveen es así por cuestiones de márquetin… Ni tan siquiera es verdad que los “corazones” sean propiedad única del Heerenveen, sino que el Blauhuster Dakkapel, equipo neerlandés (Frisia), también tiene siete “corazones” en su indumentaria. Nada es producto del azar, nos diría con razón cualquier cartesiano. Los corazones son hojas de lirios marinos, nenúfares aunque no sea su nombre 100% preciso, por lo que nuestra historia de San Valentín ha dejado de tener corazones, pero merece ser contada en la medida que explica una historia llena de pasión. Y desmentida para que ninguna nueva novia pida cada 14 de febrero una camiseta del Heerenveen.

Las mencionadas hojas de nenúfares son parte del escudo del club y de la provincia en que se asienta Heerenveen, Frisia (Friesland en inglés). De ahí, evidentemente, viene el sobrenombre con el que sus hinchas conocen al equipo: El Orgullo de Frisia. Futbolísticamente al menos tienes razón, puesto que en Frisia, una de las doce provincias de los Países Bajos, la tradición es el patinaje y el equipo de los nenúfares, corazones o lirios marinos es el más aplaudido por su historia. O sea, es su orgullo futbolero.

Los corazones de la camiseta del Heerenveen no son corazones, sino nenúfares, uno de los símbolos de la región de Frisia

Contemos su historia. No son siete por azar, sino que las siete hojas hacen referencia a las regiones independientes, desde Weser a Alkmaar, que lucharon contra los vikingos en la Edad Media. No hay datos contrastados sobre cuáles fueron las otras regiones. Ni tan siquiera ha quedado claro si son siete, sino que tal vez es un número que refleja cantidad sin más. Este es el motivo real, aunque alguna leyenda vincule el número (no el motivo) con los siete lagos de Frisia. En este caso, huyendo de la frase hecha, la unión no hace la fuerza sino la bandera. Que le pregunten a los vikingos.

foto12Los pompeblêden, el nombre preciso en neerlandés, de los lirios marinos, aparecen por primera vez en un poema épico del siglo XIII escrito por Kudrun (o Gudrunlied). Allí se habla de hojas de lagos y corazones unidas a imágenes de leones, probablemente como símbolo de fuerza o identidad, y de ciudades marítimas como clave en la lucha. Así, dicen libros del Siglo XV, que era el escudo de la antigua y honorable Frisia. Los tres espacios blancos entre las líneas azules también tienen significado (desconocemos si fortuito o provocado), puesto que simbolizan las zonas rurales donde se ubican los lagos: Oostergo, Westergo y Siete Bosques.

Desde 1957, año en que se recupera parte de la historia, Frisia acoge estos símbolos como forma de unión, recuerdo y homenaje a los que mantuvieron la provincia “viva”. El discurso de la identidad tiene que ver con el mencionado sobrenombre del equipo (“Orgullo de Frisia”) y así lo adoptó el Heerenveen, puesto que, por ejemplo, en el momento previo a cada partido de Eredivisie suena el himno de Frisia, un momento patriota para los que lo sienten y espectacular para los ojos que son ajenos al sentimiento.

Es cierto que más allá de las camisetas está el sentimiento y el Heerenveen lo expresa y lo demuestra. O lo demuestran por él. No en vano el Abe Lenstra (nombre dedicado a su histórico jugador) es único y especial por ser, junto al Félix Bollaert del Lens, un estadio con mayor capacidad que número de habitantes de la ciudad que acoge al estadio. Así es la historia pasional y amorosa de un equipo que, aunque lleve corazones que no lo son, tiene la pasión, que es una demostración de amor (carnal, espiritual, da igual, decía Nach) en su camiseta. Larga vida a los nenúfares de Heerenveen, pero nunca los regalen por San Valentín, corren el riesgo de que su novio/a haya leído El Enganche.

 


 

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