Secciones Edición: 17

Giorgio Chinaglia: Muerte de plomo en Roma

noche14

Por José Hernández (@rainerbonhof)

Luigi Martini y Giorgio Chinaglia cruzan sus miradas en el túnel del estadio Olímpico de Roma. El corazón del Foro Itálico se ha convertido en el epicentro de una batalla que ya se libra en las calles desde mucho tiempo atrás. El 31 de marzo de 1974, S.S Lazio y AS Roma disputan el Derby della Capitale más decisivo y singular para una parte de la ciudad; el encuentro que puede acercar al cuadro celeste al primer título de liga de su historia. La Italia de la época subsiste entre restos de munición y olor a pólvora, una sociedad sin rumbo ni sistema gobernada en los últimos años por el miedo, las amenazas y los caprichos arbitrarios de diversos grupos paramilitares. Seducido y atrapado a partes iguales, Giorgio Chinaglia vive aquella vorágine desde un púlpito privilegiado. Pero en el vestuario lazial no basta con ser el capocannoniere para obtener respeto, no sirven los galones futbolísticos. Allí, el orgullo y las marcas de guerra jerarquizan el valor de cada miembro del grupo. Allí, Chinaglia y Martini rivalizan desde el comienzo de la semana. Aunque el domingo… Todo cambia. El séptimo día, las armas se detienen y solo se escucha una voz: la de Tommaso Maestrelli. Las tribunas del Olímpico retumban. Los músculos están a punto y el balón preparado. El Derby va a comenzar.

Giorgio Chinaglia o cómo sobrevivir siendo diferente. Italiano de nacimiento, creció en Gales desde los ocho años. Allí no era uno más, era el hijo de un toscano que malvivía gracias a un restaurante de comida italiana. Incomprendido, Giorgio encajó la maldad de aquellos que no aceptaban su acento ni sus costumbres; fue la primera vez que la vida le golpeó. Apasionado del deporte, comenzó jugando a rugby, quizá como mecanismo de atracción hacia un círculo que cada vez percibía más alejado del suyo. Pero su carrera en este deporte sería corta y muy pronto cambió el balón ovalado por el esférico futbolístico. Del tercer tiempo (costumbre británica en la que los jugadores de rugby confraternizan tras un partido) asimiló poco, pues solo entendía su propio código de conducta, al que sirvió religiosa lealtad hasta sus últimos días de vida. Ya encaminado en el fútbol, jugó en el Swansea, curiosamente el gran rival del club de la ciudad en la que se crió, Cardiff. Pero su futuro estaba en Italia, donde volvería en busca de un porvenir que muchos pronosticaron limitado. En 1966, Giorgio dejó de ser el latino de Gales para convertirse en Long John Chinaglia.

noche1402El Internapoli, un pequeño club de la ciudad de Nápoles fundado en 1964, fue el primer lugar importante en el que los tifosi comenzaron a oír hablar de Giorgio Chinaglia. El equipo vivía su mayor momento de gloria a golpe de goles de aquel chico retornado con aspecto de minero. En esta “squadra” conoce y comparte vestuario con Wilson, un enorme defensa que había nacido en Inglaterra dos años antes que Chinaglia. Los dos desean llegar a jugar en primera división y en la selección italiana. Y en el caso de Giorgio, su sueño oculto es poder enfrentarse a su gran ídolo, Bobby Charlton. Giuseppe Wilson tenía sangre inglesa, puesto que su padre era un militar británico que se casó con una italiana. A pesar de nacer en la ciudad inglesa de Darlington, su carácter y pedigrí es mucho más italiano que el de su compañero. Wilson había crecido en Nápoles, ciudad donde en los años sesenta comienzan a restablecerse todo tipo de actividades criminales que convierten la Campania en una de las zonas más marginadas y peligrosas del país. A Wilson y Chinaglia les une su ambición futbolística, pero en el Internapoli descubren también su pasión por el riesgo y las armas.

Contemporáneo a ellos, un combativo y polivalente futbolista comienza a sobresalir en clubes de L´Italia centrale. Su marcada y prematura alopecia le acompaña, pero también una innata capacidad de seducción que no pasará desapercibida para ningún técnico. Su nombre es Luigi Martini, el futbolista que todo entrenador quiere tener en su equipo. Chinaglia y Wilson aterrizan en Roma en 1969, justo después de que el cazatalentos de la Lazio, Carlo Galli, les recomiende de forma insistente. El club terminaba de ascender desde la serie B y es dirigido por el argentino Juan Carlos Lorenzo; una auténtica inyección de conocimientos y dinamita desde el banquillo. “Debe moverse más, Giorgio, más movimiento”, le gritaba en cada sesión preparatoria. Chinaglia suple sus carencias técnicas en el campo con tesón y fortaleza, aunque resulta más difícil superar su vulgar formación académica. Ferruccio Mazzola (hijo de Valentino y hermano de Sandro), capitán del equipo, impone a Chinaglia el cartel de novato ignominioso. Ferruccio y Giorgio eran personas diametralmente opuestas, ya que mientras el primero se interesaba por los libros y conversaba amablemente con los periodistas, Chinaglia prefería agotar sus noches alrededor de una mesa de blackjack en interminables partidas regadas con buen whisky británico. Pero los consejos de Lorenzo comienzan a surtir efecto en el campo y su joven pupilo sorprende marcando grandes goles en el año de su debut en la Serie A.

El buen hacer de la plantilla permite a la Lazio terminar en octava posición la liga 1969-70, un puesto más que correcto para un recién ascendido. El nivel en ataque de Chinaglia es tan alto que el seleccionador Ferrucio Valcareggi le incluye en la lista de candidatos a acudir al Mundial de México. A última hora prescinde de él en una decisión que encoleriza a Long John. Por suerte, el jugador encuentra consuelo en la figura de Connie Rash, su novia, con la que contrae matrimonio durante ese verano. La vida por fin sonríe a Giorgio en lo personal, pero en la temporada siguiente las cosas cambian deportivamente y el equipo desciende de categoría. Todo el trabajo anterior se vierte por la alcantarilla y el delantero desea marcharse del equipo, acrecentando los pensamientos de que la Lazio vale mucho menos que su talento.

Tommaso Maestrelli, el nuevo entrenador del equipo, asume el cargo con un objetivo claro, retener como sea a su figura. Tanto que una mañana del verano de 1971, se acerca a la puerta del apartamento de Chinaglia, le saca de la cama y le planta un café en la terraza para dialogar: “Giorgio, tú eres el único jugador que puede hacer volver a la Lazio a la Serie A. Te conozco y la ambición es una de tus grandes cualidades. Te prometo que reforzaré el equipo a tu gusto. Cuando yo prometo cosas es porque estoy seguro de que puedo cumplirlas”, recalcaba una vez tras otro al míster, que consiguió impresionar a su 9 con aquella inesperada visita y sus ruegos en busca de conservar la basa ambiciosa de su vestuario. Quería un grupo, un equipo al que servir de confidente de los jugadores, un padre del vestuario. Su táctica se basa en hacer creer a todos sus miembros que son imprescindibles, mucho más necesarios que cualquier compañero. Un método que pronto se convertirá en dogma. En un marco singular como la Italia de los años setenta, el vestuario de la lucha de egos, las apuestas clandestinas y el arsenal militar trasladará al campo los códigos bélicos para someter a sus rivales a la dictadura Biancocelesti. Maestrelli es el hombre milagro, el nuevo santo de Roma, aunque vestido de celeste y rodeado de forzudos luchadores.

En las calles de la ciudad solo se habla de política. Aunque algunos jugadores tenían vínculos con la ultraderecha italiana, lo cierto es que los temas sociales no preocupaban en exceso a los futbolistas. Declarar afinidad con ciertos partidos políticos no era más que una de tantas bravatas utilizadas en ese vestuario, ya que pertenecer a cierta clase podía ser equiparable a contar con mejor coche o ropa más cara. En la Lazio convivían ultraconservadores convencidos como Martini con comunistas de casta como Mario Frustalupi (uno de los centrocampistas del equipo), pero la realidad era que aquellos futbolistas se encontraban ajenos a las preocupaciones del pueblo. La política nunca fue un problema entre ellos, pero encontraron en la inestabilidad social la atmósfera perfecta para destapar la mayor de sus aficiones: la violencia.

ra1402

El vestuario se dividió en dos facciones definidas: por un lado la que lideraba Luigi Martini con Re Cecconi, Galaschelli, Frustalupi o Avelino Moriggi. Al otro lado el bando de Chinaglia, Wilson, Oddi o D´Amico. Enemigos irreconciliables durante la semana y hombres adeptos-leales el domingo; fieles a la Lazio y sobre todo al padre Maestrelli. Cada uno de ellos tenía una historia personal de contacto con las armas, aunque se puede definir al defensa Sergio Petrelli como el más docto en esta cuestión. El jugador poseía un auténtico arsenal de armas de fuego que no dudaba en usar cuando la situación lo requería. En una ocasión, por ejemplo, disparó sin rubor a unos aficionados de la Roma que le incomodaban. Sí, sencillamente le incomodaban…

Pero Giorgio Chinaglia, líder natural del equipo en el campo, no escaparía de esta corriente y asumió su propia responsabilidad como pistolero amateur. Ilusionado y orgulloso, acudía a los entrenamientos con su flamante “6,5 milímetros Carcano”, el mismo modelo de fusil con el que años antes había sido asesinado John. F. Kennedy. Cada jugador tenía el suyo, dormían con él e incluso practicaban después de los entrenamientos. Una vez Tommaso Maestrelli fue alertado desde la recepción de uno de los hoteles en los que estaba concentrado el equipo: “Señor, los clientes del hotel están asustados y desesperados, ¡los jugadores están disparando por las ventanas!”. Martini y Re Cecconi practicaban su puntería desde sus respectivas habitaciones. Los futbolistas se comportaban como adolescentes de reformatorio al mismo tiempo que lideraban el campeonato italiano de fútbol. Jugadores que no pertenecían al mismo clan no se dirigían la palabra, e incluso llegaban a enfrentarse en peleas si se encontraban por la noche en la ciudad. Giorgio Chinaglia era un habitual de la calle y un verdadero adicto al juego y a las apuestas; no era raro encontrarlo los jueves al anochecer en partidos de fútbol clandestinos a los que también acudían jugadores de la Roma. Maestrelli conocía la naturaleza de sus jugadores, no era ajeno a tanto despropósito. Sin embargo, su actitud fue pasiva aunque supiera que dirigía a un vestuario de talentosos jugadores con mentalidad infantil. Se convirtió en mediador de los dos clanes y catalizador futbolístico de cada uno de sus subordinados. En el campo nadie le fallaba.

“Señor, los clientes del hotel están asustados y desesperados, ¡los jugadores están disparando por las ventanas!”

La Navidad de 1973 llega cargada de sangre. 32 personas mueren en el aeropuerto de Fiumicino después de un atentado terrorista. La situación es tan insostenible que el gobierno decreta restricciones en el consumo, sube el precio del combustible y aumenta la presión policial. Ajenos a la crisis de la mayoría de los italianos, la navidad de Chinaglia y sus compañeros es feliz; hace unos días han vencido a la Roma y el equipo está inmerso de lleno en la lucha por el campeonato. Pero a estas alturas la noche romana ya se ha transformado en una auténtica cacería. Nadie diferencia hinchas de jugadores, y muy pocos de ellos salen a la calle sin su correspondiente arma. Giorgio se refugiaba en ocasiones en casa de su técnico, sobre todo cuando tenía problemas con aficionados que le perseguían. A pesar de que su carácter era desafiante con el mundo, esos días la presión le superaba y su obsesión por la violencia marcó su comportamiento obsesivo. Había noches en las que montaba el rifle de mirada telescópica en la terraza de la residencia de los Maestrelli, e incluso llegó a adquirir un perro de grandes dimensiones que pudiera salvarle del ataque imprevisto de algún exaltado aficionado Gialloroso. Y en medio de todo aquel torrente de emociones, la Lazio se jugaba gran parte de sus opciones de ser campeón el 31 de marzo de 1974 en el Olímpico ante la Roma. Aquel partido era probablemente el más importante de la historia del club celeste.

noche1403Con el papel agotado desde hace semanas, las gradas respiran pasión y ganas de venganza. Los aficionados de la Roma no llegan contentos al encuentro ya que su equipo está lejos de la lucha por el título, pero por fin van a tener enfrente a los clanes de Chinaglia y Martini, las dos facciones más odiadas por todos los habitantes romanos que nada tienen que ver con la Lazio. Una victoria ante ellos asestaría un golpe muy duro a los paramilitares celestes; probablemente sería su adiós a las opciones de Scudetto de la manera más poética posible para cualquier aficionado romanista.

En el minuto 5 el meta lazial Pulici se confía en una acción en el área pequeña. El balón hace un movimiento extraño y el cancerbero se inclina a su izquierda. La pelota ha entrado a pesar de los intentos por mantener el esférico en la línea, con su cuerpo detrás. El colegiado Sergio Gonella señala gol a favor de la Roma. La Curva Sud estalla. El jolgorio de los aficionados se mezcla con el sonido de silbatos y petardos, también algún disparo al aire. Chinaglia es el blanco de los insultos más fuertes. Antes del descanso pierde los nervios en una acción con el defensa local Santarini. Los dos jugadores chocan con un fotógrafo y Long John aprovecha para lanzar a su oponente hacia la pista de atletismo, el estadio ruge contra el capocannoniere más odiado.

El vestuario de la Lazio es un hervidero en el descanso. 1-0 y el título se complica, la mitad de los jugadores titulares no se habla con la otra media y hay que salir a jugar a un auténtico coliseo donde las fieras se encuentran en las gradas y en el campo. Esta vez no hay armas que secunden los pasos de Martini, Chinaglia, Re Cecconi o Petrelli. A los tres minutos de la reanudación la Lazio sale de su guarida defensiva. En un avance magníficamente elaborado, Vincenzo D´Amico conecta un disparo que se cuela en la portería de Conti. Quedan muchos minutos para la Lazio. 40 minutos de fútbol y solo fútbol. Pero, mientras la defensa local asimilaba el golpe del empate, la Lazio vuelve a la carga. Parece que el gol ha espoleado a los chicos de Maestrelli. Franco Nanni es derribado en el área de la Roma… Calcio di rigore! (penalti). Los defensas giallorossos rodean al colegiado, pero la decisión es inapelable. Chinaglia acude al centro del área grande, va a tirar el penalti más decisivo de su vida. Frente a él, Paolo Conti. Detrás del guardameta de la Roma la Curva Sud, llena de aficionados que le insultan. El aliento se percibe en la nuca, a más de cien metros; justo donde se encuentran los únicos hinchas de la Lazio, en la Curva Nord. Las dudas sobre el golpeo a elegir recorren la cabeza de Giorgio Chinaglia. ¿Qué habrá tras este lanzamiento, un título de liga? ¿Quizá la muerte? Un disparo magistral que logra colarse sin oposición dentro de la red de la portería de la Roma. Giorgio corre hacia la Curva Sud. Sí, lo ha conseguido. Su gesto hacia los aficionados locales será recordado durante décadas, su imagen representa la efigie eterna de la S.S Lazio y de aquel vestuario con algunos líderes de fútbol y bastantes de las calles.

La Lazio de Tommaso Maestrelli terminó ganando el Scudetto 1973-74 con Giorgio Chinaglia como capocannoniere (máximo goleador), pero el rastro de aquél vestuario no tardó en difuminarse entre polémicas y desgracias.

. Tommaso Maestrelli murió el 2 de diciembre de 1976 a causa de una fulminante enfermedad.

. Luciano Re Cecconi murió el 18 de enero de 1977 tras un desgraciado suceso en una joyería de Roma.

. Mario Frustalupi murió el 14 de abril de 1990 en un accidente de automóvil.

. Ferruccio Mazzola murió el 7 de mayo de 2013 tras una larga enfermedad (había denunciado el dopaje sistemático en el fútbol italiano).

. Luigi Martini se dedicó a la política y llegó a ser diputado por Alleanza Nazionale, organización ultranacionalista italiana.

. Giorgio Chinaglia murió el 1 de abril de 2012 a los 65 años a causa de un infarto de corazón.

 


 

Otros contenidos en esta misma edición:

Contacta con El Enganche




Nuestras redes sociales

 

Contacta con nosotros

Puedes ponerte en contacto con El Enganche a través de este formulario.

Envíanos tus consejos, dudas, quejas o sugerencias para ayudarnos a mejorar. Rellena el formulario y haznos llegar tu mensaje. #yosoyenganche